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El complejo Hidroeléctrico del Río Madeira consta de dos represas. La usina
de Santo Antonio, ubicada a 10 kilómetros de Porto Velho con capacidad para
generar 3.150 MW de electricidad que tendrá un lago de 271,3 km2 y Jirau, la
segunda usina, que está planificada para ser construida a 136 km de la
capital de Rondônia y a 50 km la frontera con Bolivia, con un potencial de
generación de 3.300 MW y un reservorio de 258 km2. Según la empresa, los
reservorios son relativamente pequeños y no ocasionarán impactos ya que –a
diferencia de las represas convencionales- las turbinas bulbo que serán
utilizadas no trabajan tanto con la velocidad que provoca la caída del agua,
sino con la velocidad propia del río.
Sin embargo para muchos académicos, incluso de la propia IBAMA (órgano
encargado de las autorizaciones ambientales en Brasil), este río carga con
la mitad de los sedimentos de toda la cuenca amazónica y su acumulación
generará inundaciones en territorio boliviano, con consecuencias para la
economía de las poblaciones ribereñas, particularmente la pesca. Según
investigadores bolivianos, la expansión del lago podría inundar la región de
Riberalta y Guayaramerin, donde viven más de 100.000 personas. "Los mismos
estudios realizados hasta ahora por el consorcio brasileño que desea
construir las usinas muestran que, desde 1990, se ha incrementado en dos por
ciento el nivel de sedimentos en el lecho del río", declaró Pablo Villegas
del Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade) uno de los
agrupamientos ambientalistas más importantes del país. “Ellos mismos estiman
que en 50 años el fondo del río se habrá elevado hasta en 20 metros,
ampliando el lago que será formado por las centrales de San Antonio y Jirau",
agregó.
También se teme por las toneladas de mercurio uitilizadas por los
“garimpeiros” durante más de una década, depositadas en el fondo del río
Madeira y el aumento de la malaria al crear un medio ambiente favorable para
la proliferación del mosquito transmisor. Otro de los factores que para los
técnicos tendrá impactos irreversibles es la imposibilidad para los grandes
bagres de remontar las represas en sus ciclos de migraciones lo que tendría
consecuencias en los recursos pesqueros de Bolivia y Perú.
Bolivia preocupada
Durante noviembre y lo que va de diciembre, se sucedieron pedidos de
informes de parte del gobierno boliviano y encuentros entre los cancilleres
de Bolivia y Brasil, David Choquehuanca y Celso Amorín respectivamente. En
carta fechada el 7 de noviembre, el ministro boliviano había dado a conocer
a su par brasileño la preocupación del gobierno sobre estas obras. Amorín
dijo que era legítima la preocupación de Bolivia pero que no había motivos
para ello y lo invitó a visitar Brasil y enterarse de primera mano de los
planes de las obras. "No nos oponemos y hasta queremos ser parte, si el
complejo sobre el río Madeira no afecta la soberanía boliviana ni al pueblo
de esa región", declaró el viceministro de Electricidad de Bolivia, Jerjes
Mercado.
A raíz de todas las dudas y cuestionamientos que ha levantado el proyecto,
el Ministerio Público Federal resolvió cancelar las últimas dos audiencias
públicas previstas mientras el IBAMA termina de hacer los análisis
correspondientes. Este retraso impedirá que la central pueda participar en
la próxima licitación para la compra de energía prevista por la Agencia
Nacional (ANEEL) para fin de diciembre.
Interna complicada
Las demoras en el otorgamiento de las licencias ambientales han sido
frecuentemente criticadas por autoridades del gobierno brasileño,
particularmente las vinculadas al área energética. El presidente Luis
Ignacio “Lula” Da Silva dijo el pasado 21 de noviembre -mientras inauguraba
una planta de biodiesel- que no sabía cuales eran las soluciones para el
crecimiento pero prometió dedicarse a encontrar las formas de “destrabar el
país”. “A ver si quito todas las trabas que tengo con el medio ambiente, con
el Ministerio Público, todas las trabas con la cuestión de los quilombolas
(afro-descendientes) con la cuestión de los indios brasileños…”.
La andanada de críticas por responsabilizar a los ambientalistas, los negros
y los indios por el retraso económico brasileño no se hizo esperar. Una
declaración de repudio a los dichos del presidente firmada pocos días
después por la Asociación Brasileña de ONGs y otras 50 organizaciones
ambientalistas de Brasil lleva por título: “Desenvolvimento, sim. De
qualquer jeito, não”. Pero también le salió al cruce su propia ministra de
ambiente Marina Da Silva que acompañó un manifiesto emanado del CONAMA
(Consejo Nacional de Medio Ambiente) que expresa su “preocupación” e
“indignación” con los dichos del Presidente y resalta que el problema con el
atraso de los licenciamientos es la mala calidad de los proyectos
presentados.
“El medio ambiente no es el villano del desarrollo. Si no es sustentable, no
es desarrollo; es la repetición de las catástrofes que hemos estado viendo y
combatiendo” declaró la ministra a Folha de Sao Paulo. Según Marina Da Silva
(que no sabe si seguirá en el cargo después de fin de año) los problemas con
las autorizaciones ambientales están limitados a unos pocos emprendimientos
como la hidroeléctrica de Belo Monte y la transposición del Río San
Francisco.
En el medio de esta polémica, la filial en Rondonia de la poderosa CUT, la
central de trabajadores brasileña, emitió un comunicado el pasado 29 de
noviembre en el que, reconoce que “las preocupaciones y cuestionamientos
presentados por los ambientalistas en su mayoría son relevantes” y que “es
necesario establecer con claridad las acciones e inversiones necesarias para
minimizar los problemas que serán generados”. Sin embargo la CUT termina
apoyando las represas, ya que considerando que “las alternativas para la
generación de energía que Brasil necesita para los próximos años son
limitadas, la CUT manifiesta, su posicionamiento favorable al prosiguimiento
del proceso de licenciamiento del conjunto hidroeléctrico del Río Madeira”.
Por su parte la Agencia Nacional de Energía Eléctrica negó que las represas
fueran a causar inundaciones del lado boliviano. Su director Jerson Kelman
dijo a O Estado de Sao Paulo que las críticas vienen de gente que quiere
causar “falsos problemas, sea porque prefieren que Brasil genere energía por
termoeléctricas o porque no quieren que el Brasil se desarrolle o porque
tienen alguna objeción estética en relación a las usinas”.
Sin embargo el informe realizado por el Ministerio Público Estadual de
Rondonia resalta más de una decena de fallas en el Estudio de Impacto
Ambiental y exige mayores análisis en dos niveles: que se realicen estudios
más detallados de los impactos de las obras en la cuenca amazónica y que se
analicen los impactos sobre la margen boliviana. Esto va para largo.
La gracia legislativa
Para agilizar los trámites ambientales, Lula se apresta a enviar al Congreso
el polémico proyecto de ley que crea las Reservas Estratégicas de los
Potenciales de Energía Hidráulica. Las áreas que sean declaradas reservas
bajo esta ley serán destinadas prioritariamente a la generación de
electricidad y recibirán un tratamiento especial que acelerará los trámites
para la obtención de las licencias ambientales. Vale la pena recodar que
casi todo el potencial hidroeléctrico brasileño se encuentra en medio de los
frágiles ecosistemas amazónicos incluyendo el problemático complejo del Río
Madeira. La medida también alcanzaría a los trabajos que fueran necesarios
para el tendido de las redes de transmisión que tengan que cruzar reservas
ambientales o indígenas. Según el programa del Ministerio de Minas y
Energía, el gobierno quiere invertir 140 mil millones de reales en los
próximos 10 años en infraestructura energética.
Versión revisada de un artículo publicado
originalmente en el suplemento Energía de La Diaria
(Montevideo), el 29 de diciembre 2006. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
30 el 10 de
enero de 2007. Se reproduce en nuestro sitio con el
consentimiento del autor.
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