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Cuanto más uno se entera de los detalles de aplicación del Protocolo de
Kyoto, más indigna el grado de hipocresía de los poderosos. Un artículo en
Sloweb del 28 de setiembre trae un ejemplo que vale la pena difundir.
Dicho en trazos gruesos, resulta que el derecho de emisión de anhídrido
carbónico –principal causante del calentamiento global– implica un sistema
de compensación mediante bonos Verdes. Estos pagan proyectos de reducción de
emisiones en países pobres.
¿Cuánto se paga? Se pagan 0,70 euros por el derecho a emitir una tonelada de
anhídrido carbónico. ¿A quién? A una empresa especializada en invertir en
proyectos que disminuyan, en algún lugar del mundo pobre, la emisión de ese
gas. ¿Y qué hace la empresa con la plata? Bueno, ya veremos un ejemplo.
Un reciente artículo de The Times –dice Sloweb– comenta que la página
electrónica de la empresa Climate Care ofrece al interesado el modo de
calcular cuánto costará en emisiones su próximo vuelo en British Airways.
Como ejemplo: para que una familia de cuatro personas vuele de Inglaterra a
Barbados, se emitirá el equivalente a 80 euros. La
British se los paga a Climate Care y ésta financia “proyectos de desarrollo
de energía renovable, reforestación, mejoras de ecosistemas afectados, etc.”
Uno de estos proyectos: en la India, Climate Care ofrece dinero a los
campesinos para que sustituyan sus bombas de riego con motor diesel, por
bombas a pedal. Es una pena que pedalee toda la familia, incluso niños, lo
que Climate Care reconoce, pero dice que es normal en los países del Sur. No
se habla de otra opción para viajar a Barbados; a nadie se le pasaría por la
cabeza. Es también normal...
Claro, esos 80 euros podrían muy bien terminar en las arcas del Banco
Mundial, que administra fondos para compra y venta de los bonos, o en la
bolsa o en cualquier otro lado donde se especule con valores, así que mejor
que terminen en las manos benefactoras de Climate Care. Los que no podrán
terminar en otro destino ni moverse del terruño son esos niños campesinos
para quienes trabajar es normal...
Un tema de discusión favorito en Europa es la legalización o penalización de
la prostitución, que adquirió mucha notoriedad con la movilización de un
ejército de 40.000 o 50.000
prostitutas hacia Alemania, para atender a los concurrentes al Mundial de
Fútbol. El tema va y vuelve desde hace decenios.
Mucho menos notoriedad adquirieron los estudios de las organizaciones que se
han propuesto luchar contra la prostitución infantil. Los potenciales
clientes, jóvenes hombres europeos en viajes de turismo, defendían su
derecho a ese consumo con el argumento de que “allá son diferentes, tienen
otras costumbres y la prostitución de niños es normal”.
El argumento es similar: existen una Declaración de los Derechos del Niño,
otra de la Mujer, otra de los Pueblos Originarios, y siga el baile, pero hay
niños y niños, mujeres y mujeres, pueblos originarios y pueblos originarios,
hay ellos y nosotros. Después de todo, la prostitución puede ser un trabajo
digno como en la antigüedad, cuando así se financiaban los templos.
Si los europeos inventasen aviones a pedal para viajar entre Inglaterra y
Barbados sin emitir gases de efecto invernadero, se las arreglarían para que
los pedalearan africanos o sudacas, como en la época de las galeras. Total,
ellos son diferentes. Si pedalean nuestro avión se ganan el pan con el sudor
de sus patas, mantienen a sus familias, son honrados y no andan vendiendo
droga por ahí. Nosotros, los europeos, seguimos haciendo el bien.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 73
el 14 de noviembre de 2007. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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