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El día de la juramentación del nuevo gabinete, el pasado diciembre, el
presidente Alan García anunció la creación del Ministerio del Medio
Ambiente. En los últimos días se ha discutido acerca de las funciones que
debe cumplir ese ministerio. Un breve análisis.
El gobierno ha puesto al ambientalista Antonio Brack al mando de una
comisión que se encargará de la implementación del nuevo ministerio. Brack
es uno de los más reconocidos expertos en el tema de conservación de
recursos naturales. Ha publicado una decena de libros sobre el tema y en
1996 obtuvo el Premio Nacional del Medio Ambiente (fuente:
La
República).
Sin embargo, en los últimos tiempos, Brack ha recibido críticas de ciertos
sectores que ven un giro en sus posiciones con respecto a la minería.
Concretamente, sus críticos alegan que ha pasado a hacer una cerrada defensa
de los intereses de la gran minería. Brack asegura estar a favor de una
minería limpia, con responsabilidad social y que respete los estándares
ambientales (fuente:
La
República). Según el ambientalista, la minería formal está en mejores
condiciones de cumplir con esos estándares.
Una de las mayores ventajas que ve Brack en la creación de la nueva cartera
radica en que su titular tenga voz y voto en los consejos de ministros, y
que las decisiones que adopte se hagan al más alto nivel político (fuente:
El Comercio).
La tarea inicial que deberá abordar Brack es componer el equipo con el que
diseñará el plan para la constitución del ministerio. Su intención es
convocar a representantes de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y
Energía (SNMPE), de Comex Perú, de la Defensoría del Pueblo, de la sociedad
civil, de ONGs especializadas en el tema e incluso a delegados de las
comunidades que se encuentran en zonas aledañas a la actividad minera. El
proyecto deberá estar listo en dos semanas.
Si bien la inclusión de los diversos sectores afectados es positiva ya que
le da cierta legitimidad al proceso de definición del marco normativo de la
nueva cartera, no parece muy acertada la intención inicial del gobierno de
dejar a la minería al margen de la fiscalización ministerial. En un borrador
que se discutió originalmente en el gabinete y que fue filtrado a la prensa
por el Ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia, se dejaba la
fiscalización de la actividad minera fuera del ámbito del nuevo ministerio
(fuente:
Correo). Brack no ha confirmado si esta propuesta inicial se mantendrá o
no en el nuevo proyecto.
El tema de la fiscalización del cumplimiento de los estándares ambientales
de las actividades minera y de hidrocarburos es, sin duda, el más sensible
de la agenda. De 78 conflictos sociales activos y latentes registrados por
la Defensoría del Pueblo en diciembre, un 47% están referidos a asuntos
socioambientales (fuente:
Defensoría del Pueblo). Estos conflictos están estrechamente ligados con
el desarrollo de la actividad minera que sigue siendo percibida en muchas
zonas como una de las principales fuentes de contaminación.
En la actualidad los estudios de impacto ambiental y los permisos de
funcionamiento de las mineras están a cargo del Ministerio de Energía y
Minas. Sin embargo, esta cartera debe, al mismo tiempo, velar por la
promoción de la actividad minera, con lo que se produce un evidente
conflicto de intereses. Esto se podría resolver traspasando las funciones de
control al nuevo Ministerio del Medio Ambiente.
Pero el presidente y sus ministros no parecen ser los únicos que se muestran
a favor de mantener a la minería al margen de la fiscalización del nuevo
ministerio. Para el espceialista en temas de hidrocarburos, Aurelio Ochoa,
las funciones de supervisión del cumplimiento de las normas ambientales
deberían mantenerse a cargo del Organismo Supervisor de la Inversión en
Energía y Minería (OSINERGMIN) (fuente:
El Comercio).
Si bien el OSINERGMIN es un organismo independiente, parece sensato
traspasar sus competencias al Ministerio del Medio Ambiente para, de esa
manera, simplificar el proceso regulatorio. Además, como ha advertido el
analista José de Echave a
La
República, “[c]ontinuar con el OSINERGMIN como ente fiscalizador no es
el esquema más adecuado, pues su función principal es ser supervisor de los
servicios públicos, y si bien la energía es un servicio público, la minería
no lo es”.
Los próximas dos semanas serán claves para terminar de definir los
lineamientos del nuevo ministerio. El gobierno debe entender que un mejor
control de la actividad minera es un paso necesario para ganar la confianza
de las comunidades que se ven afectadas, como en el caso de la Oroya, por
niveles de contaminación indignantes.
Publicado en
Perú Político el 12 de enero de
2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
81 el 16 de enero de 2008. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos.
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