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Tal vez la propuesta más audaz y de mayor significado del gobierno actual
sea la formulada por el ministro de Energía Alberto Acosta en torno a la
explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní. Se trata del yacimiento
petrolero más importante del país, conocido como el ITT (Ishpingo,
Tambococha, Tiputini), cuya explotación se ha postergado durante varios
años.
Alberto Acosta ha propuesto intentar un giro sin precedentes en la política
petrolera: dejar sepultados en tierra los cientos de miles de barriles de
petróleo de los yacimientos existentes en el subsuelo del Yasuní. Aquello
sería posible si gobiernos del Norte y organizaciones ecologistas entregan
como compensación al Ecuador el cincuenta por ciento de lo que producirían
los campos ITT en caso de ser explotados. Este compromiso se realizaría a
través de bonos a ser colocados a nivel internacional y frente a los cuales
el Ecuador se compromete en el futuro a mantener inviolado el territorio del
parque al que se refiere la propuesta.
¿Es un sueño? No necesariamente, si se tiene en cuenta el enorme valor
simbólico que podría tener en el mundo un paso de esta naturaleza y de estas
dimensiones, en pleno clímax de la amenaza del calentamiento global. Sería
una primera medida concreta, en la que las sociedades del Norte reconozcan a
un país amazónico por su esfuerzo por conservar un espacio que contiene la
mayor biodiversidad del planeta y es una de las 24 áreas prioritarias para
la vida silvestre del mundo. Se trata del territorio en el que habitan tres
grupos humanos: tagaeri, taromenani y oñamenane, y se articularía a otra
iniciativa del régimen: la constitución del programa referido a los pueblos
en aislamiento voluntario.
En los primeros contactos realizados por Alberto Acosta, un gobierno, el de
Noruega, ya ha reaccionado con interés.
De cumplirse, no sólo cambiaría el rostro de la lucha contra la depredación
de la Amazonía a nivel regional, sino que sembraría el primer ejemplo de lo
que puede ser una concepción distinta del desarrollo que no esté sustentada
en la simple y voraz acumulación de capital.
Si se trata de un sueño, es uno alimentado desde hace más de una década por
nacionalidades amazónicas que han hablado de luchar por una moratoria
petrolera, por salvar de la extinción lo que resta del bosque amazónico
ecuatoriano. Y actualmente existe un pueblo, Sarayaku, que se enfrenta no
sólo a empresas petroleras sino a soldados ecuatorianos que protegen a las
empresas.
Sarayaku ha conseguido hasta hoy impedir que su territorio se siembre de
muerte.
Por otra parte, la propuesta de Acosta nos coloca frente a uno de los temas
claves en el país: su alta dependencia de una explotación petrolera que, al
momento de hacer cuentas, puede significar una pérdida en la medida en que
el grueso del rendimiento queda en manos de las transnacionales y los
impactos ambientales son superiores a los beneficios; nos obliga a mirar al
Ecuador por más allá del espejismo petrolero, revisar unas cifras que hablan
de un dramático deterioro de todas las actividades productivas, maquillado
por los dólares provenientes del petróleo; nos obliga a considerar a la
Amazonía como fuente de otras riquezas que no sea exclusivamente la
petrolera; y si ésta la entregamos a manos transnacionales, es posible, con
un cambio tan profundo de horizonte que ya no se sustente en el petróleo,
construir una relación menos agresiva con la región y su biodiversidad, una
relación que se contagie de la armonía de la región.
La Amazonía ecuatoriana reúne dos catástrofes: la que viven sus poblaciones,
con nacionalidades en vías de desaparición, y una pobreza que afectaba a
inicios de la década al setenta por ciento de la población; y la catástrofe
ambiental con un treinta por ciento del bosque original totalmente
devastado.
La ambición por controlar la riqueza amazónica no ha tenido límites a través
de la historia, desde los años sangrientos del caucho hasta las intenciones
por hacerse con sus fuentes de agua dulce. Por eso, una decisión que
representa la voluntad política de definir el futuro de la Amazonía, es un
hecho inédito y valiente.
El presente texto es parte del documento de
análisis de coyuntura del CEP "Reflexiones sobre un sorprendente giro
político". Reproducido en el semanario Peripecias Nº 52 el
13 de junio de 2007. Se
reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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