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G. Castro Herrera es Licenciado en
Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la
Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.
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Toda gran verdad política es una gran verdad natural. José Martí [1]
Siempre es bueno recordar que el Panorama Global del Ambiente –GEO, en
inglés– más que un producto, es un proceso. Ese proceso está encaminado a la
creación de una nueva cultura de la sostenibilidad, y de una intelectualidad
capaz de expresarla y de contribuir a su desarrollo desde todas las
sociedades del Planeta. Cada Informe GEO, en este sentido, puede y debe ser
visto como un reporte de avance en este proceso.
En esta perspectiva, el Informe GEO IV aporta sin duda elementos de gran
valor.
Si vemos por ejemplo lo dicho sobre América Latina en el Informe del año
2000, será más fácil cómo va ganando en riqueza y complejidad la nueva
cultura de la sostenibilidad que promueve el proceso GEO.
Entonces, se señalaba que los dos problemas más importantes que afectaban a
nuestra región eran el crecimiento urbano desordenado y la deforestación.
Esos problemas eran presentados en paralelo entre sí, sin una clara
percepción de sus interrelaciones, ni de sus vínculos de fondo con el
deterioro del ambiente a escala global.
Hoy, en cambio, GEO 4 nos propone una visión de la crisis como un conjunto
interdependiente de problemas de escala local, regional y global. Por lo
mismo, las soluciones a esos problemas deberán atender a las sinergias
negativas que vinculan a esos problemas entre sí, para garantizar el uso
eficaz del creciente arsenal de instrumentos de política, acuerdos
internacionales, lecciones aprendidas y experiencias adquiridas con que ya
cuenta la comunidad internacional. Esta percepción, más clara y precisa,
facilita la tarea de encarar la crisis ambiental en la medida en que permite
formular mejores preguntas –y obtener mejores respuestas– en cada uno de los
niveles de complejidad en que se expresa la crisis ambiental.
En esa perspectiva, también, cabe decir que –en este momento de su
desarrollo– se hace evidente que el carácter fundamental de los problemas
que nos plantea la crisis no es ya ni técnico ni financiero, como podía
parecer un tiempo atrás. Hoy podemos ver que ese carácter es con toda
evidencia político y cultural, precisamente en la medida en que la política
puede ser definida como cultura en acto.
Esto no es poca cosa, si consideramos la larga duración que usualmente
tienen los procesos de cambio cultural en la historia de nuestra especie.
GEO 4 ve la luz a veinte años –apenas– de la publicación del llamado Informe
Brundland, que llevaba por título Nuestro Futuro Común. Transcurrida apenas
una generación, GEO 4 confirma tanto lo oportuno de las advertencias de
aquel Informe como lo certero de su definición del desarrollo sostenible en
tanto que problema para los humanos. Hoy, nuestros logros y nuestros errores
nos permiten entender que el desarrollo sostenible no es el crecimiento
económico con preocupaciones ambientales, sino el camino hacia la creación
de sociedades nuevas, capaces de ejercer en sus relaciones con la naturaleza
la armonía que caracterice a las relaciones de sus integrantes entre sí, y
con el resto de sus semejantes.
Habremos llegado a ese estadio de nuestro desarrollo como especie no sólo
cuando la equidad haya dejado de ser la meta, para convertirse en la norma
de nuestra convivencia. Además, y sobre todo, el desarrollo será sostenible
cuando esa conquista se exprese en una mentalidad colectiva que no se
refiera ya a las variables ambientales de la política económica, sino a las
variables económicas de la política ambiental. También se hablará entonces
de desarrollo para el ambiente y no –como lo hace ahora GEO 4– de ambiente
para el desarrollo. Porque en efecto ese giro, que a primera vista puede
parecer un mero juego de palabras, será expresión del entendimiento
finalmente logrado de que lo opuesto a la conservación no es el desarrollo,
sino el despilfarro de los recursos que ese desarrollo requiere, si lo
entendemos desde la perspectiva que nos propuso el Informe Brundland para la
construcción de un futuro realmente común para todos los miembros de nuestra
especie.
El proceso GEO ya ha logrado realizar aportes fundamentales en esa
dirección. Sin esos aportes sería mucho más difícil imaginar siquiera la
enorme complejidad de los problemas que plantea la creación de las
condiciones indispensables para la sostenibilidad del desarrollo. Porque esa
es la tarea verdadera: no simplemente enfrentar la crisis en lo peor de sus
consecuencias, sino en la oportunidad que nos ofrece para ir a la
construcción de un mundo nuevo. En esa perspectiva, que es la realmente
decisiva, el proceso GEO comprueba la razón que asistía a José Martí al
afirmar que toda gran verdad política era una gran verdad natural. Allí
radicará, a la larga, su mérito más trascendente.
[1] Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,1975. XXI,
381: Cuadernos de Apuntes, 18 (1894).
Publicado en el semanario Peripecias Nº
75 el 28 de noviembre de 2007. Se permite la reproducción del
artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con
algunas restricciones.
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