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Cada vez más gobiernos del Norte y el Sur, agencias bilaterales de
desarrollo, bancos multilaterales de desarrollo y grandes ONG
conservacionistas arguyen que habría que compensar a los “países” por la
protección de los “reservorios de carbono” en los bosques. Según algunas
propuestas, los planes de protección de los bosques de los gobiernos del Sur
generarían derechos de contaminación que estos gobiernos podrían vender a
las industrias del Norte para permitirles que continúen con sus prácticas
contaminantes de siempre.
Prácticamente todos los entusiastas de tales políticas de “deforestación
evitada” rechazan el enfoque “proyecto por proyecto” de conservación de los
bosques. Para esta opción de política, que en la terminología oficial de la
Convención sobre Cambio Climático se conoce como Reducción de emisiones de
la deforestación (RED), lo que quieren es planes nacionales o regionales que
abarquen grandes superficies de bosque. Con esto, alegan, se reducirían los
costos de supervisión, pues es mucho más barato medir la deforestación desde
un satélite que visitar cantidades de proyectos diferentes sobre el terreno.
Quienes proponen la “deforestación evitada” (DE) dicen también que acreditar
los “países” en tanto agentes responsables de salvar los bosques
contribuiría a promover un enfoque más amplio de las políticas forestales
nacionales, que a su vez podría ayudar a impedir que la protección del
bosque en un lugar lleve a la deforestación en otra parte del mismo país.
No obstante, con toda la excitación en torno a la DE se ha prestado
relativamente poca atención a los riesgos y problemas sociales y al impacto
potencial sobre los pueblos indígenas y las comunidades locales que dependen
de los bosques para su sustento, cultura y bienestar. Los movimientos y
activistas por los bosques tendrán que participar en este debate debido al
gran impacto que podría tener sobre sus bosques ancestrales y sus derechos y
libertades fundamentales.
¿Fondos públicos o comercio mundial de carbono?
Algunos gobiernos, entre los que se destaca el de Brasil, proponen que los
incentivos económicos para que los países en desarrollo protejan los bosques
deben proceder de un fondo internacional especializado creado con dinero
público de países donantes. En el informe del gobierno británico Stern
Review on the Economics of Climate Change (“Informe Stern sobre la
Economía del Cambio Climático”) publicado a principios de 2007, el ex
economista del Banco Mundial sir Nicholas Stern recomienda que “... el apoyo
internacional a la acción de los países para impedir la deforestación debe
empezar en cuanto sea posible...” mediante planes piloto que “... podrían
basarse en fondos [creados] con contribuciones voluntarias de países
desarrollados, empresas y ONG”. Stern sugiere que los fondos públicos para
la DE podrían destinarse allí donde sean más beneficiosos en un país y
utilizarse para trabajar en la reducción de la pobreza y las causas
subyacentes de la deforestación.
Por otra parte, grandes ONG conservacionistas, empresas de “finanzas del
carbono” y “forestación del carbono” y algunos gobiernos del Sur como Costa
Rica y Papúa Nueva Guinea alegan que los fondos públicos nunca brindarán
suficiente dinero para garantizar la financiación adecuada y sostenida de la
deforestación evitada. Este grupo sostiene que solamente un comercio global
de créditos de contaminación podría proporcionar fondos suficientes para
planes RED efectivos. Entre los defensores del comercio de DE se encuentran
cada vez más consultores de empresas de finanzas del carbono ansiosos por
ganar mucho dinero con el comercio del carbono de los bosques, como por
ejemplo EcoSecurities. Estas compañías y estos empresarios, junto con varios
científicos forestales, grandes ONGs y el Banco Mundial, están ahora
dedicados a ejercer una fuerte presión sobre los gobiernos donantes para
convencerlos de que brinden apoyo legal e institucional a los mercados
mundiales de carbono de los bosques.
El Banco Mundial busca captar fondos mundiales del carbono
En relación con el financiamiento mundial de la retención del carbono de los
bosques, el Banco Mundial apoya una mezcla de enfoques públicos y de
mercado. El Banco se está moviendo con rapidez intentando captar todo nuevo
fondo para la deforestación evitada como componente central de su
controvertida propuesta de una nueva Alianza Forestal Mundial (GFA) con
grandes ONGs conservacionistas como The Nature Conservancy, Conservation
International y el WWF. En el marco de la GFA el Banco pretende establecer
planes piloto de deforestación evitada en cinco países tropicales en virtud
de su propuesta Forest Carbon Partnership Facility (FCPF) y solicitó
al Grupo de los 8 países más industrializados que respalde esta iniciativa
en su próxima cumbre, que se realizará en Alemania en junio de 2007.
Mientras tanto, el Banco ya está invitando a los gobiernos de Papúa Nueva
Guinea, Costa Rica e Indonesia y a organismos regionales de Brasil y la
República Democrática del Congo a financiar la protección de los bosques
mediante la deforestación evitada. En mayo de 2007 el Banco Mundial procuró
persuadir a estos países de firmar acuerdos para limitar las emisiones de
carbono causadas por la deforestación para 2009 o 2010 a cambio de US$ 250
millones en inversiones.
¿Otra vez el PAFT?
Sin embargo parece que una vez más los planes del Banco Mundial, los
gobiernos y las ONGs para combatir la deforestación en lo nacional, así como
sus propuestas de incluir la conservación en la economía mundial del
carbono, se están elaborando con poca o ninguna participación informada de
los pueblos de los bosques que podrían resultar afectados. Durante una
reunión realizada recientemente en Oxford, el Programa por los Pueblos de
los Bosques recibió una desagradable sorpresa al oír de los consultores
forestales que los derechos humanos y los problemas de los pueblos indígenas
son un “asunto lateral” y una “distracción” de las políticas de protección
de los bosques. Admiten que desgraciadamente algunos pueblos indígenas
podrían resultar “destrozados”... ¡pero este puede ser el precio que hay que
pagar para lograr el objetivo más importante de retardar el cambio
climático!
Sin embargo, cualquier expansión e instrumentación rápida de los planes de
DE sin la participación de los pueblos de los bosques y sin la debida
consideración a los derechos y asuntos sociales corre el riesgo de repetir
los errores anteriores de las fracasadas iniciativas mundiales para
enfrentar la deforestación tropical (como el Plan de Acción Forestal en los
Trópicos (PAFT) dirigido por la FAO y el Banco Mundial en la década de
1980). [i]
Riesgos sociales potenciales
Quienes apoyan los nuevos planes de “deforestación evitada” alegan que las
tasas de compensación deben ser superiores a las ganancias de otros usos de
la tierra que causan directamente la deforestación (como la expansión de la
palma aceitera, las plantaciones industriales de árboles, la conversión a la
agricultura, la extracción de hidrocarburos, etc). Según cifras actuales,
cada año los gobiernos podrían ganar cientos o incluso miles de millones de
dólares por no cortar los bosques.
Dichas sumas podrían llegar a ser suficientemente elevadas como para crear
incentivos para que las autoridades de los bosques estatales y las zonas
protegidas expulsen de los bosques a quienes consideren “invasores”. En su
afán de recibir pagos compensatorios por mostrar a los satélites que el
bosque ya no se tala ni se quema, los organismos de protección de los
bosques excesivamente puntillosos podrían sentir la tentación de expulsar a
los agricultores itinerantes e impedir cualquier uso del bosque por parte de
los habitantes tradicionales del bosque y otras comunidades que de él
dependen.
Políticas forestales impuestas desde arriba y el regreso de la “conservación
con pistolas y guardianes”
Entre los posibles resultados se cuentan el aumento del control del Estado
sobre los bosques, que se culpe injustamente a los pueblos indígenas y
marginales de ser las “fuerzas motoras” de la deforestación, la violación de
derechos consuetudinarios sobre la tierra y territoriales, la división del
bosque en zonas a cargo del Estado y las ONGs sin participación informada de
los habitantes del bosque, la imposición desigual de los costos de la
protección del bosque a los pueblos indígenas y las comunidades locales
mediante contratos comunitarios desiguales y abusivos, especulación de
bienes raíces, usurpación de tierras y conflictos por la tierra (empeorados
por demandas rivales de compensación DE), corrupción y malversación de
fondos internacionales por parte de las élites nacionales y mayores
desigualdades y conflictos potenciales entre beneficiarios y no
beneficiarios de fondos DE.
¿RED o REDD?
Entre quienes proponen los nuevos planes DE hay quienes quieren, como el
gobierno de India, que los planes de reforestación y regeneración natural
también reciban compensación, igual que la conservación de los bosques. Esta
idea se denomina Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD).
Otros señalan que la inclusión de planes de reforestación plantearía los
mismos problemas científicos y sociales que se asocian con los muy
criticados proyectos de compensación de carbono que implican la plantación
de árboles. [ii] También surgirían dudas en cuanto a qué cuenta como
“degradación”. Otros defensores influyentes de la DE como Brasil sostienen
que los planes globales deben limitarse a la deforestación solamente (RED).
Problemas no resueltos con el comercio de carbono
Un problema de la DE es que requiere que se mida cuánto bosque se ha salvado
por encima del “umbral” de una tasa de deforestación del tipo “negocios
normales”. Dicha tasa, por supuesto, será determinada por un reducido
círculo de especialistas técnicos, con todas las posibilidades de corrupción
intelectual que ello implica.
Los planes que incluyen el comercio de carbono tienen otro problema. Algunas
organizaciones de pueblos indígenas y campañas por la justicia social han
cuestionado la ética, política y ciencia del comercio de existencias de
carbono en el mercado internacional. [iii] Estos críticos no aceptan la idea
de que el cambio climático pueda o deba resolverse permitiendo a los
emisores industriales y corporativos del Norte comprar a los gobiernos de
los países del Sur que tienen muchos bosques el “derecho” a seguir
contaminando. También rechazan la noción de que el valor de los bosques
pueda reducirse al valor monetario de sus reservas de carbono y destacan que
para su gente los valores culturales y espirituales no monetarios de sus
bosques tienen la mayor importancia y deben respetarse. Sostienen que el
comercio de créditos de carbono no es práctico porque no enfrenta la causa
principal del cambio climático: continuación y aumento de las emisiones de
combustibles fósiles. [iv]
Luego está la cuestión de la propiedad y la soberanía: ¿Pueden los
compradores extranjeros “adquirir” reservas de carbono en bosques en pie que
no pertenecen al Estado ni a propietarios individuales sino que más bien son
una posesión colectiva según las leyes consuetudinarias y el título
aborigen? En tales casos, ¿cómo y en qué términos se obtendría el
consentimiento previo?
¿Y los pueblos de los bosques?
Hay quienes argumentan que con un fondo público podrían evitarse muchos de
los problemas científicos, legales y éticos asociados con un mercado global
del carbono –aunque no la cuestión esencial de permitir que los
contaminadores sigan contaminando. Además, los fondos públicos y de la
Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) para planes DE mundiales y
nacionales en gran escala podrían acarrear también riesgos sociales. Ante
ello, quienes apoyan la idea responden que si estos riesgos pueden
eliminarse o reducirse, las políticas DE y un aumento de la financiación por
fuera del comercio del carbono podrían ofrecer algunas oportunidades
importantes a los pueblos indígenas y las comunidades que dependen de los
bosques. Sin embargo, poco se dice acerca del pleno respeto de sus derechos
o sobre sus prioridades y capacidad de toma de decisiones en el diseño y la
instrumentación de las políticas de deforestación evitada.
En caso de que estos esquemas fueran instrumentados, las políticas AD
deberían al menos incluir sólidas garantías, que puedan hacerse cumplir
localmente, de que se respetarán los derechos humanos y se abordarán los
asuntos relacionados con la igualdad, el gobierno y los derechos. Las
promesas vagas de que todos esos asuntos se resolverán con la futura
certificación de los bosques RED, como alegan muchas ONGs conservacionistas
y el Banco Mundial, no alcanzan. Deben establecerse garantías seguras de que
se respetarán los derechos de los pueblos de los bosques antes de que los
gobiernos, los donantes internacionales y los bancos multilaterales de
desarrollo arremetan con los planes RED.
Se necesita un debate urgente sobre los aspectos sociales de las políticas
de deforestación evitada
Como primer paso es esencial que los pueblos indígenas y otros movimientos
de base participen plenamente, en lo nacional y en lo internacional, en el
debate sobre los pro y los contra de la deforestación evitada en las
políticas climáticas globales.
¿Quién decidirá cuáles zonas de bosque estarán o no en los planes DE
nacionales? ¿Quién decidirá sobre la tenencia de la tierra y los derechos de
propiedad sobre los bosques incluidos en programas de deforestación evitada?
¿Quién determina cuáles son los bosques que podrían aspirar a un pago REDD y
en qué forma? ¿Cómo habría que usar los bosques protegidos? ¿Qué actividades
se permitirían y cuáles serían prohibidas en los bosques protegidos con el
fin de recibir una compensación DE? ¿Quién recibirá los pagos
compensatorios? ¿Beneficiarán realmente a los habitantes locales estos
planes?
Este debate debe comenzar sin dilación para que los pueblos de los bosques
puedan evitarse una nueva ronda de políticas forestales mundiales y
nacionales impuestas de arriba a abajo que no toman en cuenta sus derechos
ni sus intereses. Los movimientos por los bosques deben organizarse para
debatir estos asuntos, desafíos y oportunidades lo más pronto posible de
modo de poder comprometer a los gobiernos y responsables de las políticas.
Sin esto, lo más probable es que no se respeten sus derechos en el diseño y
la instrumentación de las futuras políticas de deforestación evitada.
Notas:
[i] Véase Colchester, M y Lohmann, L (1990) The Tropical Forestry Action
Plan: What Progress?, WRM y The Ecologist, Penang y Sturminster Newton.
[ii] WRM (2000) Climate Change Convention: Sinks that stink WRM, Montevideo.
[iii] Foro Internacional de Pueblos Indígenas y Comunidades Locales sobre
Cambio Climático (2000) “Segundo Foro Internacional de Pueblos Indígenas
sobre Cambio Climático -Declaración de los Pueblos Indígenas sobre el cambio
climático”, La Haya, 11 y 12 de noviembre de 2000.
[iv] Véase especialmente Lohmann, L (2006) “Carbon Trading: a critical
conversation on climate change, privatisation and power”, Development
Dialogue No.48 (setiembre de 2006).
El presente artículo fue publicado en el Boletín
Nº 118 del WRM (World Rainforest
Movement), mayo de 2007Reproducido en el semanario Peripecias Nº 54 el
27 de junio de 2007. Se
reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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