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E. Gudynas es analista de información en D3E CLAES.
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En los últimos meses ha recrudecido el embate para construir una central
nuclear en Uruguay. Sus promotores están en todos los partidos políticos, y
apuntan a derogar la ley que prohíbe la generación de energía nuclear en
territorio uruguayo.
Este “lobby nuclear” ha ganado mucha fuerza en el marco de una nueva crisis
energética. En este duro invierno estallaron problemas con el supergás, lo
que dejó al descubierto, en primer lugar, otras dificultades en el manejo de
la refinería de La Teja, y más tarde, la falta de acuerdos en una estrategia
energética concreta. Parecería que se están ensayando varios casos a la vez:
hay un tibio apoyo a las energías renovables, pero a la vez se anuncia que
se entrenarán técnicos uruguayos en el manejo de centrales nucleares en
Argentina, se dice que usaremos los biocombustibles pero por otro lado se
coquetea con la idea de una central a carbón.
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La seguridad nuclear: Mientras que en Montevideo se defendía la
seguridad nuclear, las centrales nucleares alemanas de Brunsbuettel -
Kruemmel ardían.
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En esas marchas y contramarchas siempre aparece la cuestión nuclear. En
tanto esa opción despierta los comprensibles temores de la población, ya que
todos recuerdan el catastrófico accidente nuclear de Chernobyl, ahora se
insiste en que esa tecnología es segura y confiable.
El ex director de energía Alvaro Bermúdez, en su defensa de esa tecnología,
ha sostenido que un reactor nuclear sería “absolutamente seguro”. Esas
declaraciones eran apoyadas por un elenco tan diverso de
actores como Carlos Maggi y Alberto Volonté. Mientras eso decía en la
radio El Espectador, ese mismo día, al otro lado del mundo, en Alemania, una
sección de la central nuclear de Brunsbuettel, ardía en llamas.
Así está el debate en Uruguay. Mientras la prensa propaga la idea de la
seguridad, nada se dice sobre los recurrentes accidentes y fallas de las
centrales nucleares. Es más, en las últimas semanas se ha insistido en
instalar un "reactor del pueblo"
ideado por un científico iraní. Es un modelo de reactor que todavía no
existe, ya que es un proyecto teórico, y que cuenta con entusiastas
defensores a pesar de que no existen antecedentes sobre su real eficiencia,
seguridad o costo final.
Aquél programa de radio fue un ejemplo de la
pobreza en que se está desarrollando esta discusión, en la que se repiten
las voces de aliento en ausencia de argumentos alternativos. Los
nuclearistas aprovechan los vacíos de un debate serio, con argumentos a
favor y en contra, y avanzan poco a poco. Una parte significativa de la
prensa no los enfrenta con preguntas esenciales (ningún periodista hurgó en
las contradicciones entre la supuesta seguridad y los repetidos accidentes y
fallas de funcionamiento de esas centrales). De esta manera se cae en un
entrevero de ideas.
El entrevero de ideas
Hay defensores de la energía nuclear que afirman que es una fuente de
energía limpia y por lo tanto "ecológica".
Están equivocados. Es cierto que las usinas nucleares emiten menos gases con
efecto invernadero, pero generan las basuras más peligrosas que produce el
hombre: los residuos nucleares. No sólo son radiactivos, sino que persisten
por siglos, y su producción no tiene nada de ecológica. Son dañinos para la
salud humana, para la fauna y la flora, contaminan suelos y aguas, y
persisten por mucho tiempo.
Esos residuos son uno de los talones de Aquiles de esa fuente de energía. Es
indispensable analizar con seriedad cómo se manejarán esos residuos, cuánto
costará esa tarea, y cuáles son sus implicancias. Si la Intendencia de
Montevideo a duras penas puede con la basura común, es evidente que esas
dudas son razonables. Cualquier gestión de esa basura nuclear requiere altos
niveles de seguridad, en muchos casos debe ser militarizada por el peligro
del uso terrorista, y es, por sobre todas las cosas, muy caro. Pensemos
además dónde se ubicará el basurero nuclear uruguayo. Actualmente está en
marcha un conflicto vecinal en Empalme Olmos debido a las resistencias a
recibir la usina para las basuras del área metropolitana. Si la gente
resiste ese basurero, seguramente rechazará todavía más enérgicamente un
cementerio nuclear. El basurero nuclear que Estados Unidos planea construir
en el estado de Nevada costará por lo menos 60 mil millones de dólares,
¿cuánto costará el nuestro? ¿Los defensores uruguayos aceptarían que se
entierren en los sótanos de sus casas productos como Uranio 234 o Plutonio
238, y que deberán vigilar sus descendientes por varias generaciones?
El repetido argumento sobre la seguridad de los reactores nucleares también
es incorrecto. No sólo recordamos la tragedia de Chernobyl, sino que un
examen del funcionamiento actual de los reactores demuestra que enfrentan
fallas y fugas de manera regular, en especial por pérdidas de agua y vapor
contaminados. Como comentaba más arriba, mientras en la radio uruguaya se
decía que esas centrales eran seguras, no sólo tuvo lugar el accidente
alemán en la central de Brunsbuettel, sino que persistió por varios días,
arrastrando a su vez a la central nuclear de Kruemmel. A pesar de todo esto,
los analistas y la prensa local siguen firmes en ignorar la experiencia
internacional.
Las lecciones del accidente nuclear japonés
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Un incendio que no existe: Las autoridades negaron los impactos del
terremoto sobre la planta nuclear de Kashiwazaki-Kariwa. Esta fotografía
muestra el incendio.
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Poco después del accidente alemán, tuvo lugar otro caso. El terremoto que
golpeó Japón el pasado 16 de Julio, provocó daños en la central nuclear de
Kashiwazaki-Kariwa, la generadora nuclear de electricidad más grande del
mundo. Ese caso, también ignorado en los medios convencionales nacionales,
encierra muchas lecciones para Uruguay.
Se suponía que esa planta japonesa era a prueba de terremotos hasta de
mediana escala, que estaba construida en una zona que no era sísmica, que
tenía las mejores tecnologías de seguridad, y que por lo tanto era inocua.
En otras palabras, era tan segura como tener una imprenta o una tornería a
la vuelta de la esquina.
Primera sorpresa: el terremoto de inicios de julio alcanzó una intensidad
mayor a la que podía soportar su estructura. Segunda sorpresa: después del
accidente se descubrió que la usina había sido edificada encima de una falla
en la corteza terrestre, que hasta ese momento no era conocida. Eso dejó en
evidencia que las evaluaciones previas fueron incompletas e insuficientes.
Tercera sorpresa: muchos mecanismos de seguridad funcionaron, pero otros no,
y se desencadenaron varios problemas, incluyendo pérdida de material
radioactivo hacia el aire y el agua.
En Japón, muchos vecinos rechazan la instalación de usinas nucleares
temerosos de un posible accidente. Los vecinos de Kashiwazaki-Kariwa
denunciaron que esa usina se encontraba sobre una zona sísmica y reclamaron
que se detuviera la construcción de nuevos reactores. Perdieron el caso en
2005. En casi todos los casos, las demandas de esos ciudadanos nunca
triunfan ya que el gobierno les aseguraba que las plantas son seguras, y que
los estudios científicos demuestran sin lugar a dudas que nada malo les
ocurriría. Pero una vez más los vecinos estaban en lo correcto, y se
equivocaban algunos científicos y casi todos los funcionarios
gubernamentales.
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Después del terremoto en Japón: Autopista de acceso a la planta nuclear
Kashiwazaki-Kariwa, al fondo, dañada por el sismo.
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A lo largo de esta crisis, el gobierno japonés primero negó fallas en las
centrales Kashiwazaki-Kariwa, después negó que estuvieran construidas sobre
una falla sísmica, y también negó pérdidas de material radioactivo. A medida
que pasaban los días se descubrió que mintió en todos los casos. Finalmente
se supo que tuvieron lugar 53 problemas desencadenados por el terremoto,
incluyendo un incendio, rotura de cañerías, rotura de envases de residuos
radioactivos, y pérdidas de gases contaminados hacia el sistema de
ventilación. Primero se negó la contaminación de las aguas del Mar de Japón,
para luego tener que admitirlo, y ahora está en marcha una discusión sobre
el nivel de radioactividad y sus consecuencias. Finalmente, el gobierno
japonés no sólo tuvo que reconocer todos estos problemas, sino que decidió
cerrar las plantas por tiempo indefinido.
Algunos dirán que el ejemplo japonés no es apropiado, ya que en Uruguay no
padecemos terremotos. Pero la advertencia está en reconocer que siempre hay
imponderables, donde las justificaciones técnicas siempre son provisorias.
Pero además, este caso muestra la dinámica usual ante el sector nuclear. Sus
dueños, usualmente grandes empresas privadas, y los gobiernos, siempre
niegan que constituyan un peligro para la seguridad pública, ocultan la
información sobre los accidentes, y siempre intentan minimizar cualquier
dificultad.
Japón, con 55 plantas nucleares, ofrece muchos ejemplos. En 2003, se
debieron cerrar 17 usinas nucleares al descubrirse que la empresa que las
operaba falsificaba los reportes de seguridad e inspección, mientras que en
marzo de 2007, los dueños de otra central nuclear debieron admitir que
habían ocultado información sobre un accidente nuclear crítico en 1999.
Pensando en Uruguay, un país donde los indicadores de calidad de agua de OSE
no están disponibles, no se conocen los contaminantes que arrojan las
generadoras de electricidad o la refinería de petróleo, ¿quién brindará
información confiable y transparente sobre nuestras centrales nucleares?
El ejemplo japonés también advierte sobre el papel de las evaluaciones
técnicas. Luego de este accidente, varios académicos especializados en
terremotos y seguridad urbana, alertaron que las exigencias de seguridad
impuestas por el gobierno japonés eran muy vagas e imprecisas. Incluso
denunciaron que algunos de los miembros del comité nacional que diseñaba
esos estándares eran técnicos e ingenieros con estrechas relaciones con las
empresas de energía nuclear. ¿Qué pasaría en Uruguay? ¿Quiénes establecerían
las normas nacionales de seguridad nuclear? ¿Quién controlaría esas
centrales?
Finalmente, el caso japonés indica que nadie puede defender con seriedad el
mito de las centrales a prueba de fallas. Volviendo al caso alemán, a pesar
de su conocida meticulosidad y experiencia, sus centrales han acumulado más
de 600 incidentes en los últimos treinta años. La mejor seguridad no evita
las fallas, sino que permite enfrentarlas a tiempo, aunque eso hace que los
costos de operación se eleven, y que regularmente las plantas deben ser
apagadas para revisiones y reparaciones. Justamente ese es el problema con
las centrales de Atucha en Argentina o Angras en Brasil. Pero además, los
accidentes por más que sean raros o infrecuentes, tienen unos costos enormes
y unos niveles de peligrosidad fantásticos.
Autonomía y comercio
Otra línea de defensa apunta a invocar la autonomía energética. En tanto
Uruguay carece de petróleo, se razona que con una central nuclear podríamos
ser independientes de los hidrocarburos. Hasta donde se sabe, nuestro país
también carece de uranio, y por lo tanto también deberemos comprar el
combustible nuclear en el exterior. Nos hundiremos en la dependencia de
comprar combustible nuclear en el exterior, el que también es escaso y mucho
más costoso.
Asimismo, el comercio con ese tipo de combustible no es una cuestión menor,
ya que es agudamente vigilado por agencias internacionales y de Estados
Unidos. También se examinan las centrales nucleares y se controla el uso de
la basura radioactiva, ya que cualquiera de esos pasos no sólo es peligro
por sus efectos ambientales y sanitarios, sino por sus posible usos con
fines terroristas. No existen revisiones internacionales sobre la refinería
de La Teja, pero tenga por seguro que tendremos “inspectores
internacionales” que visitarán regularmente nuestros reactores. Además, si
decidimos no enterrar la basura nuclear en nuestro suelo, deberemos pagar
por alojar esos residuos en el exterior, lo que no será nada barato.
En este artículo se ofrecen sólo algunos argumentos que rebaten la tesis
nuclearista. Estas muestras dejan en claro que la energía nuclear no es una
opción para el país, donde un examen más riguroso, y con una prensa más
incisiva, servirá para volver a dejar en evidencia todos sus riesgos y
efectos negativos.
Mitos y sueños en el Uruguay atómico
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Los defensores dicen …
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Pero en realidad …
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La energía nuclear es una energía limpia
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La energía nuclear es una energía muy sucia. Su
combustible y sus residuos están entre las basuras más peligrosas que genera
el hombre: son radioactivas, y tienen efectos de alta peligrosidad sobre el
ser humano, la fauna y flora, y contaminan los suelos, aire y agua.
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Las centrales nucleares generan pocos gases que
impactan en el clima global
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Las centrales nucleares emiten menos gases, pero
generan basura radioactiva, que persiste por siglos, muy radioactiva, y muy
peligrosa. No existe tecnología para una disposición final que brinde
seguridad por siglos.
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Las centrales nucleares son baratas
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Las centrales nucleares son muy caras, ya que se
deben sumar los costos de seguridad, los elevados costos de manejo de la
basura nuclear, y los costos de los accidentes.
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Hay nuevas tecnologías que brindan total seguridad a
las centrales nucleares
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Falso. Persisten regularmente los accidentes en las
centrales nucleares, aunque se logra evitar que pasen a una mayor escala.
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Hay nuevos “reactores del pueblo”
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Falso. Las inversiones en energía nuclear son de tal
envergadura que siempre están en manos de gobiernos o grandes corporaciones,
y nunca en manos del “pueblo”. El sector es tan peligroso, que siempre está
rodeado de medidas de una seguridad militarizada. Los accidentes son
ocultados y minimizados por las corporaciones y los gobiernos. Los ciudadanos
quedan indefensos.
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La energía nuclear nos brindará independencia
energética
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La energía nuclear nos obligará a comprar
combustible en el exterior, a comprar la tecnología de las centrales, y
Uruguay estará sujeto a monitoreos y evaluaciones de las agencias de
seguridad internacionales. Asimismo, deberemos comprar espacio o tecnología
para la basura de nuestros reactores.
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Incidentes en las tierras de la rigurosidad alemana
Lista de las centrales nucleares en Alemania, sus fechas de inauguración y
el número de incidentes y accidentes conocidos para cada una de ellas. El
promedio aproximado es de 20 incidentes por año. Basado en un reporte de
Spiegel, 23 julio 2007.
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Nombre de la usina
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Fecha puesta en marcha
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Incidentes y accidentes
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Brunsbuttel
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1976
|
74
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Unterweser
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1978
|
35
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Emsland
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1988
|
33
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BiblisA
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1974
|
60
|
|
Biblis B
|
1976
|
61
|
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Philippsburg 1
|
1979
|
42
|
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Philippsburg 2
|
1984
|
26
|
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Neckarwestheim 1
|
1976
|
27
|
|
Neckarwestheim 2
|
1989
|
18
|
|
Brokdorf
|
1986
|
42
|
|
Kruemmel
|
1983
|
56
|
|
Grhonde
|
1984
|
38
|
|
Grafenrheinfeld
|
1982
|
27
|
|
Isar 1
|
1977
|
31
|
|
Isar 2
|
1988
|
13
|
|
Gundremmingen B
|
1984
|
33
|
|
Gundremmingen C
|
1984
|
28
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Una versión resumida del presente artículo se
publicó en La República el 14 de julio 2007. La
presente versión fue publicada
en Factor/S Nº
59, Montevideo, agosto 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
60 el 8
de agosto de 2007. Se permite la reproducción del
artículo siempre que se cite la fuente.
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