Peripecias Nº 73 - 14 de noviembre de 2007

AMBIENTE

 

Protocolo de Kyoto

 

Norte en avión y Sur a pedal

 

 

José da Cruz

 

 

 

J. da Cruz es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

 

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Cuanto más uno se entera de los detalles de aplicación del Protocolo de Kyoto, más indigna el grado de hipocresía de los poderosos. Un artículo en Sloweb del 28 de setiembre trae un ejemplo que vale la pena difundir.

 

Dicho en trazos gruesos, resulta que el derecho de emisión de anhídrido carbónico –principal causante del calentamiento global– implica un sistema de compensación mediante bonos Verdes. Estos pagan proyectos de reducción de emisiones en países pobres.

 

¿Cuánto se paga? Se pagan 0,70 euros por el derecho a emitir una tonelada de anhídrido carbónico. ¿A quién? A una empresa especializada en invertir en proyectos que disminuyan, en algún lugar del mundo pobre, la emisión de ese gas. ¿Y qué hace la empresa con la plata? Bueno, ya veremos un ejemplo.

 

Un reciente artículo de The Times –dice Sloweb– comenta que la página electrónica de la empresa Climate Care ofrece al interesado el modo de calcular cuánto costará en emisiones su próximo vuelo en British Airways. Como ejemplo: para que una familia de cuatro personas vuele de Inglaterra a Barbados, se emitirá el equivalente a 80 euros. La British se los paga a Climate Care y ésta financia “proyectos de desarrollo de energía renovable, reforestación, mejoras de ecosistemas afectados, etc.”

 

Uno de estos proyectos: en la India, Climate Care ofrece dinero a los campesinos para que sustituyan sus bombas de riego con motor diesel, por bombas a pedal. Es una pena que pedalee toda la familia, incluso niños, lo que Climate Care reconoce, pero dice que es normal en los países del Sur. No se habla de otra opción para viajar a Barbados; a nadie se le pasaría por la cabeza. Es también normal...

 

Claro, esos 80 euros podrían muy bien terminar en las arcas del Banco Mundial, que administra fondos para compra y venta de los bonos, o en la bolsa o en cualquier otro lado donde se especule con valores, así que mejor que terminen en las manos benefactoras de Climate Care. Los que no podrán terminar en otro destino ni moverse del terruño son esos niños campesinos para quienes trabajar es normal...

 

Un tema de discusión favorito en Europa es la legalización o penalización de la prostitución, que adquirió mucha notoriedad con la movilización de un ejército de 40.000 o 50.000 prostitutas hacia Alemania, para atender a los concurrentes al Mundial de Fútbol. El tema va y vuelve desde hace decenios.

 

Mucho menos notoriedad adquirieron los estudios de las organizaciones que se han propuesto luchar contra la prostitución infantil. Los potenciales clientes, jóvenes hombres europeos en viajes de turismo, defendían su derecho a ese consumo con el argumento de que “allá son diferentes, tienen otras costumbres y la prostitución de niños es normal”.

 

El argumento es similar: existen una Declaración de los Derechos del Niño, otra de la Mujer, otra de los Pueblos Originarios, y siga el baile, pero hay niños y niños, mujeres y mujeres, pueblos originarios y pueblos originarios, hay ellos y nosotros. Después de todo, la prostitución puede ser un trabajo digno como en la antigüedad, cuando así se financiaban los templos.

 

Si los europeos inventasen aviones a pedal para viajar entre Inglaterra y Barbados sin emitir gases de efecto invernadero, se las arreglarían para que los pedalearan africanos o sudacas, como en la época de las galeras. Total, ellos son diferentes. Si pedalean nuestro avión se ganan el pan con el sudor de sus patas, mantienen a sus familias, son honrados y no andan vendiendo droga por ahí. Nosotros, los europeos, seguimos haciendo el bien.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 73 el 14 de noviembre de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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