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J. E. Romero es historiador en la Universidad del Zulia (Venezuela).
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Lo que esta ocurriendo con TVES y RCTV, tiene que ir más allá del simple
discurso estructurado en torno al ejercicio soberano de la autoridad del Estado
y la defensa de la libertad de expresión de todos los venezolanos.
Considero que tanto aquellos que, defendiendo –convincentemente– la postura de
los Ministros Chacòn y Lara, así como del ciudadano presidente; cómo los que se
identifican con lo sostenido por el dúo Rodríguez-Granier, caen en una
generalización terrible.
El problema que vivimos los venezolanos en este momento, se concentra en el
hecho que asistimos a la construcción de un nuevo marco interpretativo, que
corresponde a una mirada, una perspectiva sobre la cual se entiende el mundo
social. Es decir, en pleno siglo XXI, no es que ha hecho crisis el sistema
político, sino que también las representaciones e ideas que teníamos sobre
nuestro país. Asistimos a un proceso de redefinición de esas ideas y
representaciones, y ese proceso está siendo dilucidado en los medios de
comunicación social. Ello es así, porque los venezolanos construimos nuestras
ideas sobre la sociedad, la política; basado en la información que recibimos de
los medios de comunicación. En un estudio realizado por REDPOL en el 2000, se
indicaba que los interesados, los muy interesados y los nada interesados en la
política lo hacían a través de la exposición a la información recibida mediante
la TV, en un 58, 62 y 68% respectivamente. Es decir, la información que maneja
el ciudadano, incluso aquel que se declara “antipolítico” es derivada de los
medios audiovisuales.
De lo que se trata, es comprender que la TV forma, moldea una opinión. Que los
ciudadanos repetimos aquello que escuchamos de determinados “autores” (personas
consideradas respetables), y sobre esas apreciaciones realizamos una
interpretación simultánea. Que la exposición a la influencia de los medios
audiovisuales e impresos es enorme y que ellos “ayudan” en la formación de
nuestras opiniones.
Esto nos lleva a ciertas verdades, que no deben gustar. Una, RCTV no defiende la
libertad de los venezolanos a estar informada, eso es una construcción basada en
una posición equívoca. RCTV defiende los intereses económicos que representa.
Dos, TVES y El Estado Nacional, no representan –en este momento– los intereses
de todos los venezolanos, quizás cuando su programación pase a discutirse en
asambleas populares, con todos los productores independientes podrá hacerse esa
afirmación. Con ello queremos afirmar, rotundamente, que tanto RCTV y TVES están
dilucidando la forma hegemónica en la que pueden incidir en la construcción de
opiniones políticas todos los venezolanos.
Ambos factores de poder –porque no hay duda que TVEs y RCTV son factores de
poder– se enfrentan por el control. La ventaja la tiene indudablemente TVES, que
contando con una base legal de apoyo, ha adelantado una campaña informativa de
desplazamiento de la antigua hegemonía de sectores económicos ligados a los
medios audiovisuales, específicamente el Grupo 1BC.
En estos momentos los venezolanos somos testigos de la construcción de un bloque
hegemónico, en el sentido pensado por Antonio Gramsci. Eso es, la conglomeración
–más bien unión– de un conjunto de actores sociales, políticos y culturales,
quienes asumen la necesidad de mancomunar esfuerzos en procura de alcanzar
objetivos comunes.
Los grupos sociales, los productores nacionales independientes, los actores
políticos ligados al chavismo, los sectores económicos enfrentados con el Grupo
1BC, los actores perjudicados, segregados, desplazados por el “estilo de
gerencia” de Marcel Granier; decidieron hacer frente común, agregándose a ellos
una base jurídica provista por la ley de Responsabilidad Social –mal llamada ley
Resorte– y la decisión estratégica de “utilizar” el mejor y mayor espacio
radioeléctrico.
Decir, cómo lo señalan los antichavistas conglomerados en torno a Granier, que
se trata de un “robo a la libertad de expresión”, es una gran mentira. Decir,
cómo lo señalan fuentes ligadas al MINCI que es “simplemente” una decisión
soberana, no se corresponde con la verdad. Lo que estamos dilucidando es cómo
los actores sociales y políticos asumen el enorme poder de convencimiento que
tienen los medios de comunicación audiovisual sobre las personas, sin importar
su formación socio-educativa. El estudio que citamos, indicaba el uso que hacían
los ciudadanos de los medios (TV), según nivel educativo era como sigue:
primaria completa 70,8%, secundaria incompleta 73,5%, técnico superior completa/
universitaria incompleta 65%, superior completa 55,6%. Como se observa, por
estos datos provisto por REDPOL, la mayoría de la población venezolana – sin
importar su nivel social y educativo- hace un uso frecuente de la TV como medio
de apoyo en la construcción de sus opiniones políticas.
Eso, en un país donde la señal de TV se ha ampliado, donde el Estado Nacional
está entrando a competir seriamente por el control del espacio radioeléctrico,
con las compañías privadas, donde experimentamos un constante proceso de
reajuste socio-político, resulta vital para cualquier proyecto político que
pretenda perdurar. De lo que se trata, es entender como asistimos a una profunda
discusión sobre el ritmo, la dinámica que adquiere el Estado nacional, los
actores políticos, los grupos económicos y los actores sociales, en esta primera
mitad del siglo XXI. Cuando revisamos en perspectiva, los inicios de los últimos
siglos en la historia de Venezuela, nos damos cuenta que en todos se repitió la
discusión sobre la construcción de la hegemonía: en el siglo XIX, la disputa fue
entre el estado Colonial y los grupos sociales y económicos mantuanos, por el
acceso a los privilegios políticos. La bandera de discusión: los derechos como
nación. El siglo XX, entre la perspectiva autoritarista-positivista del
castrismo-gomecismo y la exigencia de ampliación de los derechos políticos y
ciudadanos. La bandera: el derecho al voto y la participación. El siglo XXI,
entre los modelos de democracia representativa y el modelo radical de
democracia, la bandera: el derecho de las libertades –en un sentido liberal– de
la ciudadanía y la política. Ayer como hoy, asistimos a una coyuntura crítica,
que nos abre causes interesantes para el análisis comparado y para la
demostración que la historia no es simplemente el estudio del pasado, sino de la
relación pasado-presente-futuro.
Publicado en el semanario
Peripecias Nº 51 el 6 de junio
de
2007. Se permite la reproducción del artículo siempre
que se cite la fuente. |