Peripecias Nº 5 - 12 de julio de 2006

AMBIENTE

 

Contaminación y salud

 

En el Mercosur de la soja los impactos de los agrotóxicos se convierten en un problema regional

 

 

Martín Pardo

 

 

 

 

M. Pardo es politólogo y analista de información en CLAES D3E.

 

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Lamentablemente en tiempos en los que el bloque regional no transita por caminos de coincidencias políticas que permitan potenciarlo, Brasil, Argentina y Uruguay en cambio están sufriendo un mismo problema: la contaminación por agrotóxicos aplicados en plantaciones de soja.

 

La región apuesta a la soja, los mercados y sus tendencias hoy alimentan esa opción, pero sin embargo está generando impactos sociales y ambientales más allá de los números y los saldos de exportación. El Mercosur de la soja en los términos actualmente planteados no va de la mano con un ambiente saludable y además el uso indiscriminado de agrotóxicos en determinadas regiones está afectando el derecho a la salud de muchos individuos. Ciertos sectores y actores gubernamentales de estos países parecen muy firmes en el discurso agroexportador y en sus exhortaciones en pro del cultivo oleaginoso. Pero lamentablemente los gobiernos no aparecen tan enfáticos ni tan celosos al momento de fiscalizar algunos de los impactos del llamado “modelo sojero”. Uno de los casos más dramáticos es la aplicación de los agrotóxicos sin los controles adecuados.

 

La situación de Piauí, Brasil

 

En la región sur del Estado de Piauí, es una zona del Cerrado donde el cultivo de soja está en plena expansión, se están denunciando graves contaminaciones. Según denuncias del Procurador del Ministerio Público, existe una grave omisión por parte del gobierno. Al mismo tiempo, el gobierno de Piauí señala que las pruebas presentadas con relación a la contaminación no son concluyentes.

 

A principios del mes de junio se conoció la situación del trabajador José Vileno Pereira en una hacienda de Ribeiro Gonçalves, ubicada al sur de este estado. Su trabajo era dosificar el agrotóxico que dos aviones aplicaban a diario sobre las extensas plantaciones de soja. Pereira ya no trabaja en la hacienda debido a sufrir fuertes dolores de cabeza y registrar inflamación en el rostro y las piernas, y estuvo internado casi un mes en un hospital de Teresina. Los exámenes realizados arrojaron un diagnóstico claro: "intoxicación por agrotóxico”.

 

Sin lugar a dudas es un caso puntual, pero que nos habla por un lado de una problemática evidente; la ausencia de controles para la aplicación de agrotóxicos que se incrementa además con la expansión del cultivo de soja en la región. Por otra parte, pone en evidencia la vulnerabilidad de muchos trabajadores que, como Pereira, se exponen a enormes riesgos sin la instrucción adecuada y luego quedan absolutamente desprotegidos por el sistema.

 

La región del Cerrado piauiense abarca las ciudades de Ribeiro Goncalvez, Uruçuí y Bajada Grande. El año pasado la población de Ribeiro Gonçalves ya alertaba sobre trabajadores que habrían muerto a causa de la contaminación e incluso la Federación de Trabajadores de la Agricultura presentó una denuncia ante la Delegación Regional del Trabajo que incorporaba información sobre quince casos: “Tenemos mucha gente enferma aquí en la región. Y son siempre hombres entre 18 y 40 años, presentando los mismos síntomas...", advierte Jurandir Rodrigues, del Sindicato de Trabajadores Rurales de Ribeiro Gonçalves.

 

Jorginei Morais, investigador de la Universidad Federal de Piauí, señala que los agrotóxicos más utilizados en la cosecha de soja contienen organofosforados, carbamatos o piretroides. De acuerdo con Superintendencia de Control de Epidemias(Sucen) de San Pablo, esos tres tipos de sustancias pueden intoxicar al trabajador a través de la piel, por la respiración, o mediante la utilización de objetos contaminados. Si los niveles de intoxicación son agudos, la exposición al producto puede llevar al trabajador a la muerte.

 

En Uruguay fumigaciones al por mayor

 

En Uruguay el cultivo de soja está en plena expansión concentrando el 44,1% de la superficie agrícola del país, ocupando 278.000 hectáreas en la última zafra. En este país la reglamentación indica que la distancia entre una zona poblada y la plantación nunca debe ser menor a 300 metros en el caso de la fumigación terrestre o de 500 metros para fumigación aérea.

 

En la localidad de Palmitas, en el departamento de Soriano, hay lugares en donde la plantación llega a estar a cinco metros de las viviendas. Las normas no son respetadas: "Los días de fumigación hay ataques de alergia, la gente tiene los ojos enrojecidos, le vienen ataques de asma. Hay mucha gente con asma acá, con problemas respiratorios", expresó a la prensa una vecina que vive frente a una plantación.

 

Según el jefe de Higiene de la Intendencia Municipal de Soriano, Ovidio Olivera, el uso indebido de plaguicidas ha generado un aumento de los casos de cáncer. "El 80% de las muertes en el pueblo se deben a esa enfermedad", afirman los vecinos.

 

Los habitantes de Palmitas están haciendo gestiones ante las autoridades y el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP) desde principios del 2006 recibió cuatro denuncias sobre las fumigaciones realizadas sin respetar las distancias exigidas. Por ahora se sabe que habría una multa a la empresa responsable de la fumigación, pero no hay respuestas sobre la problemática de fondo. "Ahora pararon de fumigar porque la soja perdió la hoja y no precisa. Pero en cuanto se precise van a volver a hacerlo", aseguró una vecina.

 

Argentina: graves denuncias en Córdoba

 

Desde hace años los vecinos de la zona de Barrio Ituzaingó Anexo y Montecristo, en la provincia de Córdoba están denunciando gravísimas situaciones. Denuncian la aparición masiva de enfermedades vinculadas al uso de agrotóxicos en los cultivos cercanos. Aparecen varios casos de cáncer, lupus, malformaciones congénitas, alergias y asma. Esta situación ha sido registrada por el Dr. Edgardo Schinder y forma parte de un informe epidemiológico que recomienda la relocalización del Barrio Ituzaingó Anexo ante el peligro de vida de sus habitantes.

 

A la fecha se han denunciado más de sesenta casos de complicaciones oncológicas relacionadas con la fumigación con pesticidas en campos linderos. Los vecinos presentaron el caso ante la Corte Interamericana de Justicia. El barrio Ituzaingó se ubica al Sureste de la ciudad de Córdoba y cuenta con 5000 habitantes y 1200 viviendas.

 

Debido al aumento de los casos, la situación ha sido denunciada ante diversos organismos públicos como la Secretaría Derechos Humanos de la Nación Argentina, Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación. Todavía no se ha logrado que el Estado Nacional ejerza sus facultades de control.

 

Según el Dr. Schinder, fundador y presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Ambiental, siempre hay causas predisponentes y causas desencadenantes. En este caso, la exposición a plaguicidas es el desencadenante, pero como predisponente está que el barrio fue edificado en un lugar insalubre, donde durante 40 años la gente tomó agua intoxicada, entre otras tantas cosas que han producido efectos acumulativos.

 

Los efectos sobre la salud

 

El glifosato es el agrotóxico más usado en el manejo de la soja. Es un herbicida de amplio espectro usado para matar plantas no deseadas, como pastos anuales y perennes, hierbas de hoja ancha y especies leñosas. Se lo aplica en cultivos de soja transgénicas que han sido manipuladas genéticamente para ser inmunes al producto; por lo tanto la aplicación del glifosato mata todas las hierbas indeseadas y deja indemne a la soja.

 

Un reporte de la Universidad de Buenos Aires sobre la toxicología de este producto, realizado por el Dr. Jorge Kaczewer, señala que los “los herbicidas en base a glifosato pueden ser altamente tóxicos para animales y humanos”. En los seres humanos los “síntomas de envenenamiento incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, electrocardiogramas anormales y daño o falla renal".

 

Además advierte sobre los cambios que los propios gobiernos han promovido frente a este agrotóxico: “Hasta el advenimiento de los cultivos transgénicos tolerantes al glifosato, el límite máximo de glifosato residual en soja establecido en EE.UU. y Europa era de 0,1 miligramos por kilogramo. Pero a partir de 1996, estos países lo elevaron a 20 mg/Kg, un incremento de doscientas veces el límite anterior”.

 

La necesidad de pensar en conjunto

 

Las situaciones presentadas en los tres países, son casos puntuales, claro que existen otros. La soja avanza en el Mercosur y por añadidura la aplicación de los agrotóxicos, que son parte fundamental del paquete tecnológico asociado a la variedad de semilla transgénica. Mientras tanto los órganos que deben fiscalizar y dar las garantías necesarias para asegurar que estos procesos no afecten los derechos y la salud de sus habitantes se toman su tiempo. 

 

 

Resumen de un artículo más extenso publicado en Plataforma Soja, el 12 de julio de 2006. Se publica en Peripecias Nº 5 el 12 de julio de 2006. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente.

 

 

 

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