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Crece la población, crecen las necesidades de alimento, crece la utilización
de agua para riego. La agricultura industrial da prioridad al valor de
cambio por sobre el valor de uso: se produce para quien paga y no para quien
necesite los productos. Cuando se exporta entra dinero, pero del territorio
exportador sale también el agua. Un nuevo desafío es la producción de
biocombustibles ya que la tierra y el agua disponibles no alcanzarán para
alimentar a la población mundial, y deberán también alimentar a la población
mundial... de vehículos.
Queda una media docena de grandes ríos en el mundo, solo una media docena,
cuyo curso no está interrumpido por represas. Las grandes represas
aprovechan diferencias de nivel y almacenan agua para producir electricidad;
al mismo tiempo, el reservorio se utiliza para riego. También se riega con
aguas subterráneas, y la cantidad de pozos perforados al ritmo de la
Revolución Verde han sido decenas y decenas de miles. Esto tiene un precio.
Cada nuevo informe sobre la situación del agua en el mundo es más alarmante
que los precedentes, resalta aspectos no tenidos en cuenta y enciende nuevas
luces de alarma: con el agua nos estamos jugando el futuro de por lo menos
la mitad de la humanidad. Si lo decimos en términos algo brutales, llegado
el caso la otra mitad tiene armas y poder como para apropiarse de ese
recurso.
Mucho riego y poca agua
El riego artificial ha sido, junto a los agrotóxicos, la panacea para
aumentar la producción; sin embargo, las consecuencias negativas de esta
metodología son visibles. Un reciente informe del Fondo Mundial para la
Conservación de la Naturaleza (WWF 2006) aportó conclusiones tajantes: el
riego excesivo ha empeorado las condiciones de vida de los campesinos y
disminuido la variedad de especies en el medio acuático. Dos mil millones de
personas en 40 países sufren por escasez de agua y se retiran ingentes
cantidades de los ríos, lagos y acuíferos para usos agrícolas, quitándoselos
a otras necesidades. La presión exportadora sobre el algodón, la soja y
otras commodities empeora las cosas.
Es sabido que la agricultura consume por lejos la mayor cantidad de agua
dulce, un 70 por ciento del total, mientras que las necesidades personales
se cubren con un 10 por ciento y las industriales con un 20. Esto es así en
números gruesos, pero todo alimento se compone de agua y necesita agua para
su producción. Se ha introducido el término agua virtual para denotar
la cantidad de líquido incluido en un producto, cantidad que no se ve, algo
así como una externalidad acuífera, si se nos permite la licencia. Es decir
que cuando Uruguay exporta carne está exportando también los miles de litros
de agua necesarios para producir esa carne, bajo la forma de agua virtual.
Las proyecciones indican que hacia 2030 el suministro promedio de agua por
persona caerá un tercio, pero la demanda de la agricultura crecerá 14 por
ciento debido al aumento de la población. Para los autores del informe
mencionado, los gobiernos deben tomar la responsabilidad de la distribución
del agua para usos diversos y planificar las variedades a cultivar. No se
puede permitir que el mercado dicte sus condiciones exclusivas ya que la
demanda, las subvenciones y la asistencia internacional han dado prioridad a
cash crops que exigen riego, como maíz y remolacha azucarera,
mientras disminuyeron los cultivos de secano tradicionales, como limones o
aceitunas. Empresas y gobiernos deberían repensar sus estrategias.
Dice WWF que las variedades de cultivo industrial crecen más velozmente y
dan mayor rendimiento con abundante riego, pero en muchas zonas han causado
falta de agua y daños en los ecosistemas; eso resultará, a la larga, en
peores sequías. No es una estimación fuera de la realidad. Señalan los
investigadores del clima que este año, 2006, ocurrió un cambio en la
tendencia histórica y la sequía del reciente verano boreal no dependió de
las altas temperaturas, sino de la clara disminución de las precipitaciones,
notada hace ya tiempo. En las zonas del mar Mediterráneo el agua caída ha
disminuido un 20 por ciento en los últimos 50 años, y tiende a disminuir más
en el futuro; en el mismo plazo se duplicó la demanda de agua, y tiende a
aumentar.
Es imposible hallar un remedio a esta escasez si no se pasa a una
utilización cuidadosa del agua para la agricultura, disminuyendo las
pérdidas en la conducción y aplicando el riego por goteo, pero eso depende
de una firme disposición a colaborar entre todos los niveles involucrados.
Tampoco deberían cultivarse especies que no correspondan al clima y al medio
local.
Agua virtual, y no precisamente en Internet
Según la FAO, una persona necesita en promedio 2 700 calorías diarias,
provenientes de una dieta basada en un 85 por ciento de cereales. La
cantidad de agua necesaria para producir esos alimentos se calcula en un
metro cúbico para cada 1 000 calorías de origen vegetal, y cinco metros
cúbicos para la misma cantidad pero de origen animal. Esas 2 700 calorías
“cuestan” entonces 4 300 litros de agua por día y por persona, o sea 1 570
metros cúbicos anuales para cada habitante de la Tierra.
En climas húmedos, la lluvia se encarga de suministrar tal cantidad de agua;
en climas secos lo hace la irrigación. Las cifras indicadas son promedios
abstractos pues en la realidad hay variedades que exigen mucha agua y otras
menos, según el lugar de cultivo. Abajo se muestra una tabla con algunos
ejemplos sobre las exigencias de agua por kilo de producción. Los valores
fueron tomados de diversas fuentes.
Tabla 1. Litros de agua por kilo de producto
|
Algodón |
7 000 - 29 000 |
|
Arroz |
3 000 - 5 000 |
|
Caña de azúcar |
1 500 - 3 000 |
|
Soja |
2 000 - 2 300 |
|
Trigo |
900 - 1 200 |
|
Papas |
160 - 500 |
|
Maíz |
450 |
|
Leche |
900 |
|
Arroz |
2 700 |
|
Pollos |
2 800 |
|
Huevos |
4 700 |
|
Queso |
5 000 - 5 500 |
|
Cerdo |
5 900 |
|
Vacuno |
16 000 |
Fuentes: documentos de FAO, WWF y PNUD
Este tipo de contabilidad está ganando partidarios. Algún día cambiará
nuestra visión de la realidad y calcularemos nuestra relación con la
naturaleza y los otros seres humanos en insumos de agua, energía y sales
minerales. También cambiará la visión del comercio de commodities,
pues al mismo tiempo es un comercio de agua y energía incluyendo aquí la que
insumió el trabajo humano. Por ejemplo: “En la campaña sojera 2004/2005, de
38 300 000 toneladas, Argentina exportó gratuitamente más de 42 500 millones
de metros cúbicos de agua” (Pengue 2006).
Los países importadores ganan, pues ahorran ese gasto de agua, y los
exportadores corren el riesgo de comprometer sus reservas debido al uso
intensivo. En 1961 se vendían 450 kilómetros cúbicos de agua virtual, pero
en 2000 la cantidad había aumentado hasta los 1 340 kilómetros cúbicos, es
decir, el 26 por ciento de toda el agua requerida para producir alimentos,
todo según cálculos de la FAO.
El incremento del uso de agua aumenta los riesgos de intrusión salina en las
napas freáticas, la salinización y la perdida de estructura del suelo, el
lavado de nutrientes y la contaminación. Para futuros cálculos de ganancias,
los negocios deberían compensarse “por la reducción de las áreas de
producción agrícola como resultado de la intrusión salina, la degradación
del suelo y el agotamiento de la disponibilidad o acceso a los recursos
hídricos (aguas subterráneas y acuíferos), el mayor acceso (o su
restricción) al agua por parte de los grupos rurales de menores recursos y
más vulnerables para su propia subsistencia, la generación de sistemas de
producción agrícola más ricos o su pérdida derivada de las monoculturas
exportadoras y las restricciones del agua para otros usos, incluyendo los
usos ambientales” (idem).
En términos generales existe un flujo de agua virtual con origen en Estados
Unidos, Canadá, América del Sur y Australia que es recibido por Europa, Asia
y África. Hablar de Asia significa hablar del desarrollo económico de China,
gran importador de granos.. China comprará globalmente alrededor de 16 a 18
millones de toneladas de soja en 2006, lo mismo o más de lo que produce, y
en esos granos irán unos 20 000 millones de metros cúbicos de agua virtual (idem).
Varias causas contribuyen para que China aumente sus importaciones en el
futuro. Las regiones más pobladas de un país son generalmente aquellas donde
hay buenas condiciones agrícolas, acceso a tierras y al agua; a su vez, las
aglomeraciones se organizan allí donde hay alimentos y agua y de este modo
la disponibilidad de tierra agrícola entra en conflicto con las necesidades
urbanas. Los acelerados procesos de urbanización e industrialización de
China disminuyen la tierra agrícola en 200 000 hectáreas por año que se
dedican a viviendas, fábricas, carreteras y toda infraestructura. Se calcula
que entre 30 y 40 millones de campesinos han sido expropiados en los últimos
años, con una transferencia de recursos de 450 000 millones de euros a manos
de “promotores, empresarios y funcionarios, que se han enriquecido en el
proceso”, un proceso que ocasionó más de 87 000 disturbios sociales en cada
uno de los cuales participaron más de 15 personas, según fuentes oficiales (Poch
2006).
La importación de soja en China aumentó de 2,9 millones de toneladas en 1995
a los 16 o 18 millones actuales, para producir la proteína animal que
reclama la creciente población, ahora con más dinero. La producción de maíz
aumenta, y los granos alimentan fundamentalmente a cerdos y peces. Indica
Pengue (op. cit.) que la seguridad alimentaria en China es cuestión de
prioridad nacional, ya que cuando sean 1 500 millones de personas el suelo
arable per cápita quedará reducido a 0.025 hectáreas por persona, es
decir, 250 metros cuadrados.
Además, el 60 por ciento de la población del país se ubica en el sur y a lo
largo del río Yangtzé, con solo el 20 por ciento de los suelos arables “y
una ocupación creciente de espacios para la producción industrial y las
urbanizaciones. Hacia el sur del país, existe buena disponibilidad de agua,
pero hay carencia de nutrientes. En el norte, sucede lo contrario, siendo
limitante tanto los suelos degradados como los que no lo son, pues no
cuentan con adecuada provisión de agua” (idem).
Esto indica que la importación de alimentos crecerá obligatoriamente, y a
esto habrá que sumar el abastecimiento de futuras necesidades de combustible
mediante biomasa. En China hay unos 50 000 000 de gente con dinero y solo 16
autos por cada 100 habitantes, muchísimo menos que en los países ricos, así
que el crecimiento puede alcanzar cifras astronómicas.
Biodiesel, una solución con más problemas
Dice el periodista George Monbiot que en el Reino Unido hay 5,7 millones de
hectáreas para la agricultura, pero para abastecer a los vehículos con
biodiesel se requerirían de 25,9 millones de hectáreas (Mascheroni 2006). A
este ejemplo, que trata solo de Inglaterra, sumémosle todo el consumo de los
cientos de millones de vehículos con motor de combustión interna que ruedan
en el mundo entero. La cantidad de hectáreas que se necesitarían para
carburantes es una cifra difícil de imaginar.
En realidad, el motor del ingeniero Rudolf Diesel funcionaba con aceite
vegetal puro y la primera demostración pública se hizo con aceite de maní.
Regresar a fuentes vegetales es entonces una vuelta en la espiral de la
historia, historia que hubiera sido muy diferente si los aceites vegetales
–y no el petróleo– hubieran estado en la base de la civilización del auto.
Un dato para aficionados a las teorías conspirativas: el joven Rudolf Diesel
cayó por la borda de un transatlántico en el Atlántico Norte mientras
viajaba a Nueva York para presentar su invento, un accidente cuya causa
nunca se aclaró.
La necesidad de combustibles alternativos al petróleo existe, es gigantesca,
urgente. El petróleo se encarece y escaseará. Una conclusión bastante
esperable es que los millones y millones de hectáreas necesarias para
oleaginosas de todo tipo –y también cultivos alcoholíferos– se busquen en
los países tradicionalmente agrícolas. En el Cono Sur aumentan las
superficies cultivadas con soja, palmas aceiteras y caña de azúcar, por
ejemplo.
Transformar a las pampas y las selvas en “pozos de petróleo verde” para los
habitantes con ruedas causaría sin embargo un desastre ecológico con
dimensiones de catástrofe y conflictos sociales de magnitud igualmente
catastrófica. Los países del Mercosur ni siquiera podrían abastecer sus
propias necesidades energéticas internas echando mano solamente a los
biocombustibles cultivables en sus áreas agrícolas, en abierta competencia
con los alimentos. Una diversificación y descentralización de las fuentes
energéticas es indispensable (Honty et al. 2005).
Varias petroleras están desarrollando programas de combustibles
alternativos, como British Petroleum –actualmente se anuncia como Beyond
Petroleum (más allá del petróleo)– o la uruguaya Ancap. Esto significa un
impulso renovador, pero a su vez queda limitado por un factor de inercia:
los clientes de las petroleras son los motores de combustión, y los motores
de combustión necesitan aceite y alcohol y no energía eólica, eléctrica o lo
que fuere.
Por lo menos por un largo tiempo será así, y eso explica la explosión
cultural contemporánea de opiniones a favor de combustibles alternativos en
todos los ámbitos. La exhibición de la película del político estadounidense
Al Gore sobre el cambio climático, presentada a nivel mundial y
propagandeada como sólo Hollywood sabe hacerlo, es otra señal sobre quién
marca las pautas del debate. Desde 2001 la Comisión de la Unión Europea
impulsa el uso y la importación de biocarburantes, y a fines de 2005 se
declaró el apoyo a la producción de los mismos en los países en desarrollo.
Mascheroni calcula que todos los aceites vegetales que se producen en el
mundo sustituirían como biodiesel apenas el cuatro por ciento del consumo de
combustible actual.
Hay inversionistas muy pesados para quienes las fuentes de energía
alternativa son un buen negocio. Los enormes capitales de las compañías
aseguradoras podrían verse comprometidos por eventuales cataclismos debidos
al cambio climático. Cualquier movimiento financiero de estos gigantes de
las inversiones influye en “los políticos, las empresas y el comportamiento
individual. La aseguradora estadounidense Traveller’s Insurance ha comenzado
a bajar las primas para las construcciones que ahorran energía mientras
Swiss Re está invirtiendo en nuevas tecnologías solares y Munich Re en
energía renovable” (Sommer, 2006).
El crecimiento en la producción y el uso de biocombustibles se está
acelerando por decisiones particulares de las empresas. No esperan a rebajas
fiscales o similares, ya que el precio del petróleo y sus derivados, por un
lado, y la buena imagen comercial que indudablemente genera un “perfil
verde” les dan ventajas suficientes. Sommer (2006) comenta el caso de la
cadena mundial de supermercados Wal-Mart, que se propone incrementar en 25
por ciento “la eficiencia en el uso de combustibles de los siete mil
camiones de Wal-Mart en los próximos tres años y la duplicación de esa
eficiencia antes de 10 años”, entre otras medidas.
Todo parece darse a la vez, pero es que un proceso de años está tomando
estado público debido a la coyuntura económica y a la discusión sobre el
cambio climático. Varias empresas municipales de transporte en ciudades de
Europa están experimentando con tipos alternativos de biodiesel o gas para
mover los ómnibus desde hace ya años; en Sâo Paulo, el 25 por ciento de la
flota de autobuses funciona con el aceite usado recogido en los restaurantes
de esta ciudad de 18 millones de habitantes; en Valencia, el municipio
reparte bidones vacíos de diez litros a las hogares para juntar allí el
aceite doméstico quemado. En estos días de fines de diciembre de 2006, el
parlamento uruguayo aprobó una ley que libera la producción particular de
biodiesel hasta cuatro mil litros por día, ley que no hace más que reconocer
la realidad, pues empresas de camiones y ómnibus han comenzado a producir o
a comprar este combustible, y así lo hacen también algunos gobiernos
municipales del país.
Cómo se organizará en el futuro la competencia entre la producción de
aceites para cocinar o mover motores, dependerá de muchas causas, entre
otras de las presiones de mercado. En los oscuros laberintos de los Fondos
para el Medioambiente Mundial (GEF) y el gran negocio de los bonos verdes,
se oculta también la posibilidad de pagar la producción de biocombustibles
como asistencia al desarrollo y salvación del clima, digna de subsidios y
demás prebendas. Hay mucho dinero en danza.
Indica una reciente declaración del Movimiento Mundial por los Bosques (WRM,
en inglés) que el volumen de combustibles fósiles quemados cada año
“contiene una cantidad de materia orgánica equivalente a cuatro siglos de
plantas y animales”. Sustituirlos por biocombustibles no significa “cambiar
el modelo actual de producción insustentable de energía destinada a un
consumo insostenible y /estos carburantes/ no harán más que agregar nuevos
problemas a la humanidad. Pero su peor pecado es que se disfrazan de
solución” (WRM 2006).
Tabla 2. Avance territorial de algunos cultivos energéticos
|
País |
Cultivo |
Expansión agrícola |
|
Argentina |
soja |
Quebrachales del Chaco, praderas pampeanas |
|
Paraguay |
soja |
Pantanal, Mata atlántica y Chaco |
|
Brasil |
soja |
Bosque amazónico, Pantanal, Mata atlántica, Cerrado y Caatinga |
|
Indonesia y Malasia |
palma aceitera |
Responsable de un 87% de la deforestación del área |
|
Sumatra y Borneo |
palma aceitera |
4 millones de hectáreas de bosque |
|
Uganda |
palma aceitera, caña de azúcar |
Bosques tropicales y tierras boscosas |
Fuente: según WRM, art. cit.
En una escala mucho menor, la soja también aumenta su extensión en Uruguay.
Este año 2006 superó las 300 000 hectáreas, con un crecimiento porcentual
importante, y prácticamente en su totalidad a partir de semillas
genéticamente modificadas. El bloque del Mercosur produce más de 100
millones de toneladas y es el principal exportador mundial con el 51 por
ciento frente al 43 por ciento de los Estados Unidos. Las exportaciones
totales proyectadas para 2006 - 2007 serán de 70 millones de toneladas
(Pardo 2006).
Si regresamos a nuestros cálculos anteriores sobre el agua virtual, en el
próximo año de exportaciones el Mercosur venderá más de 35 millones de
toneladas de soja, y por lo tanto 80 500 millones de metros cúbicos de agua.
La alianza entre las transnacionales de las semillas transgénicas, de los
negocios sojeros y de los biocombustibles potenciará esa exportación de agua
a niveles mucho mayores. ¿Será el futuro del acuífero Guaraní transformarse
en vapor en los insaciables motores de combustión interna?
Fuentes citadas
Honty, G; Lobato, V. y Mattos, J., 2005. Energía 2025. Escenarios
energéticos para el Mercosur, Coscoroba, Montevideo.
Mascheroni, R.L., 2006. Biodiesel de soja. Un moderno caballo de troya,
http://www.peripecias.com
Pardo, M., 2006. Con la excepción de Brasil en todos los países del bloque
se expande el cultivo. Nueva campaña agrícola del Mercosur: Más y más soja.
http://www.plataformasoja.org.br
Pengue, W.A., 2006. Agua virtual, agronegocio sojero y cuestiones económico
ambientales futuras. www.ecoportal.net
Poch de Feliu, R., 2006. El gran giro rural de China, REL- Uita y La
Insignia, 12 de abril.
Sommer, M. 2006. Capitalismo verde saca ventaja del cambio climático. IPS,
18 de diciembre de 2006.
WRM, 2006. Los biocombustibles no resuelven sino que agravan el cambio
climático. Noviembre.
WWF 2006. Thirsty crops: Our food and clothes eating up nature and wearing
out the environment? Agosto 2006.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 37 el 28 de
febrero 2007. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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