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Se acaba de presentar el informe anual de Naciones Unidas sobre el estado
del ambiente. El GEO Yearbook 2007 ofrece una recorrida sobre algunos de los
más agudos problemas ambientales en el planeta, examina el papel de la nanotecnología como una cuestión emergente que debe ser mirada con más
atención, y dedica su tema central a la globalización.
El reporte GEO (que corresponde a la sigla en inglés Global Environmental
Outlook) es un librito corto, muy ágil, repleto de gráficas, fotos e ideas,
que edita anualmente el Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente (PNUMA).
El tema central del nuevo reporte apunta a la globalización y el ambiente,
buscando “minimizar el riesgo y evaluar las oportunidades”. Sin duda esta es
una problemática de enorme importancia, pero también hay que reconocer que
se asienta en un terreno todavía incierto y controvertido. Existe una
profusa controversia sobre los efectos de la globalización; hay quienes
enumeran decenas de impactos negativos, mientras que otros proclaman sus
beneficios. Además de la complejidad de esa cuestión, el PNUMA enfoca otro
aspecto igualmente controversial al incorporar el desarrollo sostenible bajo
la forma de una “globalización sostenible”.
El GEO 2007 comienza con una buena caracterización de la globalización ya
que reconoce sus múltiples dimensiones, y no queda atrapado únicamente en
las cuestiones económicas (un mal que aqueja por igual a muchos analistas de
las más diversas tendencias). Se recuerda en especial que en la
globalización fluye el comercio, el capital y las tecnologías, pero que
además están involucradas cuestiones políticas y culturales.
No hay dudas en que esos procesos globales han acentuado los impactos
ambientales, y el GEO 2007 no sólo lo reconoce sino que además advierte que
tampoco se está logrando una mejora en la calidad de vida y se han
incrementado los costos ambientales y sociales. El reporte del PNUMA señala
que en especial los sectores mas pobres son los que sufren los efectos mas
duros.
GEO 2007 correctamente señala la importancia del comercio internacional y
del flujo de capitales, y en especial la extracción de recursos naturales
que se exportan a diferentes sitios para su procesamiento, y que vuelven a
ser exportadas hacia otros destinos. A lo largo de esa cadena se suman los
impactos ambientales. En ese entramado la tecnología juega un papel
importante, ya que en unos casos se aplican tecnologías que profundizan los
impactos ecológicos mientras que en otros se las puede aplicar para mejorar
la gestión ambiental. También es importante el papel de la expansión de las
comunicaciones globales, muchas de las cuales son usadas intensamente por
las organizaciones ambientalistas. Finalmente, el informe también aborda
algunas facetas de la globalización política, con la entrada en escena de la
sociedad civil transnacionalizada y la profusión de tratados ambientales
internacionales.
El GEO 2007 vincula los problemas de la globalización y el bienestar humano
con los “servicios ambientales”. En ese terreno sigue las propuestas del
Millenium Ecosystem Assesment, presentando una lista de “servicios”
tales como la generación de agua, la regulación del clima, o los ciclos de
nutrientes que mantienen el vigor de los suelos. El reporte sostiene que
actualmente se aprovechan algunos servicios ambientales para mantener
procesos productivos que se han globalizado, como por ejemplo la
deforestación para criar ganado destinado a carne de exportación, o la
desaparición de manglares reemplazados por sitios de cría de camarones de
exportación. Si bien puede haber algunos efectos positivos, muchos otros
representan un impacto ambiental negativo, y en especial se alerta sobre una
“revolución agrícola tropical” que depende de la demanda de mercados
compradores internacionales.
El GEO 2007 brinda algunos conceptos incisivos, como por ejemplo dejar en
claro el conflicto entre las prácticas económicas actuales y los imperativos
ambientales. Frente a estos problemas presenta como una solución
“desarrollar mercados para los servicios ambientales” – una propuesta al
menos modesta, y posiblemente insuficiente.
Quiero confesar que los términos “servicios ambientales” (así como “bienes
ambientales”) no son de mi agrado. Son palabras basados en conceptos que
derivan de la economía de mercado clásica; es una forma de convertir a los
componentes de los ecosistemas, como las plantas y animales, y las
relaciones que hay entre ellos, en un conjunto de “bienes y servicios”. De
esa manera, se trata a la Naturaleza como una “mercadería”, y por cierto esa
postura es insostenible ya que hay diferencias sustanciales entre tuercas y
tornillos frente a gaviotas y alerces.
Esta propuesta no es exclusiva del reporte, y se viene repitiendo en los
últimos años bajo un cierto renacimiento de un gerenciamiento ambiental
basado en instrumentos de mercado. Es así que el GEO 2007 enfatiza la
creación de “mercados” para los componentes y las funciones de los
ecosistemas, como medida necesaria para lograr su conservación y protección.
La asignación de un valor económico a componentes o funciones de los
ecosistemas puede tener un valor muy positivo, y bajo algunos casos permite
generar instrumentos de acción necesarios. Por ejemplo, es acertado
incorporar aspectos ambientales en el costo del agua de riego para evitar su
despilfarro, o corregir las cuentas nacionales para restar el costo
económico de los impactos ambientales con lo cual se logra hacerlos visibles
para los tomadores de decisiones.
Pero esas medidas también encierran riesgos, y entre ellos es posible que se
profundice un sesgo mercantil. Si se sigue la lógica del mercado (que está
basada en el beneficio económico), se buscarán aquellos “servicios”
ambientales que generen rentabilidad, se podrán proteger solamente los
ecosistemas para los cuales se encuentren personas dispuestas a pagarlo, y
así sucesivamente. La idea de “pagar” por preservar la Naturaleza es muy
ambigua: ¿cuánto vale una cuenca de un río? ¿quién asigna ese precio? ¿cuál
es un precio justo? Debemos reconocer que no hay muchas chances para que las
comunidades pobres puedan pagar por la conservación de sus ambientes, y en
aquellos casos que esas comunidades “vendan” algún servicio ambiental que
les brinde un ingreso monetario, sospecho que terminaran enredadas con
algunas empresa privada intermediaria que gestionará todo ese negocio. Las
especies que no tienen valor comercial, y que además no representan íconos
estéticos llamativos, pasarán desapercibidas y nadie invertirá en su
protección. Además, será necesario negociar ese tipo de mecanismos a nivel
internacional, tanto dentro de los tratados ambientales como en la
Organización Mundial de Comercio, donde la experiencia muestra que las
naciones del sur no logran superar las barreras y distorsiones impuestas por
los países industrializados.
La articulación entre las estrategias de desarrollo y la conservación
ambiental, y en especial, cuando se las analiza en el contexto global, no
pueden quedar restringidas al espacio del mercado. Es necesario abordar
otras dimensiones, y entre ellas se destaca la gobernabilidad. El reporte
GEO 2007 se asoma a esta problemática, pero no avanza mucho en ese campo.
Además, varios de los puntos que considera en realidad tienen por finalidad
abordar las imperfecciones de los mercados frente a la temática ambiental.
Es así que el reporte enumera como medidas de gobernabilidad aquellas
orientadas a resolver las imperfecciones de los mercados (por ejemplo
externalidades), las limitaciones en la gestión (donde cita a los subsidios
perversos), y las limitaciones institucionales (tales como una mala
asignación de los derechos de propiedad).
Todos los instrumentos que se ejemplifican sirven para resolver problemas en
el funcionamiento del mercado. Por lo tanto se cae en un paradoja: se apunta
hacia una gestión mercantil de los “servicios ambientales”, para luego tener
que presentar medidas para resolver las fallas de esos mercados. ¿Para que
apelar a los mercados si ya se saben que fallan, que son imperfectos y que
se distorsionan? El propio reporte GEO señala en su texto varias de las
fallas del mercado, así como los problemas de equidad y acceso que conlleva.
Por lo tanto, el camino de los bienes y servicios ambientales no es
suficiente para superar los problemas ambientales en la globalización.
El reporte se recupera en las secciones dedicadas a la promoción de
tecnologías amigables con el ambiente, y en el uso de nuevas tecnologías de
comunicación y monitoreo del estado de los recursos naturales. Los ejemplos
son interesantes y las ideas están bien encaminadas.
La sección dedicada a la gobernabilidad global, después de tratar las fallas
del mercado, pasa a considerar el papel de la sociedad civil y el sector
privado. El reporte del PNUMA está en lo cierto en sostener la necesidad de
fortalecer la gobernabilidad global; es un elemento indispensable para poder
amortiguar los impactos y distorsiones que se observan en la actualidad. En
ese sentido se comentan medidas que van desde las normas voluntarias de
calidad (ISO) a los tratados ambientales globales. Algunos compromisos
voluntarios son muy importantes, y entre ellos se deben destacar y apoyar
las iniciativas del PNUMA frente a los bancos y las inversiones. América
Latina está rezagada en los dos casos, y sería más que necesario que los
bancos de la región incorporan aspectos ambientales cuando otorgan
financiamientos a diferentes proyectos. También es importante generar un
código ambiental sobre las inversiones que fuera compartido entre varias
naciones de manera de evitar caer en la trampa de atraer capitales rebajando
las normas ambientales.
Si bien estas cuestiones son importantes, de todas maneras el GEO 2007 deja
temas pendientes sobre la gobernabilidad de la globalización. La marcha
hacia una globalización sostenible también requiere abordar cuestiones como
el manejo del poder en la escena global, la militarización, la inequidad en
las relaciones comerciales o enfrentar patrones culturales de consumo que se
han transnacionalizado.
Como balance final, es posible sostener que la sección del GEO 2007 dedicada
a la globalización y el ambiente constituye un importante paso adelante: los
temas globales, el comercio internacional y el flujo de capitales ya no
pueden ser considerados como cuestiones ajenas a la temática ambiental. Pero
una vez que se da ese paso, nos enfrentamos ante la necesidad de buscar
instrumentos y medidas para regular ambientalmente esos procesos globales.
Los instrumentos de mercado y la idea de “servicios ambientales” pueden ser
útiles en algunos casos, pero encierran muchos riesgos, y claramente son
insuficientes para fortalecer una gobernabilidad global. Muchos temas quedan
pendientes y será necesario abordar otras dimensiones, como la política
global o la transnacionalización de una cultura materialista y consumista.
Publicado en
Diario Ambiental el 15 de
febrero de 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
36 el 21 de
febrero de 2007. Se permite la reproducción del
artículo siempre que se cite la fuente.
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