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E. Gudynas es analista de información en D3E CLAES.
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La reciente visita del presidente de Estados Unidos, George Bush, a varios
países latinoamericanos ha sido calificada como la “gira del etanol”. Los
biocombustibles se convirtieron en uno de los temas clave, tanto desde las
expresiones de la delegación de Washington como por las declaraciones
gubernamentales, en especial de Brasil pero también de Colombia y Uruguay.
Asimismo, la contra-gira de Hugo Chávez, presidente venezolano, también le
otorgó una gran relevancia a esa cuestión, aunque en sentido inverso:
mientras Bush y Lula apuestan a los biocombustibles, Chávez los critica, y
de alguna manera recuerda la permanente importancia del petróleo.
Parecería que nos encontramos con un vaquero texano que visita las tabernas
del sur en busca de esos nuevos combustibles. Allí hay más de un país
deseoso de vendérselos. Se anunciaron muchos acuerdos en ese campo, varios
diarios locales alimentaron fantasías de grandes negocios, y hasta los
reporteros de CNN informaban sobre los “importantes convenios” que arrojó,
por ejemplo, el encuentro de Bush con el presidente brasileño Lula da Silva.
Pero la realidad es otra: en varios países no se firmaron convenios ni
acuerdos, y en Brasil apenas se tiene el anuncio de una intención.
Es que el mercado de esos biocombustibles no sólo es complejo, sino que
enfrenta limitaciones estructurales y presenta potenciales impactos
negativos de envergadura. Los grandes productores de etanol son Estados
Unidos y Brasil. En la nación del norte se produjeron 18,3 mil millones de
litros, y se consumieron 21,1 mil millones de litros; mientras que las
tierras brasileñas arrojaron 17,4 mil millones de litros, y se consumieron
15 mil millones de litros (datos para la zafra 2006-7; según Folha do Sao
Paulo, 4 de marzo 2007). Estados Unidos enfrenta un déficit en el sector, y
Brasil se ha convertido en un exportador (exportó directamente 1,7 mil
millones de litros de etanol a Estados Unidos, y otros 500 mil litros vía
países del Caribe).
Otras comparaciones entre los dos países son necesarias. Todo indica que
Brasil ha avanzado mucho en la tecnología de producir combustibles, y en
usarlo en medios de transporte. Pero además la productividad es mayor en
tierras brasileñas: 6 mil litros por hectárea, contra 3500 litros por
hectárea en Estados Unidos. El costo en Brasil es US$ 0,22 por litro, a
partir de la caña de azúcar, mientras que en Estados Unidos es más alto, US$
0,30 por litro en base al maíz (recordemos además que allí se otorgan
subsidios, estimados en US$ 0,13 por litro). Asimismo, las unidades de
energía renovable producida por unidad de energía fósil que se usa en esos
cultivos es más amplia en Brasil (8,9 versus 1,4 en Estados Unidos) (todos
los datos de Folha do Sao Paulo, 4 de marzo 2007).
Una primera aproximación a estas cifras parecería indicar que Brasilia se
encuentra frente a un negocio potencial formidable: exportar etanol al
sediento Estados Unidos, que busca reducir su dependencia del petróleo, y en
especial de aquél que proviene de Venezuela. En la misma línea buscan
posicionarse Uruguay y Colombia, ya que los dos se ofertan como posibles
taberneros de etanol en el futuro próximo. En Argentina se coquetea con la
misma propuesta, en tanto es otro gran agroexportador.
En el gobierno Lula hay varios actores que desean profundizar esta línea de
negociaciones, y el propio presidente ha anunciado que desea convertir a su
país en un exportador global de biocombustibles. Pero esa estrategia
enfrenta varios problemas.
En primer lugar, es necesario que Brasil atienda su propio consumo
doméstico. Las proyecciones, dadas a conocer por los voceros del gobierno,
estiman que el consumo interno de etanol será de unos 24 mil millones de
litros al año 2013. Para atender esas necesidades y lograr un adicional que
pueda ser exportable, la meta propuesta es duplicar el área de cultivo de
caña de azúcar al año 2013, y entonces se pasará de producir 420 millones de
toneladas, a 720 millones de toneladas. Bajo ese enorme aumento del cultivo
se logrará producir unos 35 mil millones de litros, con lo que se asegurará
el consumo doméstico y un excedente exportable (datos en Valor, 8 de marzo
2007).
En segundo lugar, esta situación deja en claro que los márgenes de acción
son estrechos y es evidente una tensión entre la potencial demanda interna y
los intereses de los exportadores. Brasil por momentos parece más interesado
en exportar que en sus necesidades internas. Es así que es un activo
proponente en transformar el etanol en una mercadería de transacción
internacional, un commodity. En la misma línea están Estados Unidos, Japón y
hasta el BID.
En diciembre de 2006 se creó con ese fin un comité hemisférico de producción
de etanol donde participan el hermano de George Bush (Jeb, ex gobernador de
Florida), un ex jefe de gobierno de Japón y hasta el presidente del BID, lo
que ha desembocado en posibles líneas de crédito de ese banco para promover
los biocombustibles en todo el continente. A pesar de ese entusiasmo, el ex
ministro de agricultura de Brasil, Roberto Rodrígues, quien es el co-presidente
de ese comité, reconoce que la prioridad de su país debería ser el mercado
interno (Gazeta Mercantil, 11 de marzo 2007). Por lo tanto, habrá que ver
cómo se establece un balance entre la producción destinada a las necesidades
propias de Brasil y las posibles ganancias que arrojaría su exportación.
En tercer lugar, la expansión de biocombustibles tiene enormes repercusiones
sobre el sector agrícola, y potenciales impactos negativos ambientales y
sociales. Este nuevo énfasis hace que se destinen tierras de cultivo a fines
energéticos y no a producir alimentos, con lo cual es posible que se eleve
el precio de algunos productos. Todos los planes implican algún tipo de
presión mayor sobre el ambiente y un avance de la frontera agropecuaria. Si
bien en Brasil algunos sectores gubernamentales sostienen que es posible
incrementar sustancialmente la producción de caña de azúcar reconvirtiendo
tierras de pasturas para evitar ingresar a nueva áreas, en especial en la
Amazonia, la experiencia pasada y actual aporta evidencia en sentido
contrario. En efecto, estos cultivos de alto valor, y en especial los de
exportación, aumentan los impactos ambientales (especialmente en zonas del
Cerrado y otras áreas cañeras de Brasil), pero además expulsan otras
actividades, en especial la ganadería, hacia nuevas regiones, y con ello
contribuyen a alimentar la invasión de la Amazonia. Sea por un mecanismo o
por otro, la presión ambiental se incrementará. Lo mismo sucederá con los
agricultores, en especial los más pequeños, al aumentar la sombra de los
agronegocios. Esto explica la sucesión de declaraciones en contra de varias
redes sociales que rechazan este modelo de biocombustibles agroexportador.
En cuarto lugar, la apuesta productora de Brasil, así como las declaraciones
que se dan en la misma línea en los países vecinos, una vez más insiste en
estructurar el sector agropecuario hacia las exportaciones. Los mercados y
opciones externas vuelven a ser una vez más las fuerzas estructurantes de
los procesos productivos dentro de nuestros países. Esos factores tienen
tanta fuerza que la visita del presidente Bush, desprestigiado, en el último
tramo de su mandato, y cuestionado por la izquierda en el gobierno, de todas
maneras alentó todo este alboroto y muchas expectativas sobre el comercio
internacional de estanol. Tan solo en Brasil se esperan aumentar las
exportaciones, se reclaman rebajas en los aranceles estadounidenses y se
anuncia la construcción de una usina de etanol por mes, al año 2013, y con
una inversión de más de 14 mil millones de dólares.
Finalmente, una vez más quedó por el camino la coordinación regional dentro
de Mercosur. Tanto Brasil y Uruguay en su apoyo a la comercialización de
biocombustibles, como Venezuela en su crítica, son todos miembros de ese
bloque. Ninguno de ellos parece recordar el Acuerdo Marco sobre
Complementación Energética del Mercosur, firmado por los presidentes en
diciembre de 2005, y que apuntaba a fortalecer la coordinación entre estos
países. Hasta ahora no existen posturas comunes sobre los biocombustibles, y
una vez más cada uno negocia y actúa por separado.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 39 el 14
de marzo de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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