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"Cuando el pozo se seca nos enteramos de lo valiosa que es el agua" -
Benjamín Franklin
Todos los años, al recordar esta fecha, encabezo mis reflexiones con esta
frase de Benjamín Franklin, por cuanto me parece muy fuerte y gráfica. Hoy
el pozo se está secando y pese a ello, parece que no tomamos en cuenta la
gravedad de la situación.
En estos días la Agencia para la Alimentación y la Agricultura de la ONU
(FAO) ha advertido que para el año 2025 casi 1.800 millones de personas
vivirán en países o regiones con una drástica falta de agua, y dos tercios
de la población mundial podrían tener que enfrentarse a la escasez del
líquido elemento.
En concordancia con esta crisis, la FAO, en representación de todas las
agencias y programas de la ONU, tendrá a su cargo la coordinación para la
celebración del Día Mundial del Agua 2007, bajo el lema "Afrontar la escasez
de agua", resaltando las implicancias de esta situación a nivel mundial.
El pronóstico de aquí al año 2025 no es muy alentador y abre un manto de
dudas sobre el futuro común. Nadie puede desconocer la bajante de los
niveles de los acuíferos, la sequía de lagos y ríos, y la desaparición de
zonas húmedas producto de su uso irracional en la agricultura, la industria
y el sector urbano. No olvidemos que la agricultura consume más del 70% del
agua dulce y que se necesitan 2.700 litros de agua para obtener un kilo de
arroz; 2.300, para un kilo de soja y 1.200 para un kilo de trigo.
Cuando exportamos commodities agrícolas, exportamos agua, la que no
cotiza, no se paga, y de la que los países importadores carecen. Por ello,
la creciente escasez del agua y su consecuente contaminación es uno de los
mayores problemas con que la humanidad deberá enfrentarse en los próximos
años y que repercutirá con mayor fuerza en las regiones empobrecidas del
planeta.
No es un dato menor que desde 1950 el consumo de agua en todo el mundo se
haya triplicado con creces y la tendencia sea ascendente, para desgracia de
todos. No es redundante decir que si hoy se terminara el petróleo, el mundo
y los que lo habitan podrían continuar su existencia, pero si el agua dulce
se agota, ya no sólo se pararán algunas máquinas y motores, sino que se
extinguiría toda forma de vida sobre el planeta.
Convengamos que el agua dulce no es un simple recurso más sino que tiene una
relación directa con la vida, su calidad y la salud de la población.
En forma paralela a esta crítica situación, el negocio del agua embotellada
ha crecido en forma extraordinaria en los últimos años, llevando a las
grandes corporaciones a apropiarse de las fuentes, vía privatizaciones y
otros mecanismos. El litro de agua embotellada ha elevado sus valores hasta
10.000 veces más que la corriente, pese en muchos casos a no mejorar su
calidad, llegando a los 2,10 euros por litro, a lo que debemos sumar el
costo del transporte.
Paradojal resulta el caso de la India, donde la empresa Coca-Cola está
aniquilando el agua del río Dasani, lo que ha llevado a una situación
crítica de escasez para más de 50 poblaciones de ese país. Como si esto
fuera poco, el envasado del agua requiere de millones de botellas producidas
con elementos derivados del petróleo y que según un estudio realizado por
Emily Arnold, del Earth Policy Institute, para abastecer la demanda de
envases en EE.UU. se necesitan más de 1.500.000 barriles de petróleo al año,
los que una vez utilizados se transforman en basura y van a engrosar los
volcaderos de residuos, cuya disposición final paga toda la comunidad.
En este contexto, no es de extrañar que la sociedad civil comience a
organizarse y movilizarse en defensa del vital elemento. En sintonía con
ello, la Plataforma Global de Lucha por el Agua, constituida en el marco del
V Foro Global Mundial reclama entre otras cosas: que se declare al agua un
derecho humano básico y de libre acceso en cantidad y calidad suficiente
para la vida; que el agua esté en manos públicas; que no se incluya en
ningún acuerdo comercial de la OMC, regionales o bilaterales y que se
preserven las fuentes de agua de toda forma de contaminación,
aprovechamiento insustentable o privatización.
El Día Mundial del Agua, un poco de historia
La celebración que nos ocupa fue instituida por la Asamblea General de la
Organización de las Naciones Unidas, en su resolución N° 47/193 del 22 de
diciembre de 1992, con el objetivo de promover entre los pueblos la
conciencia de la importante contribución que representa el aprovechamiento
racional de los recursos hídricos al bienestar social, así como su
protección y conservación.
Como forma de reafirmar la importancia del agua, en el transcurso del año
2005 se estableció el Decenio Internacional para la Acción 2005-2015, cuyo
lema es "El agua, fuente de vida".
Evidentemente que no bastan los recordatorios, a la luz de la situación
actual, para detener la avidez de quienes hoy depredan este bien común y
deberá coincidir conmigo que el mayor o menor acceso al consumo de agua
incide directamente en una mejor o peor calidad de vida.
Esta crisis hídrica ha llevado a no pocos analistas y expertos en
geopolítica a afirmar que los próximos conflictos bélicos tendrán su origen
en la escasez del agua. Y así, como en otros momentos de la historia se
dieron las guerras del petróleo, se producirán en un futuro no muy lejano
las "guerras de la sed".
En este marco cobran valor las palabras de Kofi Annan cuando dice: "debemos
aprender el verdadero valor de este precioso recurso. De lo contrario, la
escasez nos lo enseñará –al convertirla, como muchos recursos naturales, en
una mercancía con precio".
Lamentablemente la mayoría de la población mundial no estará en condiciones
de pagar ningún precio y sufrirá las consecuencias, por lo que desde ahora y
para siempre debemos entender que “defender el agua es defender la vida".
Publicado en el semanario Peripecias Nº 40 el
21 de marzo 2007. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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