Peripecias Nº 37 - 28 de febrero de 2007

AMBIENTE

 

La "evaporación" del agua

 

La agricultura ya no es verdurita

 

 

José da Cruz

 

 

 

J. da Cruz es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

 

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Crece la población, crecen las necesidades de alimento, crece la utilización de agua para riego. La agricultura industrial da prioridad al valor de cambio por sobre el valor de uso: se produce para quien paga y no para quien necesite los productos. Cuando se exporta entra dinero, pero del territorio exportador sale también el agua. Un nuevo desafío es la producción de biocombustibles ya que la tierra y el agua disponibles no alcanzarán para alimentar a la población mundial, y deberán también alimentar a la población mundial... de vehículos.

 

Queda una media docena de grandes ríos en el mundo, solo una media docena, cuyo curso no está interrumpido por represas. Las grandes represas aprovechan diferencias de nivel y almacenan agua para producir electricidad; al mismo tiempo, el reservorio se utiliza para riego. También se riega con aguas subterráneas, y la cantidad de pozos perforados al ritmo de la Revolución Verde han sido decenas y decenas de miles. Esto tiene un precio.
Cada nuevo informe sobre la situación del agua en el mundo es más alarmante que los precedentes, resalta aspectos no tenidos en cuenta y enciende nuevas luces de alarma: con el agua nos estamos jugando el futuro de por lo menos la mitad de la humanidad. Si lo decimos en términos algo brutales, llegado el caso la otra mitad tiene armas y poder como para apropiarse de ese recurso.

 

Mucho riego y poca agua

 

El riego artificial ha sido, junto a los agrotóxicos, la panacea para aumentar la producción; sin embargo, las consecuencias negativas de esta metodología son visibles. Un reciente informe del Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza (WWF 2006) aportó conclusiones tajantes: el riego excesivo ha empeorado las condiciones de vida de los campesinos y disminuido la variedad de especies en el medio acuático. Dos mil millones de personas en 40 países sufren por escasez de agua y se retiran ingentes cantidades de los ríos, lagos y acuíferos para usos agrícolas, quitándoselos a otras necesidades. La presión exportadora sobre el algodón, la soja y otras commodities empeora las cosas.

 

Es sabido que la agricultura consume por lejos la mayor cantidad de agua dulce, un 70 por ciento del total, mientras que las necesidades personales se cubren con un 10 por ciento y las industriales con un 20. Esto es así en números gruesos, pero todo alimento se compone de agua y necesita agua para su producción. Se ha introducido el término agua virtual para denotar la cantidad de líquido incluido en un producto, cantidad que no se ve, algo así como una externalidad acuífera, si se nos permite la licencia. Es decir que cuando Uruguay exporta carne está exportando también los miles de litros de agua necesarios para producir esa carne, bajo la forma de agua virtual.

 

Las proyecciones indican que hacia 2030 el suministro promedio de agua por persona caerá un tercio, pero la demanda de la agricultura crecerá 14 por ciento debido al aumento de la población. Para los autores del informe mencionado, los gobiernos deben tomar la responsabilidad de la distribución del agua para usos diversos y planificar las variedades a cultivar. No se puede permitir que el mercado dicte sus condiciones exclusivas ya que la demanda, las subvenciones y la asistencia internacional han dado prioridad a cash crops que exigen riego, como maíz y remolacha azucarera, mientras disminuyeron los cultivos de secano tradicionales, como limones o aceitunas. Empresas y gobiernos deberían repensar sus estrategias.

 

Dice WWF que las variedades de cultivo industrial crecen más velozmente y dan mayor rendimiento con abundante riego, pero en muchas zonas han causado falta de agua y daños en los ecosistemas; eso resultará, a la larga, en peores sequías. No es una estimación fuera de la realidad. Señalan los investigadores del clima que este año, 2006, ocurrió un cambio en la tendencia histórica y la sequía del reciente verano boreal no dependió de las altas temperaturas, sino de la clara disminución de las precipitaciones, notada hace ya tiempo. En las zonas del mar Mediterráneo el agua caída ha disminuido un 20 por ciento en los últimos 50 años, y tiende a disminuir más en el futuro; en el mismo plazo se duplicó la demanda de agua, y tiende a aumentar.

 

Es imposible hallar un remedio a esta escasez si no se pasa a una utilización cuidadosa del agua para la agricultura, disminuyendo las pérdidas en la conducción y aplicando el riego por goteo, pero eso depende de una firme disposición a colaborar entre todos los niveles involucrados. Tampoco deberían cultivarse especies que no correspondan al clima y al medio local.

 

Agua virtual, y no precisamente en Internet

 

Según la FAO, una persona necesita en promedio 2 700 calorías diarias, provenientes de una dieta basada en un 85 por ciento de cereales. La cantidad de agua necesaria para producir esos alimentos se calcula en un metro cúbico para cada 1 000 calorías de origen vegetal, y cinco metros cúbicos para la misma cantidad pero de origen animal. Esas 2 700 calorías “cuestan” entonces 4 300 litros de agua por día y por persona, o sea 1 570 metros cúbicos anuales para cada habitante de la Tierra.

 

En climas húmedos, la lluvia se encarga de suministrar tal cantidad de agua; en climas secos lo hace la irrigación. Las cifras indicadas son promedios abstractos pues en la realidad hay variedades que exigen mucha agua y otras menos, según el lugar de cultivo. Abajo se muestra una tabla con algunos ejemplos sobre las exigencias de agua por kilo de producción. Los valores fueron tomados de diversas fuentes.

 

Tabla 1. Litros de agua por kilo de producto

 

Algodón

7 000 - 29 000

Arroz

3 000 - 5 000

Caña de azúcar

1 500 - 3 000

Soja

2 000 - 2 300

Trigo

900 - 1 200

Papas

160 - 500

Maíz

450

Leche

900

Arroz

2 700

Pollos

2 800

Huevos

4 700

Queso

5 000 - 5 500

Cerdo

5 900

Vacuno

16 000

 

Fuentes: documentos de FAO, WWF y PNUD

 

Este tipo de contabilidad está ganando partidarios. Algún día cambiará nuestra visión de la realidad y calcularemos nuestra relación con la naturaleza y los otros seres humanos en insumos de agua, energía y sales minerales. También cambiará la visión del comercio de commodities, pues al mismo tiempo es un comercio de agua y energía incluyendo aquí la que insumió el trabajo humano. Por ejemplo: “En la campaña sojera 2004/2005, de 38 300 000 toneladas, Argentina exportó gratuitamente más de 42 500 millones de metros cúbicos de agua” (Pengue 2006).

 

Los países importadores ganan, pues ahorran ese gasto de agua, y los exportadores corren el riesgo de comprometer sus reservas debido al uso intensivo. En 1961 se vendían 450 kilómetros cúbicos de agua virtual, pero en 2000 la cantidad había aumentado hasta los 1 340 kilómetros cúbicos, es decir, el 26 por ciento de toda el agua requerida para producir alimentos, todo según cálculos de la FAO.

 

El incremento del uso de agua aumenta los riesgos de intrusión salina en las napas freáticas, la salinización y la perdida de estructura del suelo, el lavado de nutrientes y la contaminación. Para futuros cálculos de ganancias, los negocios deberían compensarse “por la reducción de las áreas de producción agrícola como resultado de la intrusión salina, la degradación del suelo y el agotamiento de la disponibilidad o acceso a los recursos hídricos (aguas subterráneas y acuíferos), el mayor acceso (o su restricción) al agua por parte de los grupos rurales de menores recursos y más vulnerables para su propia subsistencia, la generación de sistemas de producción agrícola más ricos o su pérdida derivada de las monoculturas exportadoras y las restricciones del agua para otros usos, incluyendo los usos ambientales” (idem).

 

En términos generales existe un flujo de agua virtual con origen en Estados Unidos, Canadá, América del Sur y Australia que es recibido por Europa, Asia y África. Hablar de Asia significa hablar del desarrollo económico de China, gran importador de granos.. China comprará globalmente alrededor de 16 a 18 millones de toneladas de soja en 2006, lo mismo o más de lo que produce, y en esos granos irán unos 20 000 millones de metros cúbicos de agua virtual (idem).

 

Varias causas contribuyen para que China aumente sus importaciones en el futuro. Las regiones más pobladas de un país son generalmente aquellas donde hay buenas condiciones agrícolas, acceso a tierras y al agua; a su vez, las aglomeraciones se organizan allí donde hay alimentos y agua y de este modo la disponibilidad de tierra agrícola entra en conflicto con las necesidades urbanas. Los acelerados procesos de urbanización e industrialización de China disminuyen la tierra agrícola en 200 000 hectáreas por año que se dedican a viviendas, fábricas, carreteras y toda infraestructura. Se calcula que entre 30 y 40 millones de campesinos han sido expropiados en los últimos años, con una transferencia de recursos de 450 000 millones de euros a manos de “promotores, empresarios y funcionarios, que se han enriquecido en el proceso”, un proceso que ocasionó más de 87 000 disturbios sociales en cada uno de los cuales participaron más de 15 personas, según fuentes oficiales (Poch 2006).

 

La importación de soja en China aumentó de 2,9 millones de toneladas en 1995 a los 16 o 18 millones actuales, para producir la proteína animal que reclama la creciente población, ahora con más dinero. La producción de maíz aumenta, y los granos alimentan fundamentalmente a cerdos y peces. Indica Pengue (op. cit.) que la seguridad alimentaria en China es cuestión de prioridad nacional, ya que cuando sean 1 500 millones de personas el suelo arable per cápita quedará reducido a 0.025 hectáreas por persona, es decir, 250 metros cuadrados.

 

Además, el 60 por ciento de la población del país se ubica en el sur y a lo largo del río Yangtzé, con solo el 20 por ciento de los suelos arables “y una ocupación creciente de espacios para la producción industrial y las urbanizaciones. Hacia el sur del país, existe buena disponibilidad de agua, pero hay carencia de nutrientes. En el norte, sucede lo contrario, siendo limitante tanto los suelos degradados como los que no lo son, pues no cuentan con adecuada provisión de agua” (idem).

 

Esto indica que la importación de alimentos crecerá obligatoriamente, y a esto habrá que sumar el abastecimiento de futuras necesidades de combustible mediante biomasa. En China hay unos 50 000 000 de gente con dinero y solo 16 autos por cada 100 habitantes, muchísimo menos que en los países ricos, así que el crecimiento puede alcanzar cifras astronómicas.

 

Biodiesel, una solución con más problemas

 

Dice el periodista George Monbiot que en el Reino Unido hay 5,7 millones de hectáreas para la agricultura, pero para abastecer a los vehículos con biodiesel se requerirían de 25,9 millones de hectáreas (Mascheroni 2006). A este ejemplo, que trata solo de Inglaterra, sumémosle todo el consumo de los cientos de millones de vehículos con motor de combustión interna que ruedan en el mundo entero. La cantidad de hectáreas que se necesitarían para carburantes es una cifra difícil de imaginar.

 

En realidad, el motor del ingeniero Rudolf Diesel funcionaba con aceite vegetal puro y la primera demostración pública se hizo con aceite de maní. Regresar a fuentes vegetales es entonces una vuelta en la espiral de la historia, historia que hubiera sido muy diferente si los aceites vegetales –y no el petróleo– hubieran estado en la base de la civilización del auto. Un dato para aficionados a las teorías conspirativas: el joven Rudolf Diesel cayó por la borda de un transatlántico en el Atlántico Norte mientras viajaba a Nueva York para presentar su invento, un accidente cuya causa nunca se aclaró.

 

La necesidad de combustibles alternativos al petróleo existe, es gigantesca, urgente. El petróleo se encarece y escaseará. Una conclusión bastante esperable es que los millones y millones de hectáreas necesarias para oleaginosas de todo tipo –y también cultivos alcoholíferos– se busquen en los países tradicionalmente agrícolas. En el Cono Sur aumentan las superficies cultivadas con soja, palmas aceiteras y caña de azúcar, por ejemplo.

 

Transformar a las pampas y las selvas en “pozos de petróleo verde” para los habitantes con ruedas causaría sin embargo un desastre ecológico con dimensiones de catástrofe y conflictos sociales de magnitud igualmente catastrófica. Los países del Mercosur ni siquiera podrían abastecer sus propias necesidades energéticas internas echando mano solamente a los biocombustibles cultivables en sus áreas agrícolas, en abierta competencia con los alimentos. Una diversificación y descentralización de las fuentes energéticas es indispensable (Honty et al. 2005).

 

Varias petroleras están desarrollando programas de combustibles alternativos, como British Petroleum –actualmente se anuncia como Beyond Petroleum (más allá del petróleo)– o la uruguaya Ancap. Esto significa un impulso renovador, pero a su vez queda limitado por un factor de inercia: los clientes de las petroleras son los motores de combustión, y los motores de combustión necesitan aceite y alcohol y no energía eólica, eléctrica o lo que fuere.

 

Por lo menos por un largo tiempo será así, y eso explica la explosión cultural contemporánea de opiniones a favor de combustibles alternativos en todos los ámbitos. La exhibición de la película del político estadounidense Al Gore sobre el cambio climático, presentada a nivel mundial y propagandeada como sólo Hollywood sabe hacerlo, es otra señal sobre quién marca las pautas del debate. Desde 2001 la Comisión de la Unión Europea impulsa el uso y la importación de biocarburantes, y a fines de 2005 se declaró el apoyo a la producción de los mismos en los países en desarrollo. Mascheroni calcula que todos los aceites vegetales que se producen en el mundo sustituirían como biodiesel apenas el cuatro por ciento del consumo de combustible actual.

 

Hay inversionistas muy pesados para quienes las fuentes de energía alternativa son un buen negocio. Los enormes capitales de las compañías aseguradoras podrían verse comprometidos por eventuales cataclismos debidos al cambio climático. Cualquier movimiento financiero de estos gigantes de las inversiones influye en “los políticos, las empresas y el comportamiento individual. La aseguradora estadounidense Traveller’s Insurance ha comenzado a bajar las primas para las construcciones que ahorran energía mientras Swiss Re está invirtiendo en nuevas tecnologías solares y Munich Re en energía renovable” (Sommer, 2006).

 

El crecimiento en la producción y el uso de biocombustibles se está acelerando por decisiones particulares de las empresas. No esperan a rebajas fiscales o similares, ya que el precio del petróleo y sus derivados, por un lado, y la buena imagen comercial que indudablemente genera un “perfil verde” les dan ventajas suficientes. Sommer (2006) comenta el caso de la cadena mundial de supermercados Wal-Mart, que se propone incrementar en 25 por ciento “la eficiencia en el uso de combustibles de los siete mil camiones de Wal-Mart en los próximos tres años y la duplicación de esa eficiencia antes de 10 años”, entre otras medidas.

 

Todo parece darse a la vez, pero es que un proceso de años está tomando estado público debido a la coyuntura económica y a la discusión sobre el cambio climático. Varias empresas municipales de transporte en ciudades de Europa están experimentando con tipos alternativos de biodiesel o gas para mover los ómnibus desde hace ya años; en Sâo Paulo, el 25 por ciento de la flota de autobuses funciona con el aceite usado recogido en los restaurantes de esta ciudad de 18 millones de habitantes; en Valencia, el municipio reparte bidones vacíos de diez litros a las hogares para juntar allí el aceite doméstico quemado. En estos días de fines de diciembre de 2006, el parlamento uruguayo aprobó una ley que libera la producción particular de biodiesel hasta cuatro mil litros por día, ley que no hace más que reconocer la realidad, pues empresas de camiones y ómnibus han comenzado a producir o a comprar este combustible, y así lo hacen también algunos gobiernos municipales del país.

 

Cómo se organizará en el futuro la competencia entre la producción de aceites para cocinar o mover motores, dependerá de muchas causas, entre otras de las presiones de mercado. En los oscuros laberintos de los Fondos para el Medioambiente Mundial (GEF) y el gran negocio de los bonos verdes, se oculta también la posibilidad de pagar la producción de biocombustibles como asistencia al desarrollo y salvación del clima, digna de subsidios y demás prebendas. Hay mucho dinero en danza.

 

Indica una reciente declaración del Movimiento Mundial por los Bosques (WRM, en inglés) que el volumen de combustibles fósiles quemados cada año “contiene una cantidad de materia orgánica equivalente a cuatro siglos de plantas y animales”. Sustituirlos por biocombustibles no significa “cambiar el modelo actual de producción insustentable de energía destinada a un consumo insostenible y /estos carburantes/ no harán más que agregar nuevos problemas a la humanidad. Pero su peor pecado es que se disfrazan de solución” (WRM 2006).

 

Tabla 2. Avance territorial de algunos cultivos energéticos

 

País

Cultivo

Expansión agrícola

Argentina

soja

Quebrachales del Chaco, praderas pampeanas

Paraguay

soja

Pantanal, Mata atlántica y Chaco

Brasil

soja

Bosque amazónico, Pantanal, Mata atlántica, Cerrado y Caatinga

Indonesia y Malasia

palma aceitera

Responsable de un 87% de la deforestación del área

Sumatra y Borneo

palma aceitera

4 millones de hectáreas de bosque

Uganda

palma aceitera, caña de azúcar

Bosques tropicales y tierras boscosas

 

Fuente: según WRM, art. cit.

 

En una escala mucho menor, la soja también aumenta su extensión en Uruguay. Este año 2006 superó las 300 000 hectáreas, con un crecimiento porcentual importante, y prácticamente en su totalidad a partir de semillas genéticamente modificadas. El bloque del Mercosur produce más de 100 millones de toneladas y es el principal exportador mundial con el 51 por ciento frente al 43 por ciento de los Estados Unidos. Las exportaciones totales proyectadas para 2006 - 2007 serán de 70 millones de toneladas (Pardo 2006).

 

Si regresamos a nuestros cálculos anteriores sobre el agua virtual, en el próximo año de exportaciones el Mercosur venderá más de 35 millones de toneladas de soja, y por lo tanto 80 500 millones de metros cúbicos de agua. La alianza entre las transnacionales de las semillas transgénicas, de los negocios sojeros y de los biocombustibles potenciará esa exportación de agua a niveles mucho mayores. ¿Será el futuro del acuífero Guaraní transformarse en vapor en los insaciables motores de combustión interna?

 

 

Fuentes citadas

Honty, G; Lobato, V. y Mattos, J., 2005. Energía 2025. Escenarios energéticos para el Mercosur, Coscoroba, Montevideo.

Mascheroni, R.L., 2006. Biodiesel de soja. Un moderno caballo de troya, http://www.peripecias.com

Pardo, M., 2006. Con la excepción de Brasil en todos los países del bloque se expande el cultivo. Nueva campaña agrícola del Mercosur: Más y más soja. http://www.plataformasoja.org.br

Pengue, W.A., 2006. Agua virtual, agronegocio sojero y cuestiones económico ambientales futuras. www.ecoportal.net

Poch de Feliu, R., 2006. El gran giro rural de China, REL- Uita y La Insignia, 12 de abril.

Sommer, M. 2006. Capitalismo verde saca ventaja del cambio climático. IPS, 18 de diciembre de 2006.

WRM, 2006. Los biocombustibles no resuelven sino que agravan el cambio climático. Noviembre.

WWF 2006. Thirsty crops: Our food and clothes eating up nature and wearing out the environment? Agosto 2006.

 

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 37 el 28 de febrero 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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