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La bioenergía es una de las opciones renovables que la humanidad tiene por
delante para satisfacer sus necesidades energéticas. No obstante el término
“bioenergía” comprende varias tecnologías algunas más eficientes y
apropiadas que otras. En las condiciones actuales de la oferta y demanda de
energía en el mundo, el uso masivo de las biomasas como fuente energética
parece ineludible. Pero los biocombustibles tal como se están promoviendo en
la actualidad, estrictamente restringidos al etanol y el biodiesel (que
nosotros preferimos llamar “agrocombustibles” en virtud la materia prima y
las características de los cultivos utilizados) de no parecen ser los de
mejor performance desde el punto de vista energético y ambiental. Su
evolución futura, para ser compatible con los objetivos de un desarrollo
ambiental y políticamente sustentable, tiene que encontrar formas para
conciliar varios intereses contrapuestos.
Las precauciones y debates que hoy se tienen a raíz de la emergencia de los
agrocombustibles es resultado de las enseñanzas nos ha dejado la historia de
la apropiación humana de la energía, especialmente durante el siglo pasado.
Por estas enseñanzas hoy sabemos que sólo las razones científicas y técnicas
no alcanzan, que sólo las variables económicas no son suficientes y que toda
tecnología para la transformación de la energía en energía útil tiene
impactos sociales y ambientales y externalidades económicas positivas y
negativas.
En virtud de ello, para analizar las oportunidades y conveniencia de la
producción de agrocombustibles es necesario considerar algunos temas
inherentes a la tecnología en sí (la transformación de la energía solar en
combustibles a partir de su apropiación por cultivos agrícolas), las
circunstancias nacionales o regionales particulares, y los procesos globales
que tienen influencia en el negocio.
A partir de lo anterior se abren varios puntos que deben tenerse en cuenta:
1) El balance energético de los agrocombustibles, que está asociado a la
materia prima utilizada, la forma de cultivo, y la “frontera” del sistema de
producción.
2) La sustentabilidad ambiental de la producción, es decir la adecuación a
las condiciones ambientales locales, la conservación de los recursos
naturales y los agro-ecosistemas.
3) La sustentabilidad social: la capacidad del sistema de producción y
comercialización de mejorar la distribución de la riqueza y permitir la
participación de los involucrados en la toma de decisiones.
4) El papel de los agrocombustibles en la matriz energética nacional.
5) El balance económico (balanza comercial, equilibrio fiscal, precios
internos, etc.).
6) El conflicto con la producción de alimentos. Ya hay indicios de aumento
de los precios de los productos alimentarios así como del valor de la tierra
e insumos necesarios para su cultivo.
7) La influencia de los factores externos: agotamiento del petróleo y cambio
climático.
Veremos en detalle cada uno de estos puntos y luego la situación del mercado
de los agrocombustibles en algunos países específicos: Argentina, Brasil y
Bolivia.
1) El balance energético de los agrocombustibles
No todos los vegetales captan la misma cantidad de energía solar ni tienen
la misma capacidad de ofrecer la energía absorbida como energía útil a
través de su transformación en agrocombustibles. Ha sido muy difundida en
los últimos tiempos los diferentes contenidos energéticos del maíz dulce
(principalmente utilizado en Estados Unidos) y la caña de azúcar (utilizada
en Brasil) para la producción de etanol. Mientras el primero entrega menos
de dos veces la energía necesaria para su producción, la caña de azúcar
rinde casi 10 veces la energía que se consume en su producción. Lo mismo
sucede en el campo del biodiesel donde la palma aceitera tiene un balance
energético tres veces mayor que la soja y así puede seguirse con los
distintos cultivos utilizados para la fabricación de los agrocombustibles.
Por otra parte, la forma de cultivo (uso de maquinaria, agroquímicos, etc.)
puede insumir mayor o menor cantidad de energía en forma de petróleo, gas
natural etc. Es necesario analizar el Ciclo de Vida del agrocombustible.
Algunos cultivos requieren la utilización de tractores, cosechadoras,
secado, destilado, transportes, etc. todo lo cual consume energía. La
producción de los fertilizantes, herbicidas e insecticidas utilizados
consumen petróleo, gas natural y electricidad.
La infraestructura necesaria para el procesamiento del producto agrícola en
agrocombustibles, así como su transporte también inciden en el balance
energético. En algunos estudios se considera hasta la energía utilizada para
la fabricación del acero y el cemento necesarios para la construcción de las
plantas de agrocombustibles. La inclusión o no de estos componentes y en qué
proporción dependen de lo que se conoce como la “frontera del sistema” y que
puede establecerse según distintos criterios (Lobato, 2007).
2) La sustentabilidad ambiental de la producción
Ya hay algunos datos que permiten afirmar que la producción de
agrocombustibles avanza sobre la frontera agropecuaria. Más allá de que se
prohíba o limite el cultivo en ciertas áreas la producción que se desplaza
tiende a abrir nuevas tierras antes intocadas. El ministro de agricultura de
Brasil Reinhold Stephanes acaba de anunciar que serán prohibidos los
cultivos de caña de azúcar en la Amazonia y en el Pantanal y que se
promoverá su cultivo en áreas de pasturas. Sin embargo, esto va a provocar
el corrimiento de la ganadería hoy presente en esos suelos hacia las zonas
vírgenes que se intentan proteger con la medida.
Por otra parte, la inserción de los cultivos para agrocombustibles en los
ecosistemas tienen los mismos riesgos ambientales que cualquier otro
cultivo. Los monocultivos a gran escala, el uso masivo de pesticidas y
fertilizantes químicos, la utilización de maquinaria, etc. tienen un alto
potencial para generar impactos ambientales negativos en el suelo, el agua y
la biodiversidad. En algunos casos como la forma tradicional de cultivo y
procesado de la caña de azúcar, se requiere de un uso importante de agua y
la quema del follaje previo a su cosecha genera grandes cantidades de gases
contaminantes (Honty y Gudynas, 2007).
3) La sustentabilidad social
Uno de los argumentos de peso para el desarrollo de los agrocombustibles es
la oportunidad de desarrollo para los sectores campesinos pobres de los
países en vías de desarrollo. Sin embargo, como demuestra la historia de los
cultivos de otros commodities, la producción y exportación de grandes
volúmenes de productos agrícolas no necesariamente redunda en una mejora de
la calidad de vida de los pequeños agricultores o trabajadores rurales. Es
más, en muchos casos la empeora dadas las condiciones de trabajo a las que
se ven sometidos.
Si bien esta situación es apreciable en varios países y rubros agrícolas, en
particular es relevante para este análisis la situación de buena parte de
los trabajadores de la caña de azúcar en Brasil (base del etanol para
consumo nacional y para exportación) que reiteradamente presenta casos de
aberrantes condiciones de trabajo. Las autoridades brasileñas, especialmente
del Estado de San Pablo principal productor de caña de azúcar,
periódicamente “liberan” trabajadores rurales en situación de “esclavitud”.
Por otra parte la mecanización actual y futura de las grandes plantaciones
muestra que si no se toman algún tipo de medidas específicas, la mano de
obra utilizada será cada vez menor en el sector. Un estudio de caso de la
soja en Brasil demuestra que azúcar, mientras que en 1985 se producían
18.278 toneladas de soja con 1.694.000 agricultores, en 2004 se produjeron
49.792 toneladas con apenas 335 mil trabajadores (Schlesinger, 2006).
Por lo tanto, no puede asociarse directamente exportación de
agrocombustibles con mejora de las condiciones de vida rural, si no se toman
algunas medidas que aseguren la calidad del trabajo, los ingresos de los
trabajadores rurales y agricultores y la mejora de la calidad de vida.
Brasil está intentando algo en el caso del biodiesel con el “Sello Social”
pero es aún incipiente y claramente insuficiente.
4) La inserción en la matriz energética nacional
Los agrocombustibles pueden jugar distintos papeles en distintos países de
acuerdo a su realidad nacional y su inserción regional. Claramente para los
países que no poseen reservas de hidrocarburos o estas son insuficientes,
como puede ser el caso de Paraguay, Uruguay, Chile o Argentina, esta fuente
energética puede resultar muy importante, mientras que para países
ampliamente excedentarios como Venezuela, no tienen prácticamente ningún
significado.
Para países con reservas pero menores, la utilización de los
agrocombustibles en lugar de consumir sus reservas puede representar una
buena inversión a futuro. En un futuro no muy lejano el petróleo ya no sea
utilizado como combustible sino para otras aplicaciones donde no tiene
sustituto como la petroquímica. Este punto se analizará más abajo.
5) El balance económico
Asociado con lo anterior, la producción de agrocombustibles puede tener un
impacto positivo en países importadores de petróleo (sustituyendo el consumo
interno de derivados con el consecuente ahorro de divisas), o puede generar
ingresos por exportación. Esto dependerá de la realidad de cada país, de su
legislación y su economía y debe ser analizado caso a caso. El efecto puede
ser diferente en producciones más descentralizadas basadas en pequeños o
medianos emprendimientos que en grandes concentraciones de tierras o de
otros medios de producción con participación más o menos monopólica de las
grandes corporaciones de agronegocios.
Por otro lado, es de esperar a futuro un aumento de los insumos
agropecuarios, en parte por la propia dinámica del aumento de la demanda de
agrocombustibles y en parte por la disminución de la disponibilidad de
“petróleo barato” para la fabricación de agroquímicos. Considerando que la
mayoría de los países latinoamericanos importan buena parte de los insumos
agropecuarios es esperable un efecto negativo en su balanza comercial.
6) El conflicto con la producción de alimentos
Sin embargo, un efecto que se está comenzando a sentir es el impacto del
mercado de los agrocombustibles en los precios de los alimentos y otros
productos agrícolas. Esto está siendo influido, no sólo por la competencia
por la cantidad de tierra dedicada al cultivo de uno u otro producto, sino
por el impacto indirecto del aumento de los precios de la tierra, de los
precios de los fertilizantes e insumos agropecuarios y del aumento de los
precios internacionales de los mismos granos, que pueden tener usos
alimentarios o energéticos, como el maíz, la soja o la caña de azúcar.
Este es un problema complejo para los países latinoamericanos. En una
economía globalizada como la actual, puede ser muy difícil para un país
tomar decisiones para dirigir el destino del uso de la tierra o asegurar
precios accesibles para los alimentos. Si hay una demanda internacional
importante de agrocombustibles que presione los precios de los granos al
alza, va a ser complicado para un gobierno evitar las inversiones
extranjeras, o que los grandes propietarios criollos no se orienten a estos
cultivos de exportación. Esto puede limitar la producción de alimentos para
consumo interno y puede conducir a un alza general de los precios
internacionales de los productos alimentarios que impida el acceso a ellos
por parte de la población de menores recursos económicos.
En América Latina sigue habiendo un gran problema de sub-nutrición. Según la
FAO, más de 59 millones de personas estaban dentro de esta categoría entre
los años 2001 y 2003. En particular en Bolivia, la tasa de crecimiento de la
producción agropecuaria ha sido de 3,2% en promedio entre 1996 y 2005. Sin
embargo, la producción de alimentos per capita apenas creció 1,1% en el
mismo período, mientras el 23% de su población está dentro de la franja de
sub-nutrición. Evidentemente esta producción estuvo orientada a la
exportación, basada en monocultivos de gran escala y manejada por unas pocas
grandes empresas motivadas por un mercado externo con mayor rentabilidad que
el interno. El panorama de los agrocombustibles es muy parecido a esto.
“Es así que la promoción de agrocombustibles orientados a la exportación
contribuirá a generar las tensiones con la producción de alimentos. Este no
es un problema potencial que eventualmente podría surgir en el futuro, sino
que ese tipo de oposición ya está operando en el continente, y los
agrocombustibles las acentuarán. Bolivia junto a otros cuatro países
representan los cuatro casos mas agudos de esa problemática: las
exportaciones de agroalimentos son un alto porcentaje de sus exportaciones
totales (mas del 25%) pero a la vez tienen altos niveles de subnutrición
(mas de 10%). En efecto, Bolivia junto a Guatemala, Honduras, Paraguay y
Nicaragua, sufren la paradoja de ser grandes exportadores de agroalimentos
mientras dentro de sus fronteras hay mucha gente con problemas de
alimentación” (Gudynas, 2007).
7) Los factores externos
Hay dos factores externos que están presionando para el desarrollo acelerado
del mercado de los agrocombustibles en América latina: el agotamiento del
petróleo (o al menos la llegada a su cenit) y la amenaza del cambio
climático. Este impulso está encabezado por los países industrializados que
tienen los dos problemas: son los que están obligados por el Protocolo de
Kioto a reducir las emisiones de efecto invernadero y son quienes tienen el
mayor consumo de petróleo, un combustible que será cada días más caro. Como
la disponibilidad de tierra en estos países es insuficiente para abastecer
todo su consumo, la oportunidad –junto con el problema– se traslada a los
países en vías de desarrollo.
Pero vale la pena recordar que la contribución de América Latina al cambio
climático es muy pequeña (7%) y que en todo caso, el sector latinoamericano
que más contribuye al problema no es el de la energía, sino la
deforestación, la ganadería y la agricultura (Honty, 2007). Por lo tanto,
argumentar a favor e los agrocombustibles en razón el cambio climático sólo
puede entenderse en el sentido de ayudar a los países industrializados a
cumplir con sus compromisos, pero no como una reducción en los países en
desarrollo cuyas mayores emisiones no provienen del sector energía. En este
sentido vale la pena también preguntarse por el balance de carbono de la
producción de agrocombustibles y su proyección en las emisiones de gases de
efecto invernadero en Latinoamérica. No debe perderse de vista que las
prácticas agrícolas actuales provocan una alta emisión de óxido nitroso, un
gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento atmosférico 300
veces mayor que la del dióxido de carbono.
En algunos casos además, en virtud del balance energético que vimos en el
primer punto, también el balance de carbono puede ser negativo, dada la
cantidad de hidrocarburos que se requieren para alimentar la maquinaria
agrícola, la producción de agroquímicos y la construcción de las plantas
para la elaboración de los agrocombustibles.
Análisis de algunos países
Brasil
Sin duda Brasil es el referente para América latina –y el mundo– en materia
de agrocombustibles, particularmente el etanol a partir de caña de azúcar.
En 1975, en plena crisis petrolera, creó el Programa Nacional de Alcohol (Proálcool)
con un fuerte apoyo para inversiones en destilerías y obligando a utilizar
un porcentaje mínimo de mezcla con la gasolina. Estas y otras medidas se
convirtieron en ejemplo para el mundo sobre las posibilidades técnicas y
económicas del uso del alcohol de caña de azúcar. Ha sido por varios años el
primer productor mundial, y actualmente es el segundo, después de Estados
Unidos; permanece como primer exportador mundial. La producción está en el
nivel de 18 mil millones litros, y cuenta con 18 millones de vehículos que
utilizan alcohol en mezcla con gasolina y 3,5 millones en forma pura. Desde
el año 2003 existe en Brasil la tecnología “flexfuel” que permite al
automovilista utilizar la mezcla en cualquier proporción, lo que ha
fomentado el uso de esos combustibles. Si bien la experiencia tuvo altibajos
provocados por las caídas y alzas de los precios del petróleo, el desarrollo
tecnológico y del mercado permitió que los precios del alcohol actualmente
sean competitivos con los de la gasolina a nivel internacional. La fuerte
reducción de los costos observada en la producción de bioetanol en Brasil se
debe a varios factores, tales como el aumento en la productividad
agroindustrial (bioetanol por hectárea cultivada), que en los pasados 30
años creció a una tasa de 3,7% anual, el bajísimo costo salarial y la
externalización de los impactos ambientales.
El bioetanol se obtiene esencialmente a partir de caña de azúcar. El área
total de cultivo es de 6,4 millones has, y un 7,6% se dedica al bioetanol.
La productividad está en el orden de los 6 mil litros por hectárea. El
sector logró ingresos de 8.3 mil millones de dólares, que representa 1,6%
del PBI total; se ha indicado que cuenta con 3,6 millones de empleos
directos el caso del biodiesel, Brasil lanzó su programa en una fecha más
reciente (2003). En 2005 estableció por ley la obligatoriedad de adicionar
el 2% de biodiesel al gasoil comercializado a partir de 2008 y 5% en 2013.
Brasil posee una amplia variedad de posibles cultivos de donde extraer
biodiesel, que incluyen la soja, palma africana, ricino y colza.
Argentina
Argentina aprobó en el año 2005 el Programa Nacional de Biocombustibles que
establece un régimen de promoción para la producción y uso de por un período
de 15 años. El plan incluye incentivos fiscales, la creación de una
institución para fomentar las investigaciones y normas de calidad entre
otros temas. El bioetanol deberá ser mezclado en una proporción de 5% como
mínimo en la gasolina por lo que se estima una demanda de 200 mil m3 de
etanol para el año 2010. A diferencia de lo que ocurre en Brasil, la
principal materia prima del bioetanol sería el maíz, aunque también se
cultiva caña de azúcar, y su área podría aumentarse.
En el caso del biodiesel también la legislación define la mezcla de un 5% en
el gasoil para el año 2010, unos 700 millones de litros de biodiesel que
provendrán de 1,3 millones de hectáreas de soja. El país es un gran
exportador y procesador de soja, y por lo tanto tiene muchas potencialidades
(el área sojera está estimada en 15,8 millones has en 2006/07). Existe
producción a escala local, para uso dentro de las mismas empresas. En Mayo
2007 tuvo lugar la primera exportación comercial, de 200 mil litros de
biodiesel de soja hacia Alemania, por 1,75 millones de dólares.
Bolivia
En Bolivia se cultiva tanto caña de azúcar como soja, y por lo tanto los
potenciales de expansión son altos. Existen por lo menos 17 destilerías en
construcción para producir bioetanol, y se ha registrado exportaciones de
por lo menos 50.000 m3 de etanol por año.
En esta discusión también se deben contemplar los aspectos energéticos. Es
posible entender la necesidad de agrocombustibles en aquellos países que
tienen un importante déficit energético, o que no tienen hidrocarburos, y
por lo tanto necesitan generar sus propios combustibles para no depender de
importar un petróleo cada vez más claro (como es el caso de Chile o
Uruguay). Pero ese no es el caso de Bolivia, ya que el país cuenta con
muchos recursos hidrocarburíferos. Las dificultades nacionales no están en
la disponibilidad de esos energéticos, sino en su extracción, procesamiento
y distribución dentro del país.
Algunas condiciones para una producción de agrocombusibles beneficiosa:
1) No invadir zonas protegidas o de fragilidad ecosistémicas, ni desplazar
otras producciones que lo pudieran hacer.
2) Sistemas de cultivos que no degraden el suelo, el agua ni la
biodiversidad, preferentemente sistemas agroecológicos u orgánicos de bajos
insumos, que no utilicen variedades transgénicas.
3) Escalas de producción que permitan mantener los otros cultivos
alimentarios y otros usos del suelo.
4) Establecimiento de sistemas de control y monitoreo que aseguren las
condiciones de trabajo, los ingresos y la calidad de vida de los
agricultores y trabajadores rurales.
5) Control de precios internos de los productos alimentarios.
Referencias bibliográficas
Gudynas E., 2007: Biocombustibles en Bolivia: Tensiones entre los sueños
exportadores y las realidades nacionales. Publicado en BolPress, 02/06/07.
http://www.agrocombustibles.org/publicaciones/GudynasBiocombustiblesBoliviaJunio07.pdf
Honty G. 2007. América Latina ante el cambio climático. Observatorio de la
Globalización. CLAES/D3E, Marzo 2007.
http://www.energiasur.com/cambioclimatico/ODGlbz4CambioClimaticoHonty.pdf
Honty G. y Gudynas E., 2007. Agrocombustibles y Desarrollo Sostenible en
América Latina. En
http://www.agrocombustibles.org/conceptos/AgroCombustiblesClaesOdelD07.pdf
Lobato V., 2007- Metodología para optimizar el análisis de materias primas
para biocombustibles en el cono sur. Montevideo. PROCISUR – IICA.
Schlesinger, S. 2006. O gras que cresceu demais. A soja e seus impactos
sobre a sociedade e o meio ambiente. FASE, Rio Janeiro.
Publicado en
BolPress el 21 de setiembre de 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
68 el 3 de octubre de 2007. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos.
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