Peripecias Nº 115 - 24 de septiembre de 2008

AMBIENTE

 

 

Donald Worster y la historia ambiental

 

 

Guillermo Castro H.

 

 

 

G. Castro Herrera es Licenciado en Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.

 

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Prólogo del libro Transformaciones de la Tierra, de Donald Worster. Editorial Coscoroba, Biblioteca Latinoamericana de Ecología Política. Montevideo, 2008

 

 

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La irrupción de la naturaleza en el campo de las ciencias humanas constituye ya uno de los hechos más notables de la cultura de nuestro tiempo. De una manera que parece casi súbita por contraste con el prolongado período de especialización y separación de campos que precedió al tiempo que vivimos, lo ambiental se torna en objeto de preocupación y estudio para la economía, la sociología, la ciencia política y, naturalmente, la historia.

 

En alguna medida, esta tendencia nueva a la cooperación y la síntesis expresa la necesidad de dar forma a las preguntas inéditas que nos plantea la época en que vivimos, marcada desde hace más de un decenio por una circunstancia de crecimiento económico sostenido acompañado de un constante deterioro social y ambiental. Y de todas esas preguntas, ninguna es tan importante como la que se refiere al carácter y el significado de la evidente crisis por la que atraviesan las relaciones entre los humanos y su entorno natural.

 

No se trata, por supuesto, de nuestra primera crisis de relación con el mundo natural. El dominio del fuego, la generalización de la agricultura, el surgimiento de la civilización, son apenas algunos ejemplos de hechos del pasado que han provocado un vasto impacto ambiental. Aquellas crisis, sin embargo, fueron por lo general de carácter local; afectaron a sociedades específicas; se desarrollaron de manera gradual, y su impacto estuvo circunscrito a ambientes humanos particulares, que habían rebasado la capacidad de sustentación que podían ofrecerles los ecosistemas en que se sustentaban.

 

Por contraste, la crisis de hoy tiene un carácter global; afecta a todas las sociedades del planeta; se ha venido gestando con intensidad creciente en un período de apenas doscientos años –y sobre todo en el último medio siglo–, y da muestras ya de estarse transformando en una crisis ecológica, y no meramente ambiental. A ello cabe agregar, también, que en esta crisis aflora –como quizás nunca antes–, la estrecha relación existente entre las relaciones que los seres humanos establecen entre sí en la producción de sus condiciones de vida, y las que como especie establecen con el conjunto del mundo natural.

 

Van quedando atrás, así, los tiempos en que lo ambiental se reducía a un problema tecnológico, demográfico, o meramente económico, para dar paso a una visión de creciente complejidad, que demanda por lo mismo formas nuevas de colaboración e interacción entre las ciencias humanas y las naturales. En esta relación nueva resaltan dos elementos cruciales. Por un lado, que lo social y lo natural deben ser comprendidos en el marco más amplio de las interacciones entre los sistemas sociales y los sistemas naturales. Por otro, que la historia puede y debe contribuir a plantear tres factores de importancia decisiva para comprender el alcance de esas interacciones en el desarrollo de nuestra especie.

 

En primer término, que los problemas ambientales que enfrentamos hoy tienen su origen en las formas en que hemos venido haciendo uso de los ecosistemas en el pasado. Enseguida, que el uso de la naturaleza por nuestra especie constituye un factor de creciente importancia en la historia natural. Y, por último, que nuestras ideas acerca de la naturaleza y de las formas en que debe ser puesta al servicio de nuestras necesidades están socialmente determinadas de maneras a la vez evidentes y sutiles.

 

Este es, precisamente, el universo de problemas y tareas al que se refiere la obra de Donald Worster (1941), quien ocupa la cátedra Hall para profesores distinguidos de historia de los Estados Unidos en el Departamento de Historia de la Universidad de Kansas. Desde allí, persiste en la obra que años atrás lo llevó a convertirse en uno de los fundadores de la historia ambiental, cuya forja tuvo lugar al calor del creciente interés por los problemas de la biósfera que ha venido caracterizando a las culturas noratlánticas a partir de la década de 1970.
En ese sentido, dicha disciplina fue definida por el propio Worster a principios de la década de 1980 como una “nueva historia” que busca combinar una vez más la ciencia natural y la historia, no como otra especialidad aislada, sino como una importante empresa cultural que modificará considerablemente nuestra comprensión de los procesos históricos. Lo que esta indagación implica, aquello para lo que nuestros tiempos nos han preparado (es)... el desarrollo de una perspectiva ecológica en la historia.

 

No sólo se trata, así, de que la historia ambiental procure entender la crisis global de la biósfera como el resultado de un proceso en el que han venido interactuando fenómenos de larga y muy larga duración –como el desarrollo de la agricultura y el crecimiento de la población–, con otros de plazo más breve e intensidad mucho mayor, como el uso masivo de los combustibles fósiles en los siglos XIX y XX, o la generalización de la agricultura de monocultivo sostenida en el consumo de agroquímicos en enorme escala en todo el planeta en la segunda mitad de este siglo. Se trata, sobre todo, de que la historia ambiental se propone el estudio de la interacción que tiene lugar entre la especie humana y sus entornos, cada vez más artificializados, y las consecuencias y advertencias que resultan de esa interacción para los humanos en lo ecológico como en lo político, lo cultural y lo económico.

 

En esa perspectiva, Donald Worster ha producido ya una amplia obra, que incluye entre sus títulos más conocidos Nature’s Economy. A history of ecological ideas. Cambridge University Press, 1994; The Wealth of Nature. Environmental history and the ecological imagination. Oxford University Press, New York, 1993, y Rivers of Empire. Water, Aridity and the Growth of the American West. Oxford University Press, New York Oxford, 1992. Para un conocimiento de primera mano de los orígenes, tendencias y preocupaciones fundamentales de la historia ambiental, además, tienen especial importancia sus ensayos “La Historia como Historia Natural: un ensayo sobre teoría y método“ (Pacific Historical Review, 1984); “Transformaciones de la Tierra: hacia una perspectiva agorecológica en la historia” (Journal of American History, March 1990) y “Encuentro de Culturas: la historia ambiental y las ciencias ambientales” (Environment and History, Vol. I, Num. 1, 1996).

 

La obra de Donald Worster ha sido traducida a casi todos los idiomas cultos de la Tierra, desde el sueco al mandarín y el japonés. Sin embargo, su difusión en lengua española ha sido lenta y difícil. Se inició en Panamá, con la publicación de los tres ensayos arriba mencionados en distintas ediciones de la revista Tareas a mediados de la década de 1990, continuó con la primera edición de esta antología por el Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá en el año 2000, y con una segunda edición en la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia, en costa Rica, en el año 2006. A ello se ha sumado, además, una persistente difusión de textos de Donald Worster entre los integrantes de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental, creada en el año 2006, a la que están vinculado un importante grupo de sus discípulos norteamericanos.

 

La que ahora ofrece CLAES es la primera edición sudamericana. Con ella, CLAES ofrece un importante servicio a la comunidad ambientalista del Cono Sur, en sí misma y en sus relaciones con sus pares de otras regiones del mundo. La historia que Worster propone puede y debe, en efecto, ampliar y enriquecer significativamente el diálogo entre las ciencias humanas y las ciencias naturales en torno a los problemas ambientales que enfrenta América Latina, y porque sin duda facilitará y estimulará además el acceso a este campo del conocimiento a un creciente número de personas interesadas en el tema.

 

Todo esto contribuirá sin duda a estimular entre nosotros la búsqueda de nuevos enfoques en la cooperación entre las sociedades de nuestro Hemisferio, y entre ellas y la comunidad global, a partir de una mejor comprensión del sustrato histórico y cultural que subyace tras las concepciones de cada una acerca de sus relaciones con su mundo natural. La obra de historiadores como Worster se remite a fin de cuentas a interacciones de escala planetaria, y estará siempre incompleta en la medida en que no consiga incorporar al diálogo que la sustenta la producción de estudiosos de lo ambiental y lo cultural en regiones como América Latina.

 

Desde nosotros, será evidente que si la historia ambiental es la historia del concepto de ambiente –como nos lo dijera hace ya algunos años Enrique Leff–, y si ese concepto sintetiza el resultado de las interacciones entre los sistemas sociales y los sistemas naturales a lo largo del tiempo humano, la historia ambiental latinoamericana puede y debe estar cargada de futuro, porque sólo podremos cambiar nuestras relaciones con la naturaleza en la medida en que estemos dispuestos a cambiar, también, las relaciones sociales que nos permiten interactuar con ella. Así entendida, la historia ambiental no tiene ya que ser la crónica terrible de una devastación inevitable. Por el contrario, al permitirnos entender los caminos por los que hemos llegado a la situación en que nos encontramos, nos ayuda a comprender mejor los que pueden alejarnos de ella para crear las condiciones nos permitan trascender y superar, desde hoy hacia mañana, las formas de organización del desarrollo de nuestra especie que nos han conducido a crear los riesgos crecientes de deshumanización y aun de extinción que ya enfrentamos.

 

Fundación Ciudad del Saber,

Panamá, junio de 2008

 

Prólogo del libro de Donald Worster, Transformaciones de la Tierra, Editorial Coscoroba, Biblioteca Latinoamericana de Ecología Política de CLAES, Montevideo, junio 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 115 el 24 de septiembre de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.

 

 

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