Peripecias Nº 99 - 4 de junio de 2008

AMBIENTE

 

IV Simposio Latinoamericano y Caribeño de Historia Ambiental

 

La generosidad que nos congrega

 

 

Guillermo Castro H.

 

 

 

G. Castro Herrera es Licenciado en Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.

 

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Queridos colegas, amigos, compañeros:

 

Pocas veces, como hoy, parece tan justa la observación de José Martí sobre los oficios de la alabanza, al decir que

 

La generosidad congrega a los hombres, y la aspereza los aparta. El elogio oportuno fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo desanima. Sólo el corazón heroico puede prescindir de la aprobación humana; y la falta de aprobación mina el corazón heroico. El velero de mejor maderamen cubre más millas cuando lleva el viento con las velas que cuando lo lleva contra las velas. Fue suave el yugo de Jesús, que juntó a los hombres. La adulación es vil, y es necesaria la alabanza. [1]

 

Y es que la generosidad, en efecto, nos congrega aquí: la de esta Universidad Federal de Minas Gerais, que nos acoge, y la de Regina Horta y José Newton, que tanto nos han dado a todos de sí mismos, de su tiempo y de sus afectos, para hacer posible este Simposio que nos congrega. De esa misma delicadeza y sinceridad es, también, el aprecio que queremos expresar aquí por el apoyo generoso que este Simposio, y nuestra Sociedad, han recibido de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

 

Tal ha sido, por otra parte, el espíritu que ha animado, anima y animará sin duda el proceso de formación de nuestra Sociedad. Cabíamos en un salón de clases los veintitantos que en el año 2003 respondimos al llamado de Fernando Ramírez, Mauricio Folchi y Reinaldo Funes a encontrarnos por primera vez en Santiago de Chile. Ganamos en número y en la riqueza de nuestros propósitos a lo largo de los encuentros que realizamos en La Habana en el 2004 y en Sevilla en el 2006. Y hoy aquí, en Belho Horizonte, nos parece natural ponernos de acuerdo sobre la agenda que deberemos atender en México en el año 2010, y el lugar en que hemos de reunirnos en el 2012. Dicho así, parece sencillo, pero cada uno de los aquí presentes conoce, de una u otra manera, la diversidad y la complejidad de las tareas de imaginación y de concertación de voluntades que esa misma sencillez expresa.

 

Somos, en verdad, lo que hemos llegado a ser por nuestra propia iniciativa y nuestro propio esfuerzo, enriquecido por el apoyo solidario que nuestra actividad ha concitado en organizaciones y colegas de otras regiones y latitudes. De entre esas organizaciones, merecen especial mención las sociedades Europea y Norteamericana de Historia Ambiental. Y de entre esos colegas, seguro de no menoscabar el mérito de ninguno, es justo resaltar el que corresponde al cálido respaldo que siempre hemos tenido del estadounidense John Soluri –que hace honra al calificativo de americanos que sus compatriotas utilizan para referirse a sí mismos–, y del español Manuel González de Molina y su equipo de colaboradores de la Universidad Pablo de Olavide.

 

Debemos reconocer, también, que hemos podido construir una organización porque hemos estado dispuestos a constituirnos en una comunidad de cultura y de conocimiento, como se ha hecho patente en los encuentros de trabajo y las iniciativas de colaboración que hemos sabido llevar a cabo a lo largo y lo ancho nuestra América. De allí ha resultado una gran riqueza de publicaciones que recogen los frutos de ese esfuerzo, varias de las cuales han de ser presentadas durante esta reunión, cuya producción y circulación amplían una y otra vez nuestros espacios para el diálogo en toda la región, y en el mundo.

 

De este modo, hemos consolidado con una feliz rapidez nuestra propia identidad profesional y regional y, con ello, nuestras posibilidades y capacidades para trabajar con otros. En este sentido, quisiera resaltar en particular el aporte de diversos miembros de nuestra Sociedad al esfuerzo colectivo, convocado desde Italia por Mauro Agnoletti y Gabriella Corona, que dio por resultado la creación de la nueva –y novedosa, ademásv revista Global Environment. Se trata de un esfuerzo de alcance verdaderamente renacentista, encaminado a vincular entre sí a científicos y académicos de todo el Planeta, que convergen en un mismo empeño por analizar en perspectiva histórica los problemas que nos plantea a todos la crisis en que han desembocado las relaciones de nuestra especie con el mundo natural.

 

Podemos y debemos sentir como propios tales propósitos en la medida en que, al hacer lo que hacemos, comprobamos la razón del viejo adagio que nos advierte que sólo seremos universales en la medida en que seamos auténticos. Al respecto, si la historia ambiental es la historia del concepto de ambiente –como nos lo dijera hace ya algunos años Enrique Leff–, y si ese concepto sintetiza el resultado de las interacciones entre los sistemas sociales y los sistemas naturales a lo largo del tiempo humano, la historia que hacemos puede y debe estar cargada de futuro, porque sólo podremos cambiar nuestras relaciones con la naturaleza en la medida en que estemos dispuestos a cambiar, también, las relaciones sociales que nos permiten interactuar con ella.

 

Este principio abstracto, en todo caso, sólo puede tener valor en circunstancias concretas. Y la única manera de comprender tales concreciones es a través del estudio de los procesos que han dado lugar a su formación, y definen además sus opciones de transformación. La historia ambiental, así entendida, no tiene ya que ser la crónica terrible de una devastación inevitable. Por el contrario, al permitirnos entender los caminos por los que hemos llegado a la situación en que nos encontramos, nos ayuda a comprender mejor los que pueden alejarnos de ella. Pero, y quizás sobre todo, la historia ambiental así entendida nos ayuda a comprender que el desarrollo sostenible a que hoy aspira la Humanidad entera no puede ser confundido con el mero crecimiento económico acompañado de preocupaciones ambientales, sino que debe ser entendido como la creación de las condiciones que hagan posible el desarrollo de nuestra especie en el futuro, trascendiendo y superando las formas de organización de ese desarrollo que nos han conducido a crear los riesgos crecientes de deshumanización y aun de extinción que ya enfrentamos.

 

Es desde esa perspectiva de compromiso con la sostenibilidad del desarrollo de la especie que somos, en armonía y contradicción constante con todas las demás formas de vida con las que compartimos el Planeta que habitamos, como debemos ahora acordar el trazo general del rumbo que nos lleve a nuestro V Simposio de Historia Ambiental Latinoamericana y Caribeña en México en el año 2010. Ahora, nos corresponderá a nosotros dialogar sobre el contenido fundamental del encuentro que hemos de tener.

 

Al respecto, quisiera recordarles que el año 2010 será, también, el del 30 Aniversario de la publicación en México - siete años antes de la presentación del Informe Brundlandt -, de la antología en dos tomos Estilos de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina, editada por Osvaldo Sunkel y Nicolo Gligo, en la que fueron presentadas las primeras notas para una historia ecológica de nuestra región, redactadas por el propio Gligo y Jorge Morello. Allí encontró su primer gran momento de síntesis la moderna cultura latinoamericana de la naturaleza, desde la cual se ha desplegado nuestra propia labor, y la de todos los que, desde todos los rincones de nuestra región y desde las más diversas disciplinas antiguas y nuevas –como la ecología política, la ecología social, la geografía histórica y la economía ambiental–, vienen dando voz a nuestra América en el debate global sobre los grandes problemas ambientales de nuestro tiempo. Sea cual sea el tema central por el que optemos, convendrá recordar siempre que honrar, honra, y que merecen especial homenaje los que ayer roturaron el suelo en el que sembramos y cosechamos hoy.

 

Queridos colegas y amigos:

 

Es mucha la tarea pendiente, y está en las mejores manos. Pongámonos pues a la obra, y comencemos ya, para que nuestro esfuerzo pueda estar a la altura del que han desplegado nuestros anfitriones en la organización de este Simposio que queda así inaugurado con todos, y para el bien de todos los que estamos comprometidos con la defensa de la vida en todas sus manifestaciones.

 

Muchas gracias.

 

 

Nota

 

[1] Martí, José: Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. I, 369 - 370: “Sobre los oficios de la alabanza”. Patria, 3 de abril de 1892.

 

 

Discurso pronunciado en la inauguración del IV Simposio Latinoamericano y Caribeño de Historia Ambiental. Universidad Federal de Minas Gerais, Belho Horizonte, 28 de mayo de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 99 el 4 de junio de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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