Peripecias Nº 44 - 18 de abril de 2007

AMBIENTE

 

 

Etanol: planos y tiempos

 

 

Guillermo Castro H.

 

 

 

G. Castro Herrera es Licenciado en Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.

 

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El debate generado en torno al uso masivo del etanol en el marco de la crisis de la civilización del petróleo ha significado ya la apertura de nuevos espacios para la discusión de los graves problemas ambientales de nuestro tiempo. Por lo mismo, ese debate debe ser estimulado por todas las vías posibles. Una de ellas, por ejemplo, consiste en situar con tanta precisión como sea posible los planos de la discusión.

 

Fidel Castro –y a su modo The Economist–, por ejemplo, han situado la discusión en el plano general del funcionamiento de la economía global, con especial énfasis en dos problemas. Primero, el de la percepción de los combustibles alternativos como medios para proteger y prolongar los estilos de producción y consumo hoy dominantes. En este sentido, y en este plano, resulta más o menos evidente que el propósito de todo esto no es ni salvar el Planeta, sino enfrentar por nuevos medios la tendencia decreciente de la tasa de ganancia a escala mundial.

 

Otro problema se refiere al hecho –hasta ahora no rebatido– de que la demanda de agrocombustibles excedería con mucho la oferta actual de los productos vegetales necesarios para producirlos, y la capacidad de producción actualmente existente de las tierras disponibles para ese propósito a escala global. A eso se agregan otros alcances, como el de la enorme demanda de agua que ese tipo de cultivos genera, y el de que su transformación en combustibles requiere de una cantidad mayor de energía de la que genera.

 

Otro plano de discusión se refiere a las economías nacionales y las relaciones entre las mismas, que hoy corren a cargo mayoritariamente de corporaciones transnacionales. En este plano, lo que funcione bien a escala de una o varias economía nacionales no lo hará necesariamente a escala de la economía global: cabe recordar, al respecto, aquella observación de Marx en el sentido de que si bien en el capitalismo cada empresa era en sí misma un modelo de racionalidad, el resultado de la acción de todas ellas era un mercado caótico, caracterizado por el despilfarro constante de recursos humanos y naturales, y condenado a sufrir terribles crisis periódicas de ajuste.

 

Lo importante, en todo caso, es prever a tiempo que en su estado actual, apenas incipiente, el debate puede convertirse en un diálogo de sordos en la medida en que estos distintos planos no sean adecuadamente identificados. Ese riesgo se complica, además, si consideramos los problemas relacionados con el alcance de la discusión.

 

En lo inmediato, parece indudable que la oferta de agrocombustibles se incrementará con rapidez, en respuesta a las demandas de las economías más desarrolladas. Con ello, el problema no es tanto si producir o no esos agrocombustibles, sino cómo y para qué hacerlo. En este sentido, planteamientos como los del uso de tierras degradadas que no compiten con las destinadas a la producción de alimentos ni con las cubiertas por bosques, y la creación de oportunidades de ingreso para el campesinado, parecen por demás atinados, aunque no se comparta la idea de que por sí misma contribuirá a resolver las tragedias de la pobreza rural generando empleo y bienestar entre las familias campesinas desposeídas.

 

Aquí, la opción es más simple. El incremento de la oferta puede producir nuevos competidores para el título de segundo hombre más rico del mundo que hoy ostenta el mexicano Carlos Slim, o puede traducirse en un incremento de recursos disponibles para el desarrollo social integral. En cada caso, los factores involucrados son muchos, pero uno de ellos desempeñará probablemente un papel de primer orden: la lucha de clases y, en particular, las luchas campesinas del futuro –lo que no ha de ser poca cosa en el Brasil del Movimiento de Campesinos Sin Tierra. A fin de cuentas, la competitividad de los agrocombustibles del Sur en el mercado global parece destinada a depender de nuestros dos subsidios más tradicionales: el bajo precio de la tierra y de la fuerza de trabajo en el agro.

 

En el mediano plazo, por otra parte, el auge de los agrocombustibles puede significar un impulso decisivo para culminar la reforma liberal latinoamericana, tantas veces mediatizada y postergada, forzando finalmente la modernización del mundo rural a través de la creación de cadenas productivas que vinculen de manera mucho más eficiente y permanente la agricultura con la industria, y al campo con la ciudad. Esta es una perspectiva poco explorada, que permanecerá así mientras el debate se mantenga en el horizonte de visibilidad en que han ocurrido sus primeras manifestaciones.

 

Lo sustancial, en todo caso, está en que el problema al que realmente terminará por referirse el debate no tiene su origen tanto en la posibilidad de la oferta como en el origen de la demanda, y sólo se podrá resolver cuando la demanda sea otra. Por lo mismo, no se trata de un tema primordialmente tecnológico, aunque su asunto inmediato lo sea.

 

Aquí, lo que ya está realmente en cuestión es la estructura de la economía global y las modalidades de relación con la naturaleza que se derivan de ella. A la larga, de lo que se trata es de la (problemática) sostenibilidad del desarrollo del capitalismo –cuyo derrumbe, si llegara a ocurrir en el corto o mediano plazo, probablemente no conduciría a ningún socialismo, sino a una vuelta a la barbarie.

 

Y esto es tanto más grave, cuanto que vivimos la era del capitalismo triunfante, y es para el triunfador para quien ha llegado la hora de la verdad: o construye un orden mundial capaz de elevarse a la altura de sus promesas de empleo, bienestar y ciudadanía efectiva para todos, o veremos derrumbarse el orden existente bajo el peso de sus propias contradicciones. Dado que lo más probable es que esas promesas no se cumplan, será mejor no descalificar de antemano a quienes la someten a crítica desde ahora.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 44 el 18 de abril de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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