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E. Gudynas es
analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo,
Economía, Ecología, Equidad – América Latina).
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Marcos Luidson de Araujo, es cacique del pueblo xukurú, y como muchos otros
líderes indígenas, está amenazado de muerte. Estas y otras historias se
presentaron en el taller internacional sobre integración regional desde la
mirada de los pueblos indígenas, que tiene lugar en Cochabamba (Bolivia). Es uno
de los varios eventos que giran alrededor de la Cumbre Social de los Pueblos,
que se desarrolla en paralelo al encuentro presidencial de la Comunidad
Sudamericana de Naciones. En el mismo evento, Raimunda María de Oliveira Suares,
del Consejo Indigenista Misionero de
Brasil, ahondó en la problemática de los pueblos indígenas. En la entrevista que
sigue repasamos algunos de los temas más candentes en Brasil.
¿Cuáles son los problemas más graves que enfrentan los pueblos indígenas en
Brasil?
R. Oliveira Suares: Tenemos varios problemas. Comencemos por la tierra.
Alrededor de la tenencia de la tierra ocurren muchos conflictos. Por ejemplo, en
la Amazonia, se dispone de enormes extensiones de tierra, pero muchas áreas
están sin demarcar, no han sido homologadas, o están invadidas por hacendados o
madereros. Por otro lado, fuera de la Amazonia, en las otras regiones de Brasil,
hay poca tierra disponible para los indígenas, y por lo tanto se genera un
confinamiento, que desemboca en muchos conflictos.
Otro problema grave es la falta de una buena cobertura educativa. La legislación
brasileña garante una educación diferenciada, que debería seguir las pedagogías
de cada pueblo, incluso sus lenguas. Pero eso no se cumple, y no se ofrece una
buena educación a esos pueblos. La sociedad blanca invade la sociedad indígena;
se produce el material educativo afuera y se lo mete dentro de las comunidades
indígenas, y ni siquiera se usa su lengua.
La salud fue privatizada en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, y entonces
en las zonas indígenas ¿quién va a proveer la salud? Se termina delegando a
ONGs, iglesia y otras instituciones, a veces organizaciones indígenas, pero en
general la cobertura es insuficiente. No hay fiscalización, y los servicios son
malos. Es muy doloroso ver que los mas afectados son niños y viejos, donde
muchos de ellos mueren por esa mala cobertura. Además falta un reconocimiento, e
incluso se le falta el respeto, a la salud indígena, al papel de los sanadores
de las comunidades indígenas y su propia medicina.
Raimunda Maria de Oliveira Suares es una mujer bajita, de enorme energía, y que
pone mucha pasión durante toda la entrevista. Ha trabajado por varios años en el
CIMI (Consejo Indigenista Misionero), con sede en
Brasilia, y suena que en unos pocos meses viajara a África para continuar su
trabajo. Por el contrario, Marcos Luidson es joven y calmado, con apenas 28
años, pero ya es un cacique de los xukurú desde hace siete años. Viajó desde
Pernambuco, desde el corazón del nordeste brasileño, para participar de los
talleres en Bolivia.
En el caso especifico de los xukurú, ¿cuál es su principal problema?
Marcos Luidson: Nuestro principal problema es la criminalización. Eso resulta de
la lucha por la tierra. Estamos luchando por recuperar nuestra tierra,
especialmente allí donde esta invadida por latifundios, donde hay intereses
económicos y políticos. En la medida que nosotros nos
organizamos para retomar el control de los territorios, y rompemos con esa
situación, comienzan las persecuciones.
Primero nos persiguen los hacendados, madereros, garimpeiros (minería ilegal a
cielo abierto), y otros grupos. Amenazan a nuestros líderes, y mandan sus
pistoleros a perseguirnos. Pero luego presionan las oligarquías rurales y los
políticos. Después el poder del Estado termina cediendo a los intereses de esos
sectores, y olvidan los derechos de los pueblos indígenas. El Estado no demarca
las tierras, no homologa, no aplican las políticas
públicas. El Estado facilita la persecución y los asesinatos de nuestros
líderes. Lo peor es cuando hay un asesinato, la policía no busca a los
responsables. Por el contrario, la policía comienza a investigar a los propios
líderes indígenas, y los envuelve en denuncias y procesos judiciales.
Terminamos siendo demandados. Con esto se paraliza la lucha del pueblo xukurú.
Hoy hay muchos líderes con procesos judiciales abiertos. Entre los xukurú
tenemos 150 personas que están respondiendo a la justicia por procesos, y eso es
una proporción muy grande. Los xukurú somos unos 9 mil indígenas en 23 aldeas,
cubriendo un territorio 27 mil hectáreas.
¿Es mucha la responsabilidad de ser cacique?
Marcos Luidson: Es mucha responsabilidad, porque estamos luchando por nuestras
vidas. Estamos luchando por mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos, y
debemos siempre estar atentos a la discusión política. Nosotros tenemos que
proponer políticas, pero el gobierno no respeta sus compromisos en políticas
públicas.
¿Cómo llegaste a ser cacique tan joven?
Marcos Luidson: Es que mi padre era el cacique, y fue asesinado. Fue asesinado
el 28 de mayo de 1998. Yo asumí el cacicado después de la muerte de mi padre, en
enero del año 2000. A los dos meses recibí la primera amenaza de muerte. Era una
carta anónima, colocada debajo de la puerta de la casa de mi tía, el lugar donde
mi padre fue asesinado. En la carta se ponía el nombre propio del hacendado de
la zona que quería matarme, y decía que iba a arrancar mi cabeza, aunque fuera
procesado.
Eso se ha repetido en los últimos años. Me han amenazado por carta, por
teléfono. Hice la denuncia a los poderes públicos, como la fiscalía, la policía
y hasta la prensa, pero no se hizo nada.
En el Brasil actual, ¿estos son casos aislados?
Raimunda Oliveira Suares: Ahora se vuelve más y más común. Es muy frecuente
entre los líderes de los pueblos indígenas.
Pero esta situación, ¿ha empeorado bajo el gobierno Lula?
Marcos Luidson: Con el gobierno Lula empeoró la situación. El gobierno no nos
protege, y se coloca a un lado, sin actuar. El problema es que frente a la
criminalización, debemos recurrir por ejemplo a la justicia. Pero muchas de las
personas que son parte del sistema de justicia de Brasil, en realidad son
familiares o amigos de los políticos y los empresarios que nos persiguen, y
entonces se hace muy difícil lograr una justicia más coherente que pueda
solucionar y enfrentar estas denuncias en relación a los derechos de los pueblos
indígenas.
Raimunda Oliveira Suares: Opino de la misma manera, y creo que la situación ha
empeorado. La criminalización se ha hecho más amplia, y ahora también alcanza a
las instituciones y organizaciones que trabajan con los pueblos indígenas.
Nosotros tenemos personas del CIMI amenazadas de muerte, como el caso más
reciente nuestro compañero Sebastián, que debió ser retirado de su trabajo de
campo en Mato Grosso para poder preservar su vida y la de su familia.
Tenemos algunos avances. Por ejemplo, las organizaciones y pueblos
indígenas han creado un foro en defensa de los derechos indígenas que intenta
colocar en la agenda de los gobiernos la cuestión indígena. Buscamos movilizar
el movimiento indígena, hemos hecho concentraciones y marchas en Brasilia, para
hacer sentir nuestra voz ante muchas agencias del gobierno para presionar para
que se respeten los derechos indígenas. Hoy existen muchas promesas, pero quedan
en promesas, y no se cumplidas.
Raimunda y Marcos participan en un foro sobre integración regional y pueblos
indígenas convocado por CEADES, una organización de apoyo a los pueblos
originarios con sede en Santa Cruz (Bolivia). Además de ese taller, estarán en
el foro de discusión sobre pueblos indígenas que constituye una de las
actividades más destacadas de la Cumbre Social de los
Pueblos que se celebra en Cochabamba.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 26 el 6 de
noviembre
2006. Se permite la reproducción del artículo siempre
que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas
restricciones. |