Peripecias Nº 75 - 28 de noviembre de 2007

AMBIENTE

 

 

El aporte de GEO 4 a la conquista

de la sostenibilidad

 

 

Guillermo Castro H.

 

 

 

G. Castro Herrera es Licenciado en Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.

 

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Toda gran verdad política es una gran verdad natural. José Martí [1]

 

Siempre es bueno recordar que el Panorama Global del Ambiente –GEO, en inglés– más que un producto, es un proceso. Ese proceso está encaminado a la creación de una nueva cultura de la sostenibilidad, y de una intelectualidad capaz de expresarla y de contribuir a su desarrollo desde todas las sociedades del Planeta. Cada Informe GEO, en este sentido, puede y debe ser visto como un reporte de avance en este proceso.

 

En esta perspectiva, el Informe GEO IV aporta sin duda elementos de gran valor.

 

Si vemos por ejemplo lo dicho sobre América Latina en el Informe del año 2000, será más fácil cómo va ganando en riqueza y complejidad la nueva cultura de la sostenibilidad que promueve el proceso GEO.

 

Entonces, se señalaba que los dos problemas más importantes que afectaban a nuestra región eran el crecimiento urbano desordenado y la deforestación. Esos problemas eran presentados en paralelo entre sí, sin una clara percepción de sus interrelaciones, ni de sus vínculos de fondo con el deterioro del ambiente a escala global.

 

Hoy, en cambio, GEO 4 nos propone una visión de la crisis como un conjunto interdependiente de problemas de escala local, regional y global. Por lo mismo, las soluciones a esos problemas deberán atender a las sinergias negativas que vinculan a esos problemas entre sí, para garantizar el uso eficaz del creciente arsenal de instrumentos de política, acuerdos internacionales, lecciones aprendidas y experiencias adquiridas con que ya cuenta la comunidad internacional. Esta percepción, más clara y precisa, facilita la tarea de encarar la crisis ambiental en la medida en que permite formular mejores preguntas –y obtener mejores respuestas– en cada uno de los niveles de complejidad en que se expresa la crisis ambiental.

 

En esa perspectiva, también, cabe decir que –en este momento de su desarrollo– se hace evidente que el carácter fundamental de los problemas que nos plantea la crisis no es ya ni técnico ni financiero, como podía parecer un tiempo atrás. Hoy podemos ver que ese carácter es con toda evidencia político y cultural, precisamente en la medida en que la política puede ser definida como cultura en acto.

 

Esto no es poca cosa, si consideramos la larga duración que usualmente tienen los procesos de cambio cultural en la historia de nuestra especie. GEO 4 ve la luz a veinte años –apenas– de la publicación del llamado Informe Brundland, que llevaba por título Nuestro Futuro Común. Transcurrida apenas una generación, GEO 4 confirma tanto lo oportuno de las advertencias de aquel Informe como lo certero de su definición del desarrollo sostenible en tanto que problema para los humanos. Hoy, nuestros logros y nuestros errores nos permiten entender que el desarrollo sostenible no es el crecimiento económico con preocupaciones ambientales, sino el camino hacia la creación de sociedades nuevas, capaces de ejercer en sus relaciones con la naturaleza la armonía que caracterice a las relaciones de sus integrantes entre sí, y con el resto de sus semejantes.

 

Habremos llegado a ese estadio de nuestro desarrollo como especie no sólo cuando la equidad haya dejado de ser la meta, para convertirse en la norma de nuestra convivencia. Además, y sobre todo, el desarrollo será sostenible cuando esa conquista se exprese en una mentalidad colectiva que no se refiera ya a las variables ambientales de la política económica, sino a las variables económicas de la política ambiental. También se hablará entonces de desarrollo para el ambiente y no –como lo hace ahora GEO 4– de ambiente para el desarrollo. Porque en efecto ese giro, que a primera vista puede parecer un mero juego de palabras, será expresión del entendimiento finalmente logrado de que lo opuesto a la conservación no es el desarrollo, sino el despilfarro de los recursos que ese desarrollo requiere, si lo entendemos desde la perspectiva que nos propuso el Informe Brundland para la construcción de un futuro realmente común para todos los miembros de nuestra especie.

 

El proceso GEO ya ha logrado realizar aportes fundamentales en esa dirección. Sin esos aportes sería mucho más difícil imaginar siquiera la enorme complejidad de los problemas que plantea la creación de las condiciones indispensables para la sostenibilidad del desarrollo. Porque esa es la tarea verdadera: no simplemente enfrentar la crisis en lo peor de sus consecuencias, sino en la oportunidad que nos ofrece para ir a la construcción de un mundo nuevo. En esa perspectiva, que es la realmente decisiva, el proceso GEO comprueba la razón que asistía a José Martí al afirmar que toda gran verdad política era una gran verdad natural. Allí radicará, a la larga, su mérito más trascendente.

 

[1] Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,1975. XXI, 381: Cuadernos de Apuntes, 18 (1894).

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 75 el 28 de noviembre de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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