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G. Castro Herrera es Licenciado en
Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la
Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.
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Queridos colegas, amigos, compañeros:
Pocas veces, como hoy, parece tan justa la observación de José Martí sobre
los oficios de la alabanza, al decir que
La generosidad congrega a los hombres, y la aspereza los aparta. El
elogio oportuno fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo
desanima. Sólo el corazón heroico puede prescindir de la aprobación humana;
y la falta de aprobación mina el corazón heroico. El velero de mejor
maderamen cubre más millas cuando lleva el viento con las velas que cuando
lo lleva contra las velas. Fue suave el yugo de Jesús, que juntó a los
hombres. La adulación es vil, y es necesaria la alabanza. [1]
Y es que la generosidad, en efecto, nos congrega aquí: la de esta
Universidad Federal de Minas Gerais, que nos acoge, y la de Regina Horta y
José Newton, que tanto nos han dado a todos de sí mismos, de su tiempo y de
sus afectos, para hacer posible este Simposio que nos congrega. De esa misma
delicadeza y sinceridad es, también, el aprecio que queremos expresar aquí
por el apoyo generoso que este Simposio, y nuestra Sociedad, han recibido de
la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Tal ha sido, por otra parte, el espíritu que ha animado, anima y animará sin
duda el proceso de formación de nuestra Sociedad. Cabíamos en un salón de
clases los veintitantos que en el año 2003 respondimos al llamado de
Fernando Ramírez, Mauricio Folchi y Reinaldo Funes a encontrarnos por
primera vez en Santiago de Chile. Ganamos en número y en la riqueza de
nuestros propósitos a lo largo de los encuentros que realizamos en La Habana
en el 2004 y en Sevilla en el 2006. Y hoy aquí, en Belho Horizonte, nos
parece natural ponernos de acuerdo sobre la agenda que deberemos atender en
México en el año 2010, y el lugar en que hemos de reunirnos en el 2012.
Dicho así, parece sencillo, pero cada uno de los aquí presentes conoce, de
una u otra manera, la diversidad y la complejidad de las tareas de
imaginación y de concertación de voluntades que esa misma sencillez expresa.
Somos, en verdad, lo que hemos llegado a ser por nuestra propia iniciativa y
nuestro propio esfuerzo, enriquecido por el apoyo solidario que nuestra
actividad ha concitado en organizaciones y colegas de otras regiones y
latitudes. De entre esas organizaciones, merecen especial mención las
sociedades Europea y Norteamericana de Historia Ambiental. Y de entre esos
colegas, seguro de no menoscabar el mérito de ninguno, es justo resaltar el
que corresponde al cálido respaldo que siempre hemos tenido del
estadounidense John Soluri –que hace honra al calificativo de americanos que
sus compatriotas utilizan para referirse a sí mismos–, y del español Manuel
González de Molina y su equipo de colaboradores de la Universidad Pablo de
Olavide.
Debemos reconocer, también, que hemos podido construir una organización
porque hemos estado dispuestos a constituirnos en una comunidad de cultura y
de conocimiento, como se ha hecho patente en los encuentros de trabajo y las
iniciativas de colaboración que hemos sabido llevar a cabo a lo largo y lo
ancho nuestra América. De allí ha resultado una gran riqueza de
publicaciones que recogen los frutos de ese esfuerzo, varias de las cuales
han de ser presentadas durante esta reunión, cuya producción y circulación
amplían una y otra vez nuestros espacios para el diálogo en toda la región,
y en el mundo.
De este modo, hemos consolidado con una feliz rapidez nuestra propia
identidad profesional y regional y, con ello, nuestras posibilidades y
capacidades para trabajar con otros. En este sentido, quisiera resaltar en
particular el aporte de diversos miembros de nuestra Sociedad al esfuerzo
colectivo, convocado desde Italia por Mauro Agnoletti y Gabriella Corona,
que dio por resultado la creación de la nueva –y novedosa, ademásv revista
Global Environment. Se trata de un esfuerzo de alcance verdaderamente
renacentista, encaminado a vincular entre sí a científicos y académicos de
todo el Planeta, que convergen en un mismo empeño por analizar en
perspectiva histórica los problemas que nos plantea a todos la crisis en que
han desembocado las relaciones de nuestra especie con el mundo natural.
Podemos y debemos sentir como propios tales propósitos en la medida en que,
al hacer lo que hacemos, comprobamos la razón del viejo adagio que nos
advierte que sólo seremos universales en la medida en que seamos auténticos.
Al respecto, si la historia ambiental es la historia del concepto de
ambiente –como nos lo dijera hace ya algunos años Enrique Leff–, y si ese
concepto sintetiza el resultado de las interacciones entre los sistemas
sociales y los sistemas naturales a lo largo del tiempo humano, la historia
que hacemos puede y debe estar cargada de futuro, porque sólo podremos
cambiar nuestras relaciones con la naturaleza en la medida en que estemos
dispuestos a cambiar, también, las relaciones sociales que nos permiten
interactuar con ella.
Este principio abstracto, en todo caso, sólo puede tener valor en
circunstancias concretas. Y la única manera de comprender tales concreciones
es a través del estudio de los procesos que han dado lugar a su formación, y
definen además sus opciones de transformación. La historia ambiental, así
entendida, no tiene ya que ser la crónica terrible de una devastación
inevitable. Por el contrario, al permitirnos entender los caminos por los
que hemos llegado a la situación en que nos encontramos, nos ayuda a
comprender mejor los que pueden alejarnos de ella. Pero, y quizás sobre
todo, la historia ambiental así entendida nos ayuda a comprender que el
desarrollo sostenible a que hoy aspira la Humanidad entera no puede ser
confundido con el mero crecimiento económico acompañado de preocupaciones
ambientales, sino que debe ser entendido como la creación de las condiciones
que hagan posible el desarrollo de nuestra especie en el futuro,
trascendiendo y superando las formas de organización de ese desarrollo que
nos han conducido a crear los riesgos crecientes de deshumanización y aun de
extinción que ya enfrentamos.
Es desde esa perspectiva de compromiso con la sostenibilidad del desarrollo
de la especie que somos, en armonía y contradicción constante con todas las
demás formas de vida con las que compartimos el Planeta que habitamos, como
debemos ahora acordar el trazo general del rumbo que nos lleve a nuestro V
Simposio de Historia Ambiental Latinoamericana y Caribeña en México en el
año 2010. Ahora, nos corresponderá a nosotros dialogar sobre el contenido
fundamental del encuentro que hemos de tener.
Al respecto, quisiera recordarles que el año 2010 será, también, el del 30
Aniversario de la publicación en México - siete años antes de la
presentación del Informe Brundlandt -, de la antología en dos tomos Estilos
de Desarrollo y Medio Ambiente en América Latina, editada por Osvaldo Sunkel
y Nicolo Gligo, en la que fueron presentadas las primeras notas para una
historia ecológica de nuestra región, redactadas por el propio Gligo y Jorge
Morello. Allí encontró su primer gran momento de síntesis la moderna cultura
latinoamericana de la naturaleza, desde la cual se ha desplegado nuestra
propia labor, y la de todos los que, desde todos los rincones de nuestra
región y desde las más diversas disciplinas antiguas y nuevas –como la
ecología política, la ecología social, la geografía histórica y la economía
ambiental–, vienen dando voz a nuestra América en el debate global sobre los
grandes problemas ambientales de nuestro tiempo. Sea cual sea el tema
central por el que optemos, convendrá recordar siempre que honrar, honra, y
que merecen especial homenaje los que ayer roturaron el suelo en el que
sembramos y cosechamos hoy.
Queridos colegas y amigos:
Es mucha la tarea pendiente, y está en las mejores manos. Pongámonos pues a
la obra, y comencemos ya, para que nuestro esfuerzo pueda estar a la altura
del que han desplegado nuestros anfitriones en la organización de este
Simposio que queda así inaugurado con todos, y para el bien de todos los que
estamos comprometidos con la defensa de la vida en todas sus
manifestaciones.
Muchas gracias.
Nota
[1] Martí, José: Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1975. I, 369 - 370: “Sobre los oficios de la alabanza”. Patria, 3 de
abril de 1892.
Discurso pronunciado en la inauguración del IV
Simposio Latinoamericano y Caribeño de Historia Ambiental. Universidad
Federal de Minas Gerais, Belho Horizonte, 28 de mayo de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
99 el 4 de junio de 2008. Se
reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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