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F. Flores es docente en Historia de las Ideas y
Director de Estudios del Departamento de Ciencias Culturales en la
Universidad de Lund en Suecia.
La presente nota fue enviada por el
autor en respuesta al artículo Los ambientalistas: ¿anti-tecnológicos
o promotores de nuevas tecnologías? de Diego
Martino - ver ...
publicado en el número 1
de Peripecias. Invitamos a quienes estén interesados en este debate a
enviarnos sus comentarios.
Para leer más artículos sobre esta
polémica visite nuestra sección Ambiente
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En su defensa del movimiento ambientalista Diego Martino [ver...] argumenta de
manera convincente acerca de la visión simplista que la mayoría de la gente
tiene de este movimiento. Pero en su defensa del ambientalismo como fenómeno
ideológico complejo y muchas veces positivo, el artículo se pasa por alto
las bases sociales de este fenómeno, sus orígenes, su compromiso real con
los intereses de las grandes metrópolis, las universidades europeas y
norteamericanas, las empresas multinacionales “progresistas”, etcétera.
El ambientalismo, como la “democracia liberal y cristiana”, el feminismo, el
marxismo y otros ismos, son el producto de sociedades coloniales y
postcoloniales. Esto no quiere decir que los contenidos ideológicos sean
detestables. Todo lo contrario, muchas veces las ideas e intenciones son
realmente buenas. Solo que para poder aprovecharlas, el ambientalismo, la
“democracia liberal y cristiana”, el feminismo, el marxismo y otros ismos,
deben dejar de ser lo que son y pasar a ser “desarrollo sostenible”,
“democracia popular”, “movimientos por los derechos de la mujer”, “justicia
social”, etcétera. En otras palabras, deben ser digeridos adaptados, modificados,
reorganizados, replanteados, purificados por “nuestra” realidad.
América Latina, y en general todo el mundo pobre, debe mirar con extrema
precaución estos movimientos cuando aparecen sin mediaciones aclimatizadoras,
cuando son el producto de clases medias con los ojos puestos en el “mundo
civilizado”.
Tenemos el ejemplo cercano de las pasteras en Uruguay. La responsabilidad de
los ambientalistas en el enfrentamiento gravísimo entre Argentina y Uruguay,
dos naciones empobrecidas y en crisis, más que nunca necesitadas de fuentes
de trabajo e inversiones, más que nunca en la necesidad de colaborar y
dialogar, es enorme e imperdonable. El caso es todavía más grave cuando se
comprueba que es el enfrentamiento entre los dos primeros gobiernos con
verdadera representatividad popular.
Quizá se deba a la ingenuidad política de los actores, a una falta evidente
de conocimiento de la historia de la región, mucho saber de economía y de
biología y poco de historia. Ingenuidad siempre aprovechada por los
políticos sin escrúpulos que todavía abundan.
No olvidemos que el ecologismo es “trigo limpio” en las democracias
liberales de Occidente, las mismas que conspiran contra Chávez, contra Evo
Morales y que acechan para devolver al poder al liberalismo político en todo
el continente.
Martino tiene razón en todo lo que dice pero se olvida de decir lo más
importante: podemos lograr los mismos objetivos sin “ecologismo”. Nos
alcanzará trabajar por un desarrollo sostenido.
Publicado en Peripecias Nº 4 el
5 de julio 2006. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.
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