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La Asamblea General de la ONU aprobó el 13 de setiembre la
Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas, un instrumento
internacional cuyas negociaciones tomaron dos décadas y que protegerá a los más
de 370 millones de personas pertenecientes a esas comunidades en todo el mundo.
El texto fue adoptado con 143 votos a favor, 4 en contra –Canadá, Estados
Unidos, Nueva Zelanda y Australia– y 11 abstenciones.
La Declaración consta de 46 artículos y establece parámetros mínimos de respeto
a los derechos de los pueblos indígenas, que incluyen propiedad de la tierra,
acceso a los recursos naturales de los territorios donde se asientan, respeto y
preservación de sus tradiciones y autodeterminación.
El documento también reconoce derechos individuales, y colectivos relativos a la
educación, la salud y el empleo. Uno de los puntos más importantes del texto es
el referente al apego de los indígenas a la tierra. Varios artículos mencionan
su derecho a poseerlas, utilizarlas y desarrollarlas. En este sentido, dispone
que los Estados aseguren el reconocimiento y la protección jurídica de esas
tierras, territorios y recursos y que no procedan a ningún traslado “sin el
consentimiento libre, previo e informado de los pueblos indígenas interesados,
ni sin un acuerdo previo sobre una indemnización justa y equitativa“.
El texto también hace hincapié en la importancia de la educación bilingüe y
alude a la implementación de medidas especiales para asegurar el mejoramiento
continuo de las condiciones económicas y sociales de los ancianos, mujeres y
menores, en particular.
La Declaración no es jurídicamente vinculante, pero representa un instrumento
dinámico en las normas internacionales, que ayudaría a proteger a los indígenas
contra la discriminación y marginación.
El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, acogió con beneplácito la adopción
de la Declaración, a la que se refirió como un triunfo para todas las
comunidades indígenas del mundo. En un comunicado, afirmó que se trata de un
momento histórico en el que los Estados Miembros de la ONU y los pueblos
indígenas se han reconciliado con sus dolorosas historias y han demostrado su
disposición de avanzar juntos por el camino de los derechos humanos, la justicia
y el desarrollo para todos.
El titular de Naciones Unidas urgió a los gobiernos y la sociedad civil a
integrar de inmediato a sus agendas de derechos humanos y desarrollo los asuntos
relacionados con las garantías de los indígenas. Asimismo, los instó a elaborar
políticas y programas a todos los niveles para garantizar que la Declaración se
convierta en una realidad.
Algunas voces latinoamericanas
El canciller de Bolivia, David Choquehuanca, que estuvo presente durante la
votación, se mostró sorprendido por el voto negativo de países como EEUU o la
abstención de otros, como Colombia, el único Estado iberoamericano que no votó a
favor de la declaración, que asegura proteger los derechos de las minorías
indígenas. “Espero que recapaciten. Este es un instrumento que nos permite
luchar contra la discriminación y el racismo”, manifestó. A pesar de que la
declaración no tiene carácter vinculante (no es obligatorio incluirla en las
constituciones nacionales), Choquehuanca advirtió que el texto adoptado tiene
una importancia similar a la Declaración de los Derechos Humanos.
En Bolivia ya se celebra la declaración. En medio de una entrega de tractores en
Cochabamba, el presidente de la República, Evo Morales, señaló que es un hito
histórico para el movimiento indígena. El Presidente convocó a un encuentro
mundial de indígenas a realizarse el 10 y 11 de octubre y a una gran fiesta para
el 12, “para recordar la invasión de los españoles”, dijo.
Pedro Nuni, directivo de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia,
anunció que su institución pedirá que sea reconocido como una ley de la
República y que sea tomado en cuenta por los 255 asambleístas. “Que la
Constituyente lo sepa y se adecue con los términos que corresponden. La
Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia dará un mandato a los asambleístas
para que tomen como referencia esta declaración. Desde ahora son vanos los
argumentos de los sectores contrarios de los pueblos indígenas”, dijo.
Los primeros en alegrarse por la declaración fueron los partidarios del
Movimiento Al Socialismo. Raúl Prada aseguró que será tomada en cuenta para la
nueva Constitución, e incluso antes de ser aprobada por la Organización de las
Naciones Unidas, el partido oficialista reconocía el derecho a la libre
determinación de los pueblos. El segundo vicepresidente de la Asamblea, Mauricio
Paz, calificó de interesante la declaración de la ONU, ya que “es una conquista
justa de la demanda de los pueblos indígenas”. Sin embargo, considera que al no
ser una declaración vinculante a los países miembros, es una resolución en el
ámbito sociológico. “En los efectos jurídicos es un reconocimiento para que los
pueblos indígenas, en el marco de sus usos y costumbres, puedan determinar sus
normativas para su uso dentro sus sociedades, pero siempre dentro del espacio
nacional”, concluyó.
Por su parte, el representante del Consejo de Todas las Tierras del Pueblo
Mapuche, el chileno Aucun Huilcaman, dijo que la decisión transforma a partir de
ahora las difíciles relaciones entre los pueblos indígenas y los gobiernos de
América Latina. Huilcaman consideró que la implementación de la declaración
puede llevar a la creación de regímenes autonómicos y nuevos marcos jurídicos
para las comunidades indígenas. “El derecho internacional ha dado un paso
importante en el reconocimiento de los derechos colectivos”, estimó.
Tras su primera presentación en 1982 ante la entonces Comisión de Derechos
Humanos (CDH) de la ONU, varios países occidentales y africanos preocupados por
la repercusión de la declaración en su soberanía lograron impedir su avance
mediante continuados llamados a su renegociación. Estos retrasos fueron
considerados por los activistas indígenas como intentos de proteger los
intereses de las grandes empresas de estos países en las explotaciones
económicas de sus tierras ancestrales. En 2006, después de ser adoptada por la
Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, lograron aplazar de nuevo su
consideración hasta el actual 61 periodo de sesiones de la Asamblea General. Las
diferencias con Estados africanos se solventaron en sesiones que incorporaron
nueve enmiendas. Una especifica que los derechos reconocidos a los indígenas no
se pueden interpretar como un peligro para la integridad de los Estados.
La aprobación de la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas por la
Asamblea General de la ONU es un hecho "histórico" para las comunidades nativas,
especialmente para las de América, según indicó el dirigente y politólogo
guatemalteco Álvaro Pop. Se trata de un hito "verdaderamente histórico",
enfatizó Pop, politólogo indígena y presidente de la organización "Naleb'"
(inteligencia en la lengua Q'eqchí).
Guatemala cuenta con unos 13 millones de habitantes, de los el que 46 por ciento
pertenece a las 22 etnias mayas del país. Pop, quien es uno de los líderes de la
misión indígena que observó las elecciones generales celebradas el pasado
domingo en Guatemala, añadió que la ratificación del texto en la ONU representa
"un hito importante en términos de legislación a nivel mundial".
En el marco de la globalización, "nos estamos dando cuenta de que las fronteras
desaparecieron hace un tiempo y que, en ese sentido, las culturas, los pueblos,
las migraciones y los derechos específicos, tienen un significado verdaderamente
clave en el ámbito de las nuevas relaciones", subrayó.
Pop dijo que todos los pueblos indígenas del mundo, pero en particular los de
América, "pueden apelar a estos derechos establecidos en la Declaración sabiendo
que existen contextos que van a ir perneando las legislaciones nacionales".
En su opinión, las legislaciones nacionales tienen que prepararse para tomar en
consideración los derechos de los pueblos indígenas, particularmente en
contextos como el medio ambiente, la tierra y las relaciones que los inmigrantes
empiezan a generar en algunos Estados de América Latina y el resto del mundo.
"El tema de los pueblos indígenas era particularmente importante porque había
Estados que les interesaba mucho que se pudiera aprobar, pero habían otros que
veían con preocupación un planteamiento que pudiera afectar definiciones de
Estado al interior de sus países", anotó.
La otra cara de la moneda
Para las naciones que votaron en contra, la declaración otorgaba derechos a las
poblaciones indígenas que entran en conflicto con los del resto de la población
y con el marco constitucional de los países democráticos. Para ellos, el mayor
problema es la interpretación de la palabra autodeterminación, que temen pueda
interpretarse como derecho a la separación territorial o provoque la
‘balcanización’ de sus territorios.
“Australia ha expresado su oposición al uso del término autodeterminación, que
más bien está relacionado con situaciones de descolonización (…) No podemos
respaldar un texto que pone en peligro la integridad territorial de un país
democrático”, expuso el embajador de ese país ante la ONU, Robert Hill, en su
intervención.
Canadá apuntó que el documento no se adecua a su legislación en materias como la
propiedad de tierras, su explotación o su uso por parte de las fueras armadas.
Entre los puntos más polémicos de la declaración figura un artículo según el
cual “los estados deberán otorgar reconocimiento legal y protección” a las
tierras, territorios y recursos que son tradicionalmente propiedad de los
indígenas, así como a las áreas “ocupadas, usadas o adquiridas” por estos
pueblos. También se polemizó por la idea de que los pueblos indígenas tienen el
derecho al resarcimiento, lo cual puede incluir la restitución o, cuando no es
posible, una compensación justa y equitativa por sus tierras y recursos, “que
han sido confiscados, tomados, ocupados, usados o dañados sin su libre, previo e
informado consentimiento”. Se objetó asimismo la disposición que obliga a los
Estados a solicitar de los pueblos indígenas el consentimiento para cualquier
proyecto que afecte a sus tierras, territorios y otros recursos.
A pesar de las resistencias de algunos, se ha dado un paso importante en el
reconocimiento de los derechos indígenas; más allá del derecho sobre sus tierras
originarias (que parece ser lo que más preocupa a ciertos gobiernos), su cultura
y tradición. Para ser efectivo, este avance en la “democratización” de los
derechos a nivel global debe ser complementado con políticas nacionales
específicas, poniendo verdaderamente en práctica a la declaración, y haciéndola
trascender más allá de los salones de la ONU.
Elaborado en base a reportes de prensa. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
66 el 19 de
setiembre de 2007. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos. |