Peripecias Nº 112 - 3 de septiembre de 2008

AMBIENTE

 

Uruguay nuclear

 

El brillo de Cherenkov

 

 

José da Cruz

 

 

 

J. da Cruz es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

 

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Expresiones como tecnología de última generación son discutibles; más exacto: son pura bobada. ¿Generaciones tecnológicas, como si se tratara de seres vivos? ¿Ya no tienen vigencia las tecnologías como la rueda y la palanca? Los defensores de la expresión son capaces de estirar metáforas al infinito cual relatores de fútbol. Pueden decir que el ADN de la rueda está presente en el rayo láser, o cosas parecidas, y esto lo saben bien quienes han redactado textos publicitarios. Eso de las generaciones es propaganda para vender computadoras, no otra cosa.

 

Otra expresión parecida es BAT, Best Available Technology, virus que infecta las mismas circunvoluciones cerebrales donde se alojan las generaciones del párrafo anterior. No importa si un emprendimiento es contaminante: es de última generación y es BAT. Otra posibilidad, como optar por el principio de precaución –¿alguien lo recuerda?–, no se cruza en el camino; menos aún se piensa en la búsqueda de un camino diferente.

 

Lo de las generaciones y las BAT son mensajes desde el poder y el pensamiento único. Mucha gente lo acepta y duerme tranquila. A partir de esos dos toques mágicos lo cotidiano se ve más bonito. Uno puede afirmar ante algún visitante extranjero “esta industria es de última generación y aplica las BAT”. No se necesita agregar “de ese modo nos sentimos un poquito menos insignificantes”, pues queda implícito.

 

Si algún atrevido alegase posibles consecuencias negativas siempre está el contra argumento “tenemos derecho a hacerlo” por el empleo, el bien del país, las generaciones futuras, las madres adolescentes, las áreas naturales protegidas, los niños carenciados…

 

Todo este galimatías de BAT y generaciones pone la carreta delante de los bueyes. ¿De qué hablamos? ¿Hablamos sobre fábricas de celulosa, plantaciones forestales, puerto de aguas profundas, venta de empresas del Estado o energía nuclear? No. A contramano hablamos, en realidad, de cómo será el país en 25 o 30 años.

 

Los argumentos a favor de la energía nuclear están listos y en paquete: no importa un reactor en Uruguay pues los de Atucha en Argentina ya nos ponen en riesgo; nos independizamos del petróleo; sobrará energía eléctrica para vender al exterior; podemos controlar los riesgos; la tecnología de Chernobil era un atraso pero hay reactores muy seguros; no queremos volver a la época de las cavernas; Europa está construyendo centrales otra vez; los técnicos nucleares no emigrarán; con materiales radiactivos se combaten las enfermedades, la deuda externa, el mal, el hambre, la sed, el desempleo y la calvicie. Obvio, se trata de tecnología BAT, la de última generación.

 

Quien tiene poder se adjudica el privilegio de formular los problemas y al mismo tiempo aportar la solución. Es un mecanismo habitual y no puede decirse que esté fuera de las reglas del juego democrático. Hoy por hoy, la “solución” nuclear –de muy bajo perfil durante tantos años– levanta cabeza con orgullo.

 

El revival no se limita a Uruguay. Es parte de una campaña concertada entre empresarios y consultoras aprovechando el oleaje agitado del precio del petróleo y la llamada crisis energética, campaña que se ajusta anualmente en los simposios de la World Nuclear Association. Mientras comienza setiembre de 2008 se reúne el número 33 en Londres.

 

En la época de la conquista nos vendían brillantes espejitos y cuentas de colores; hoy nos venden la luminiscencia verdosa del agua pesada en el alma del reactor, el Brillo de Cherenkov. Para que compremos el brillo habrá presiones políticas y tecnológicas, amplios créditos y jugosas comisiones. Se dice que la industria nuclear presupuesta un 10 por ciento del precio de una central para comisiones. Con eso se paga una linda campaña política.

 

El futuro del país a 25 o 30 años ya está decidido: será nuclear, tapado de monocultivos transgénicos y zonas francas. Así lo quieren los partidos políticos, todos. Las cúpulas partidarias del Uruguay, todas y que esto quede muy claro, escogieron como proyecto de país sincronizar la marcha con lo que decidieron “otros”, allá lejos y allá arriba, muy arriba. Modelos propios no hay. Las honrosas excepciones son eso, honrosas y excepciones. En cambio, los “otros” siempre disfrutan de amables aliados con el aplauso pronto. Y brillan, todos ellos brillan.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 112 el 3 de septiembre de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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