Peripecias Nº 75 - 28 de noviembre de 2007

AMBIENTE

 

Brasil

 

Sapê del Norte,

fragmentos de otra guerra particular

 

Renato Bock

 

 

R. Bock es un economista brasileño.

 

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Xapoca, que quiere decir Grande, avanza con su voz sobre el barullo del viento chocando con los eucaliptos. Reivindica condiciones de vida para su pueblo. Él es el líder quilombola en los territorios de Sapê del Norte, en el norte del Estado de Espíritu Santo. Según Xapoca, el eucalipto de los hacendados no deja que llueva en la región. Allí, las empresas de celulosa plantaron más de 280.000 hectáreas de eucaliptos. Eso quiere decir que una propiedad de 56 kilómetros de ancho por 50 kilómetros de largo asegura que el monocultivo es una pauperización fuera de sus cercas. “Quilombola no come eucalipto”, afirma Xapoca.

 

El llamado “desierto verde” absorbe el sodio del suelo y la savia de las personas que no son sus propietarios. En la región existen cerca de 36 comunidades quilombolas que conforman cerca de 1000 familias. Estos habitantes indeseados están en la región mucho antes de la invención de las grandes industrias de celulosa y luchan por sus derechos originarios garantizados en la Constitución de 1988. Luchan por la posesión de la tierra y por garantías mínimas de sobrevivencia y no que se intervenga en sus actividades económicas. El eucalipto ocupa las tierras quilombolas y las máquinas roban su productividad. Cuando llegó la empresa de celulosa grande, garantizó que plantaría toda la región y que siempre habría empleo para los habitantes de la zona. La verdad es que casi veinte años después de su llegada, los antiguos habitantes están todavía más pobres, sin empleo, sin tierra para plantar y casi sin ánimo para luchar. Los equipos de seguridad de las haciendas los valla todo el tiempo, al mismo tiempo en que el poder público estatal legitima el monocultivo. En la Cámara estadual solamente tres diputados no son de la bancada ruralista.

 

 

La alegría de recibir las tropas que pasan por ahí subiendo el río Cricaré en dirección al interior, no existe más. Falta agua canalizada, falta energía eléctrica, falta salud, falta educación, falta dignidad, falta respeto, falta espacio para reproducir su cultura, su religión y su producción. Seamos justos: escuela básica tienen. El único problema es que ella no tiene agua ni luz para funcionar. Además de eso, se queda al lado de un camino de tierra donde circulan los camiones cargados de eucalipto. De esa forma, los niños estudian inmersos en una nube de polvo y falta de atención. ¿Salud? Eso también tienen. El problema fue que el agente de salud quilombola fue destituido del cargo y el puesto más próximo queda a kilómetros de distancia, imposibles de ser recorridos a pie. ¿Luz? Tienen. Tienen en la casa de doña Fátima. Ella le presta a la comunidad pero cuando enciende la bomba de agua, la luz de su casa se corta. Así, los vecinos no pueden encender la bomba muchas veces por semana. Más allá de eso, también tienen agua. Existen varias cisternas establecidas. El problema es que las casas tienen tejado de sapê que no capta el agua y otras tienen techo de amianto, lo que torna el agua captada impropia para el consumo. Muchos quilombolas tienen procesos criminales sobre sus espaldas por recoger antorchas ilegalmente.

 

La empresa autoriza a recoger la parte de arriba del eucalipto que no sirve para la producción de celulosa. Esa parte de arriba se llama “antorcha” y sirve a los quilombolas sólo para producir carbón vegetal. Como la empresa solamente concede ese permiso de vez en cuando, los quilombolas sorprendidos recogiendo las antorchas sin permiso son llevados a la comisaría acusados de invasores a la propiedad privada.

 

Los quilombolas se están organizando y reivindicando a los poderes públicos sus derechos. Sin embargo, los hacendados también. Existe un movimiento llamado “Paz en el campo”, que va a los medios de comunicación a promover una verdadera cruzada racista contra los quilombolas. Para ellos, los negros representan un atraso a los objetivos capitalistas. Un conjunto de disidentes de la organización ultraconservadora Tradición Familia y Propiedad (TFP), el movimiento “Paz en el Campo” se presenta como heredero del pensamiento de Correia de Oliveira, y tiene como coordinador y portavoz al abogado Bertrand Orleans y Bragança, presentado como príncipe por ser tataranieto de Pedro II y bisnieto de la princesa Isabel. En algunas de sus publicaciones, los autores del movimiento tienen una guía de prevención de invasiones de tierras. Se dice en contra de la “reforma agraria socialista, conficatoria y anticristiana”. Promulga, en tono belicoso, el combate a organizaciones como MST, MLST, Vía Campesina, entre otros. Además de eso dicen que el trabajo esclavo no existe y que eso es más una falacia contra el agronegocio, orientada por el “pensamiento socialista-comunista”. El movimiento también afirma que si no fue derogado el Decreto 4.887 de diciembre de 2003, que garantice a los quilombolas el derecho sobre la tierra donde viven, “el país podrá ser conducido a una lucha fraticida”.

 

La situación es humillante, las condiciones de vida de los quilombolas es degradante, su empeño de autodeterminación como su autoestima es bajísimo.

 

Un soplo de esperanza apareció el 14 de mayo de 2007, cuando el INCRA reconoció 9.542,57 hectáreas del territorio ancestral quilombola. Se estima que el 82% de esa área está ocupada con eucalipto. Los habitantes de las comunidades quilombolas pretenden dedicar esa área a plantar mudas de mata atlántica, de árboles frutíferos, a construir casas e infraestructura que posibilite que las familias puedan vivir en ellas y la reproducción social de sus costumbres y tradiciones como: capoeira, el candomblé, el cuscús y la tapioca.

 

 

Notas:

 

Quilombola: son descendientes de esclavos negros cuyos antepasados en el período de esclavitud huyeron de los ingenios de caña de azúcar para conformar agrupamientos de refugiados y de resistencia llamados “quilombos”.

 

Sapê: es una designación común a varias especies gramíneas cuyos tallos son secados y utilizados para construir techos de las casas rústicas.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 75 el 28 de noviembre de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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