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H. Campodónico es economista peruano.
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"Tengo un dilema de conciencia sobre la explotación de un campo con las
mayores reservas de petróleo de mi país que se encuentra en el Parque
Nacional Yasuní, un área amazónica de gran biodiversidad y donde existen dos
pueblos no contactados. Por eso, vamos a presentar al mundo la propuesta de
no explotar el campo de Ishpingo-Tambococha-Tiputini (ITT) si es que, a
cambio, recibimos una retribución de la comunidad internacional por no
recibir los US$ 700 millones anuales que representa la venta de petróleo.
Ecuador prefiere que se le compense con recursos por no tocar el campo ITT"
(Reuters, 19 de abril del 2007).
Eso dijo hace 2 semanas el presidente Rafael Correa, afirmando que la
primera opción es la no explotación de ese yacimiento de 950 millones de
barriles de reserva porque "la Amazonía es el pulmón del planeta". El
mecanismo de retribución consistiría en la emisión de bonos que serían
adquiridos por países del Norte, ONG, organismos y grupos filantrópicos
internacionales quienes, de esa manera, tendrían la oportunidad de pasar del
dicho al hecho en sus campañas contra el creciente calentamiento global.
Uno de los impulsores de esta propuesta es el ministro de Energía y Minas,
Alberto Acosta, quien no la ha tenido nada fácil. En efecto, el presidente
de Petroecuador Carlos Pareja la ha calificado de "inconcebible" y firmó
Memorandos para la explotación del campo ITT con las estatales Petrobrás,
ENAP de Chile, Sinopec de China, a los cuales se unió recientemente PDVSA de
Venezuela.
El mes pasado, las tensiones entre el ministro y el presidente de
Petroecuador casi terminan en la renuncia del primero, lo que fue zanjado
por el presidente Correa con las declaraciones arriba citadas. Para Correa,
si no se concreta la no explotación, entonces ITT sería explotada por un
consorcio donde participen, únicamente, estatales petroleras de América
Latina. Agregó Acosta que si se explota el crudo ITT, este deberá ser
procesado en la refinería de Manabí, para que Ecuador venda derivados y no
solo crudo.
No cabe duda que estamos frente a lo que el economista catalán, Joan
Martínez Alier ha llamado "un giro sin precedentes en la política petrolera
para enfrentar los intereses económicos y políticos que han retrasado este
debate durante 100 años. Pero ahora los diques de contención se han roto. La
conciencia del cambio climático es universal" ("La moratoria petrolera en el
Parque Yasuni del Ecuador", www.maippa.org,
27/4/07).
Esta nueva conciencia no parece haber llegado a las autoridades de nuestro
país. Hace 3 semanas, la Defensoría del Pueblo (DP) publicó un informe que
decía que había superposición de los 18 lotes petroleros en la Amazonía (que
se van a subastar en julio próximo) con las Areas Naturales Protegidas y
que, por tanto, Perupetro debía solucionar este problema.
La respuesta de su presidente, Daniel Saba, fue decir que este informe de la
DP era el primero que destacaba la influencia de grupos de interés
generadores de conflictos o que dificultan su solución, "lo que preocupa a
Perupetro porque estos mensajes se encubren tras una supuesta protección de
los derechos indígenas" (presentación en la Comisión de Energía y Minas del
Congreso). Y sobre las denuncias de la existencia de indígenas "no
contactados" en algunos de esos lotes, contestó: "Es absurdo decir que hay
pueblos 'no contactados', cuando nadie los ha visto. Entonces, ¿de qué 'no
contactados' nos están hablando?" (Reuters, 25/4/07). Sin comentarios.
Ecuador define su política energética incorporando las preocupaciones sobre
el cambio climático y los derechos de los pueblos indígenas, poniendo al
Estado en el centro de las decisiones políticas sobre el uso de los recursos
energéticos. Nuestra política de extracción de los recursos petroleros no
tiene por qué ser la misma (ese tema lo ya lo hemos tratado en otros
artículos). Pero sí tenemos la obligación de respetar las Áreas Naturales
Protegidas sin denostar a la Defensoría del Pueblo, a los grupos
ambientalistas ni a los indígenas "no contactados". Pero, sobre todo, debe
ser el Estado (y no las empresas privadas), quien defina la política
energética del país.
El presente artículo fue publicado en el
periódico La República, y está disponible en la bitácora del autor
Cristal de Mira. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 52 el
13 de junio de 2007. Se
reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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