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J. C. Postigo es candidato a PhD. en
geografía por la Universidad de Texas en Austin.
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En lo que a glaciares se refiere, el Perú es un país privilegiado: más del
70% de los glaciares tropicales del mundo se encuentran en territorio
peruano, y nuestra cordillera Blanca es la cadena montañosa tropical con más
glaciares en el planeta. La mayor masa glaciar tropical a nivel global
también está en nuestro país: es el Quelccaya, ubicado en la cordillera
Oriental, que incluye al Qori Kalis, el glaciar tropical más grande del
mundo.
El lado negativo de esta posición privilegiada es una mayor vulnerabilidad
frente al cambio climático global. Los glaciares son unas de las víctimas
más inmediatas del aumento de las temperaturas, pues se empiezan a deshielar,
con la consecuente pérdida paulatina de masa, cuya manifestación más visible
es su "retroceso" hacia las cumbres de las montañas. Así, entre 1963 y 1978,
el Qori Kalis se retiró a razón de 6 m/año. Desde entonces, el retroceso de
este glaciar se ha acelerado, y actualmente lo hace a 60 m/año. A esta
velocidad, la posibilidad de que desaparezca en el corto plazo es muy alta.
Y la amenaza es mayor para glaciares de menor elevación.
Pero el retroceso de los glaciares no es el único impacto dramático del
cambio climático en los Andes: una de las principales consecuencias es el
desplazamiento hacia arriba de los rangos ecológicos altitudinales, es
decir, que las condiciones ecológicas (temperatura, lluvias, etc.) que antes
imperaban a determinada altitud, ahora se han desplazado a una altitud
mayor. Este fenómeno compromete la subsistencia de algunas especies e
incrementa la vulnerabilidad de los ecosistemas. Otras consecuencias son la
variación de la extensión y ubicación de los pastizales, y la modificación
de los flujos de agua de deshielo. Respecto a este último punto, el impacto
del cambio climático está poniendo en riesgo la provisión de agua para el
consumo doméstico, la generación energética y la actividad agrícola,
especialmente para la agricultura de secano, que depende del agua de
deshielo en la época seca.
Son varias las formas en que las sociedades pastoriles en las zonas
altoandinas están respondiendo al cambio climático. Buscando adaptarse a las
nuevas condiciones, las comunidades están modificando los patrones de
movilidad del ganado; extienden mediante riego las zonas de bofedales, a fin
de contar con pastos en la época seca; establecen relaciones de cooperación
y reciprocidad entre familias; diversifican la colocación de la mano de obra
familiar; incorporan la economía mercantil dentro de su economía doméstica;
y modifican las instituciones y reglas para acceder y controlar zonas de
pastoreo. Un ejemplo de este último punto lo encontramos en una comunidad
huancavelicana –registrada en un reciente estudio publicado en la revista
científica Human Ecology–, en donde el periodo después del cual las
nuevas familias pueden solicitar pastos a la asamblea comunal ha sido
extendido de uno a dos años. En todos estos cambios puede verse cómo las
familias pastoras están recurriendo a su acervo de relaciones sociales,
prácticas culturales y conocimientos, para adaptarse a las nuevas
condiciones socioambientales.
El retroceso de los glaciares también tendrá un impacto importante en la
generación de energía hidroeléctrica. Por citar un ejemplo: la energía
producida en la central hidroeléctrica del cañón del Pato, según un estudio
del Banco Mundial publicado en 2007, disminuiría alrededor del 11% en el
caso de que el agua de deshielo de los glaciares que nutren al río Santa
disminuyese en 50%; si el agua de deshielo de los glaciares llegara a
desaparecer, la producción caería alrededor del 14%. Este mismo estudio
estimó que el rápido retiro de los glaciares andinos incrementaría los
costos anuales del sector generador de energía en alrededor de $1.5 billones
(si se racionaba la energía) o de $212 millones (si se daba una adaptación
gradual). También estimó que, ante escenario negativo, el Perú muy
probablemente se vería obligado a invertir alrededor de $1 billón por
gigawatt instalado en energías alternativas, como la energía termal. El alza
de las tarifas eléctricas y el consecuente impacto en el bolsillo del
usuario final, parecen evidentes. El gobierno central, sin embargo, parece
no tener idea de cómo reaccionar frente a las nuevas condiciones climáticas
que nos impone el calentamiento global.
Publicado en Revista Agraria, No 99, septiembre
2008. Publicada por Cepes. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 120
el 29 de octubre de 2008. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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