Peripecias Nº 97 - 21 de mayo de 2008

AMBIENTE

 

 

América Latina:

El camino a la sostenibilidad

 

 

Guillermo Castro H.

 

 

 

G. Castro Herrera es Licenciado en Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.

 

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Para Salomón Vergara

 

La extraordinaria complejidad ecosistémica, social y cultural de América Latina tiene su origen más visible en el período 1500-1550, cuando la región se ve incorporada al proceso de formación del moderno sistema mundial como proveedora de alimentos y materias primas y como espacio de reserva de recursos. Esa modalidad de inserción define, a su vez, una estructura de larga duración que opera con tiempos y modalidades distintas en al menos tres sub regiones diferentes, y en todos los planos de la interacción entre los sistemas sociales y naturales presentes en cada una de ellas.

 

En efecto, esa función global –y sus consecuencias– se despliegan en tres modalidades principales entre los siglos XVI y XIX, de acuerdo a la forma fundamental de organización de las interacciones entre los sistemas sociales y naturales. Una se articula a partir del trabajo esclavo, asociado sobre todo –pero no exclusivamente– a actividades de plantación. Otra se articula a partir de distintas modalidades de trabajo servil –desde la encomienda al peonaje–, destinado sobre todo a la producción de alimentos y a la explotación minera. Y otra más se articula a partir de una amplia modalidad de actividades de subsistencia en las áreas de la región que escapan a la articulación directa en el mercado mundial durante un período más o menos prolongado.

 

El tránsito del siglo XIX al XX es testigo de la formación de mercados de trabajo y de tierra constituidos mediante procesos masivos de expropiación de territorios sometidos a formas no capitalistas de producción, para crear las premisas indispensables a la apertura de la región a la inversión directa extranjera y la creación de economías de enclave en el marco del llamado Estado Liberal Oligárquico. Los ciclos posteriores –populista, desarrollista y neoliberal– marcarán el camino hacia el siglo XXI entre las décadas de 1930 y 1990.

 

En el proceso, surgieron nuevos grupos sociales cada vez más vinculados a la economía de mercado; se expandieron las fronteras de explotación de recursos naturales; esa explotación ganó en intensidad y complejidad tecnológica, incluyendo a menudo procesos de elaboración de importante impacto ambiental; se produjo un notable proceso de des-ruralización y urbanización; todas las sociedades de la región ingresaron en procesos de transición demográfica, y la huella ecológica de ese conjunto de procesos se hizo cada vez más vasta y compleja. Y todo esto, a su vez, inauguró un período de nuestra historia en que los conflictos de origen ambiental –esto es, aquellos que surgen del interés de grupos sociales distintos en hacer usos excluyentes de los ecosistemas que comparten– tienen un papel cada vez más importante.

 

En esta perspectiva, el principal rasgo distintivo de la actual fase del desarrollo del proceso descrito consiste en la tendencia a la transformación masiva de la naturaleza en capital natural, a partir de al menos tres procesos, a menudo contradictorios entre sí:

 

• La ampliación de los espacios de explotación de lo que Nicolo Gligo llama “ventajas competitivas espurias” –en particular, recursos naturales y trabajo baratos, y amplias posibilidades de externalización de los costos ambientales–, asociada a menudo a la inversión masiva en megaproyectos de infraestructura;

 

• La organización de mercados de bienes y servicios ambientales con el apoyo técnico, financiero y político de instituciones financieras internacionales, y

 

• La formación de una fracción “verde” del capital, vinculado a iniciativas globales como el Mecanismo de Desarrollo Limpio, que coexiste –a menudo en contradicción, y a veces en conflicto– con las fracciones agraria, industrial y financiera, más tradicionales.

 

Encarar este momento de la historia de las interacciones entre los sistemas naturales y los sistemas humanos en la región, poniendo en evidencia sus implicaciones para la sostenibilidad del desarrollo de la especie humana en nuestra América es una tarea que plantea singulares dificultades de orden teórico y metodológico. En particular, porque exige de nosotros el esfuerzo necesario para pasar de un enfoque estructural, referido a modelos más o menos bien definidos a priori, a un enfoque sistémico, referido a relaciones de interdependencia entre factores múltiples en cambio constante, en el análisis de los problemas ambientales. Y dado que toda nuestra educación ha tendido a formarnos en torno a una concepción estructural y funcionalista de la realidad, el solo hecho de reconocer y enfrentar este reto representa ya un logro muy importante para nuestra región, sobre todo si consideramos la larga duración que usualmente tienen los procesos de cambio cultural en la historia de nuestra especie.

 

No hay otra manera, sin embargo, de establecer el camino hacia la sostenibilidad del desarrollo de nuestra especie en nuestra América. Hoy, por ejemplo, empezamos a entender que el desarrollo sostenible no es el crecimiento económico con preocupaciones ambientales, sino el camino hacia la creación de sociedades nuevas, capaces de ejercer en sus relaciones con la naturaleza la armonía que caracterice a las relaciones de sus integrantes entre sí, y con el resto de sus semejantes. Habremos llegado a ese estadio de nuestro desarrollo como especie cuando la equidad haya dejado de ser una meta, para convertirse en la norma de nuestra convivencia. Porque esa es la tarea verdadera: no simplemente enfrentar la crisis en lo peor de sus consecuencias, sino en la oportunidad que nos ofrece para ir a la construcción de un mundo nuevo, comprobando una vez más, por esa vía, la razón que asiste a José Martí al afirmar que toda gran verdad política es una gran verdad natural.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 97 el 21 de mayo de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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