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Expresiones como tecnología de última generación son discutibles; más
exacto: son pura bobada. ¿Generaciones tecnológicas, como si se tratara de
seres vivos? ¿Ya no tienen vigencia las tecnologías como la rueda y la
palanca? Los defensores de la expresión son capaces de estirar metáforas al
infinito cual relatores de fútbol. Pueden decir que el ADN de la rueda está
presente en el rayo láser, o cosas parecidas, y esto lo saben bien quienes
han redactado textos publicitarios. Eso de las generaciones es propaganda
para vender computadoras, no otra cosa.
Otra expresión parecida es BAT, Best Available Technology, virus que
infecta las mismas circunvoluciones cerebrales donde se alojan las
generaciones del párrafo anterior. No importa si un emprendimiento es
contaminante: es de última generación y es BAT. Otra posibilidad, como optar
por el principio de precaución –¿alguien lo recuerda?–, no se cruza en el
camino; menos aún se piensa en la búsqueda de un camino diferente.
Lo de las generaciones y las BAT son mensajes desde el poder y el
pensamiento único. Mucha gente lo acepta y duerme tranquila. A partir de
esos dos toques mágicos lo cotidiano se ve más bonito. Uno puede afirmar
ante algún visitante extranjero “esta industria es de última generación y
aplica las BAT”. No se necesita agregar “de ese modo nos sentimos un poquito
menos insignificantes”, pues queda implícito.
Si algún atrevido alegase posibles consecuencias negativas siempre está el
contra argumento “tenemos derecho a hacerlo” por el empleo, el bien del
país, las generaciones futuras, las madres adolescentes, las áreas naturales
protegidas, los niños carenciados…
Todo este galimatías de BAT y generaciones pone la carreta delante de los
bueyes. ¿De qué hablamos? ¿Hablamos sobre fábricas de celulosa, plantaciones
forestales, puerto de aguas profundas, venta de empresas del Estado o
energía nuclear? No. A contramano hablamos, en realidad, de cómo será el
país en 25 o 30 años.
Los argumentos a favor de la energía nuclear están listos y en paquete: no
importa un reactor en Uruguay pues los de Atucha en Argentina ya nos ponen
en riesgo; nos independizamos del petróleo; sobrará energía eléctrica para
vender al exterior; podemos controlar los riesgos; la tecnología de
Chernobil era un atraso pero hay reactores muy seguros; no queremos volver a
la época de las cavernas; Europa está construyendo centrales otra vez; los
técnicos nucleares no emigrarán; con materiales radiactivos se combaten las
enfermedades, la deuda externa, el mal, el hambre, la sed, el desempleo y la
calvicie. Obvio, se trata de tecnología BAT, la de última generación.
Quien tiene poder se adjudica el privilegio de formular los problemas y al
mismo tiempo aportar la solución. Es un mecanismo habitual y no puede
decirse que esté fuera de las reglas del juego democrático. Hoy por hoy, la
“solución” nuclear –de muy bajo perfil durante tantos años– levanta cabeza
con orgullo.
El revival no se limita a Uruguay. Es parte de una campaña concertada
entre empresarios y consultoras aprovechando el oleaje agitado del precio
del petróleo y la llamada crisis energética, campaña que se ajusta
anualmente en los simposios de la World Nuclear Association. Mientras
comienza setiembre de 2008 se reúne el número 33 en Londres.
En la época de la conquista nos vendían brillantes espejitos y cuentas de
colores; hoy nos venden la luminiscencia verdosa del agua pesada en el alma
del reactor, el Brillo de Cherenkov. Para que compremos el brillo habrá
presiones políticas y tecnológicas, amplios créditos y jugosas comisiones.
Se dice que la industria nuclear presupuesta un 10 por ciento del precio de
una central para comisiones. Con eso se paga una linda campaña política.
El futuro del país a 25 o 30 años ya está decidido: será nuclear, tapado de
monocultivos transgénicos y zonas francas. Así lo quieren los partidos
políticos, todos. Las cúpulas partidarias del Uruguay, todas y que esto
quede muy claro, escogieron como proyecto de país sincronizar la marcha con
lo que decidieron “otros”, allá lejos y allá arriba, muy arriba. Modelos
propios no hay. Las honrosas excepciones son eso, honrosas y excepciones. En
cambio, los “otros” siempre disfrutan de amables aliados con el aplauso
pronto. Y brillan, todos ellos brillan.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 112
el 3 de septiembre de 2008. Se permite la
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