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E. Gudynas es analista
de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología
Social).
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El gobierno de Uruguay estableció una moratoria que impide la aprobación de
nuevas variedades de transgénicos de origen vegetal por 18 meses. El nuevo
decreto, fue aprobado el 29 de enero de 2007 por el presidente Tabaré
Vázquez conjuntamente con los ministros de Ganadería, Economía, Salud y
Ambiente.
La medida establece, por un lado la moratoria para tratar "nuevas
solicitudes de autorización para introducir eventos de organismos vivos de
origen vegetal y sus partes genéticamente modificadas" por un año y medio, y
por otro lado se crea un Grupo de Trabajo interministerial para "diseñar los
lineamientos y políticas sobre biotecnología". Este grupo está integrado por
cuatro ministerios y permitirá la participación del sector privado, sociedad
civil y academia. Su finalidad es definir las políticas en biotecnología,
los ajustes institucionales, las relaciones entre la producción orgánica y
el uso de transgénicos, los mecanismos de información al consumidor y la
investigación básica.
La moratoria se aprobó en momentos en que está terminando su tarea un
“comité de bioseguridad” que debe elaborar el marco para la futura normativa
sobre transgénicos, tanto los de origen vegetal, como los usados en la
industria, medicina, etc. Ese trabajo se realiza desde el Ministerio del
Ambiente, con apoyos del PNUMA y GEF, y su principal espacio es una comisión
donde están representadas las organizaciones de productores rurales,
empresas comercializadoras de semillas, investigadores en biotecnología,
distintos ministerios, y las organizaciones ciudadanas. La marcha de esa
comisión ha sido cuestionada por la Asociación de Productores Orgánicos de
Uruguay (APODU) y organizaciones ambientalistas. Las divergencias en las
opiniones, discrepancias en la marcha de ese comité y la tardanza en aprobar
una moratoria varias veces anunciadas, hicieron que las ONGs ciudadanas y
APODU dejaran de participar a fines de 2006.
La aprobación de esta moratoria es un paso positivo, y debe ser bienvenida.
El proceso de aprobación de eventos transgénicos ha tenido muchas
debilidades, y en algunos casos su transparencia y calidad técnica han sido
cuestionadas, y por lo tanto su suspensión asegura que no se repetirán los
errores del pasado. Es también una buena noticia en un contexto donde en el
último año no hubieron muchas acciones concretas en el terreno ambiental.
Asimismo, la puesta en marcha de un debate y análisis para crear una
política nacional biotecnológica permitirá abordar otras cuestiones
íntimamente relacionadas, como los organismos modificados genéticamente de
uso industrial o médico, y aquellos empleados en la investigación básica. En
algunos de esos casos, las regulaciones son insuficientes o no existen.
En Uruguay los transgénicos de uso agrícola se concentran especialmente en
la soja RR (resistente al glifosato), que cubre un poco más de 360 mil has,
en menor medida dos variedades de maíz (MON 810 y Bt11). Esos eventos fueron
aprobados años atrás, y desde la instalación del nuevo gobierno progresista,
en marzo de 2005, no se autorizaron nuevas variedades transgénicos.
Asimismo, algunos sectores, como los cultivadores de arroz, han decidido por
voluntad propia no utilizar transgénicos para preservar la calidad de su
producto. Otros sectores, como los productores ganaderos de carne, observan
con preocupación la proliferación de transgénicos ya que pone en riesgo
exportaciones de carne bajo certificaciones de "pastoril" u "orgánica" (bajo
esa modalidad la cría de ganado no puede realizarse en predios con cultivos
transgénicos y no puede ser alimentado con derivados de transgénicos).
Lamentablemente en Uruguay todavía no se han explorado nichos de exportación
basados en variedades de soja orgánica o convencional (no transgénica), tal
como sucede con éxito en Brasil.
Bajo esta nueva reglamentación, cobra importancia la forma en que el
gobierno velará por su aplicación. En ese flanco habrá que ver cómo se
controla la importación de maíz para evitar el ingreso de partidas con
transgénicos, mientras que también se deberá vigilar la comercialización de
semillas para evitar la venta de variedades no autorizadas. Recordemos que
en Brasil, años atrás, el gobierno Lula aplicó medidas provisorias para
impedir el avance de los transgénicos, pero el contrabando de semillas de
soja RR desde Argentina y Paraguay, y las debilidades de la fiscalización no
lograron impedir la diseminación de esos cultivos. Esto resultó en una
situación de hechos consumados, donde la soja RR finalmente proliferó en
muchos estados. La moratoria uruguaya es necesaria para evitar problemas de
este tipo.
Los voceros de empresas semilleras y grandes grupos agroindustriales
criticaron la medida, invocando los miedos usuales tales como el supuesto
atraso tecnológico que ello significa, la pérdida de competitividad
comercial, y las dificultades para los importadores de maíz (que es casi
todo transgénico). La prensa tradicional ya ha reproducido estos
cuestionamientos, y una vez más las opiniones de los productores orgánicos o
las organizaciones ambientalistas quedan en un segundo plano.
La polémica sobre el uso de los transgénicos en Uruguay se mantiene, aunque
en este caso el gobierno ahora parece decidido a diseñar una estrategia en
un marco que aparece como auspicioso, por abordar un amplio abanico de
componentes, desde los productivos a los ambientales, como por su invocación
a la participación ciudadana.
Publicado el 31 de enero de 2007 en
Agropecuaria.org. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
33 el 31 de
enero 2007. Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente
original.
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