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El 2 de diciembre comenzó en Polonia la Conferencia de la ONU dirigida a
hablar sobre el Cambio Climático. En ese marco, Evo Morales, presidente de
Bolivia, ha pedido por carta que se cree una Organización Mundial del Medio
Ambiente a la cual respondan los entes comerciales y financieros al tiempo
que promueva un desarrollo amigable con la naturaleza.
En su carta, el presidente boliviano señala que la organización propuesta
debe contar con “mecanismos efectivos de seguimiento, verificación y sanción
para hacer cumplir los acuerdos presentes y futuros”. Pero además Morales va
más allá cuando solicita una profunda transformación de la Organización
Mundial del Comercio (OMC), del Banco Mundial (BM), del Fondo Monetario
Internacional (FMI) y del sistema económico internacional para garantizar un
"comercio justo". Lo que sería una nueva arquitectura internacional.
Sabido es que esta conferencia servirá de puente hacia la próxima
Conferencia de Copenhague, Dinamarca. Allí, el próximo año se intentará
conseguir un nuevo acuerdo mundial que sustituya al Protocolo de Kyoto de
1997, ya que éste dejará de estar en vigor dentro de cuatro años.
Y lo cierto es que ya sabemos todos que el mundo superará la crisis
financiera actual. Sin embargo, también sabemos todos (y si no, deberíamos
saberlo), que el calentamiento global será permanente a menos que los países
del mundo se unan para contener las emisiones de gases peligrosos a la
atmósfera.
Las consecuencias de no actuar con rapidez pueden ser devastadoras. Se habla
de la posible extinción de casi un tercio de las especies de la Tierra, la
posible desaparición de las capas de hielo del oeste de la Antártida, que
podría provocar la subida del nivel del mar en varios metros y la escasez de
agua para muchas más personas de las que hoy no cuentan con dicho líquido.
Es por todo ello que son bienvenidas las peticiones y los llamados de
atención que los mandatarios hagan en este sentido. Por supuesto que esto no
es nuevo. Por lo general las Conferencias de este estilo suelen hacer este
tipo de peticiones y muchos llamados de atención. Tantos que la mayoría de
las veces son resumidas como “bla bla bla” ya que, por lo general, todos
sabemos que no llegan a nada.
Sin embargo, si me permite el optimismo, más allá de que tal vez sea una
petición más, y más allá de que posiblemente Evo permita actividades en
Bolivia que distan de la conservación sustentable del ambiente, es un buen
comienzo. No olvidemos en este sentido que la crisis financiera global ha
complicado el proceso ya que con menos dinero y la caída de los precios de
petróleo existe menos financiación para proyectos sostenibles.
Pese a la crisis mundial, el encuentro se abre con una buena noticia para
los participantes porque Estados Unidos estará presente. Y esta es una buena
noticia porque se trata del único país industrializado que no ratificó el
Protocolo de Kyoto, firmado en 1997.
En tanto, el mandatario norteamericano electo, Barack Obama, se comprometió
a disminuir, antes de 2020, las emisiones de gases de efecto invernadero en
su país a los niveles de hace 19 años. Aunque no asistirá personalmente, el
demócrata estará representado por los senadores John Kerry y Barbara Boxer.
Por supuesto que el compromiso asumido representa una muy buena señal.
En 1997, en la ciudad japonesa de Kyoto, los países industrializados se
habían comprometido a reducir las emisiones de los gases de efecto
invernadero más peligrosos en al menos un 5% para el año 2012 en relación
con los niveles de 1990.
El gran desafío, con miras a Copenhague, será definir los compromisos más
allá de 2012 e incluir a Estados Unidos, pero también a las cinco grandes
economías emergentes: China, India, Brasil, Sudáfrica y México, ya que
contaminan tanto como los países industrializados.
Publicado en el semanario Peripecias Nº
125 el 3
de diciembre de 2008. Se permite la reproducción del
artículo siempre que se cite la fuente.
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