Peripecias Nº 25 - 29 de noviembre de 2006

AMBIENTE

 

El ambientalismo de moda

 

Camisetas orgánicas y botines vegetarianos

 

 

José da Cruz

 

 

 

J. da Cruz es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

 

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Hablar de ropas alternativas es arriesgarse a terminar en un laberinto, y otro laberinto es el de las prendas “ecológicas”. La Unión Europea estableció una medida sobre qué puede ser llamado ecológico y por lo tanto lucir el distintivo de la margarita ambiental de la Unión. En cuanto a vestimentas y textiles rige la Decisión de la Comisión Europea 2002/371/CE.

 

Los criterios a respetar son requisitos sobre calidad del aire y del agua, la protección del suelo, la reducción de residuos, el ahorro de energía, la gestión de los recursos naturales, la prevención del calentamiento global, la protección de la capa de ozono, la seguridad ambiental, el ruido y la biodiversidad. Paralelo al sello de la Unión Europea hay otros de vigencia nacional o distinciones otorgadas por ambientalistas o empresarios.

 

Las grandes firmas no son ajenas a este mercado. Armani diseña vaqueros de algodón orgánico para el vasto mercado de prendas para el tiempo libre. Fibras naturales y materiales reciclados también son moneda corriente en otras industrias de la moda. Viejos conocidos como Levi Strauss, Gap, Nike o Marks & Spencer transmiten en la misma frecuencia y el mercado “alternativo” crece. El negocio Vegetarian Shoes vende calzado alternativo en varios países, basado en una de las tantas microfibras descubiertas en los últimos años. Las sandalias, zapatos, zapatillas deportivas o botas vegetarianas permiten que el pie respire y son muy apreciados.

 

En Los Angeles a fines del año pasado tuvo lugar un espectáculo cuando la Coalición por el Aire celebró su tercera muestra anual de moda ecológica bajo la consigna El aire puro... siempre está de moda. La originalidad residió en que los y las modelos eran senadores nacionales, alcaldes y altos funcionarios.

 

Una empresa china produce prendas de vestir con fibras mezcladas de maíz y bambú basadas en la polilactida. Las telas de polilactida se tiñen fácilmente, resisten al fuego, a los rayos ultravioleta y a los lavados, pero para obtener una tonelada de fibra se necesitan diez de maíz. Otra fibra utilizada para fuertes textiles desde tiempos inmemoriales, hoy políticamente incorrecta, es el cáñamo. Material tradicional para velas de navío por su resistencia al agua, el cáñamo es una de las plantas más productivas que se conocen. Algunas firmas europeas “de alternativa” hacen ropa de cáñamo, reputada como casi indestructible. Se están tejiendo sedas de soya, telas de bambú, de caucho extraído con métodos sustentables, fibras de carbón y de maderas.

 

Los críticos interpretan la “moda ecológica” como simple consumismo verde. El etiquetado de la Unión Europea es voluntario y no es requisito para ingresar a un mercado. La etiqueta europea mide en realidad “daño menor que” y la peligrosidad ambiental de un producto es contrapuesta a ejemplos aún peores. Como dice un crítico, el etiquetado incurre en licencia poética.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 25 el 29 de noviembre 2006. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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