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La intervención del Estado en la actividad económica con estatización de
empresas, restricciones a las exportaciones y controles de precios, entre otras
medidas, no parece estar contribuyendo a materializar los cambios estructurales
postulados por el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del MAS, evalúan líderes
empresariales, analistas y dirigentes políticos de la oposición derechista en
Bolivia. Según el gobierno, la reacción brutal y desesperada de las clases
dominantes “en descenso” prueba que algo está cambiando.
Varios documentos de evaluación difundidos en las últimas semanas por institutos
y grupos de presión conservadores concluyen que el “estatismo trasnochado” del
MAS no garantiza la estabilidad macroeconómica ni el control de la inflación; en
tanto que sus “radicales” postulados “ideológicos” en comercio internacional
“aíslan” al país y ahuyentan las inversiones. [1]
En casi todos los casos, los grupos conservadores analizan la política económica
del MAS desde la óptica del liberalismo como único paradigma válido de
interpretación de la realidad, y critican al gobierno por no apostar por libre
mercado irrestricto y la gran empresa privada como factores claves del
desarrollo económico.
Crecimiento de la economía
El PND del gobierno proyectaba un crecimiento económico de 5,3% en 2007, pero el
INE reportó 4,6% y el FMI y la CEPAL calcularon 4%. El PND espera un crecimiento
de 6,4% en 2008, aunque el FMI estima sólo 4,7%. Estas tasas de crecimiento
menores a la media latinoamericana prueban que el país no aprovecha el auge de
precios de las materias primas ni la expansión de la demanda mundial de
manufacturas, critica la derecha.
Sin embargo, en términos macroeconómicos, el régimen nacionalista “post
neoliberal” del MAS y su vilipendiado intervencionismo estatal ha cosechado más
éxitos en dos años y medio que el liberalismo económico en dos décadas.
El Vicepresidente Alvaro García Linera recuerda que en el neoliberalismo
(1985-29005) el Producto Interno Bruto (PIB) creció en promedio 3% anual y nunca
pasó de 5%. En la administración de Evo Morales el PIB aumentó 4,5 por ciento en
promedio. Los 12 sectores económicos estudiados por el INE para medir el PIB
muestran un incremento respecto a 2007: la producción de petróleo y gas subió
11,34 por ciento, la construcción 8,59 por ciento y la minería 6,07 por ciento.
Los ingresos del Estado subieron de un promedio de 300 millones a 1.500 millones
de dólares anuales gracias a la estatización de las petroleras Chaco, Andina y
Transredes; las plantas de refinación de Cochabamba y Santa Cruz; la Fundición
de Vinto, la mina Huanuni y la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL).
Los gobiernos neoliberales acumularon en el Banco Central de Bolivia (BCB) 1.700
millones de dólares en reservas internacionales en dos décadas. En dos años y
seis meses de “nacionalismo indígena”, las reservas sobrepasan los 7.000
millones de dólares.
Inflación
El PND preveía una inflación de un dígito para todo el periodo, pero a dos años
de su implantación la inflación de dos dígitos y en ascenso se ha convertido en
el principal problema de la economía nacional.
Varios estudios realizados por la oposición identifican de manera casi
coincidente como factores determinantes de la inflación el elevado y desordenado
gasto público para consolidar la presencia del Estado en la economía, y el
crecimiento descontrolado de la masa monetaria con el bono Juancito Pinto y la
Renta Dignidad, que crearon “condiciones artificiales de bienestar en ciertos
segmentos de la población”.
La derecha “relativiza” factores externos como el incremento de precios
internacionales, que en su criterio fueron atenuados con “subsidios” estatales y
“controles” de precios en el mercado interno. El alza de precios de los
alimentos es una falla de gestión del gobierno, afirma la Confederación de
Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), pese a que la FAO confirmó hace poco que
la inflación es un problema mundial debido principalmente al encarecimiento de
los alimentos. [2] En Bolivia, la inflación promedio de 8.3 por ciento es en
gran parte consecuencia del alza del precio de la harina en un 69 por ciento.
García Linera comenta que en 20 años de políticas económicas impuestas por el
FMI el promedio de la inflación fue 11.5%, aunque en el gobierno de Jaime Paz,
cuando el jefe opositor de UN Samuel Doria Medina era ministro de Planificación,
el indicador llegó al 18%.
Libre comercio e inversiones
El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) y el senador de Podemos Luis
Vásquez alertan que la “deficiente”, “inmadura” y “poco profesional” política
exterior y comercial está llevando al país al aislamiento, con costos políticos,
históricos y económicos muy altos.
La derecha lamenta el “aislamiento” de la economía boliviana de las corrientes
mundiales de comercio porque se han puesto tres cruces al tratado de libre
comercio con Estados Unidos y no hay voluntad de formar parte de un acuerdo con
la Unión Europea, los dos mercados “más grandes del planeta”. La Cámara Nacional
de Exportadores de Bolivia (Caneb) estima que al menos el 70% de los mercados
externos está en riesgo de perderse debido a las divergencias con Estados Unidos
y Perú.
Las exportaciones nacionales subieron de un promedio anual de 1.100 millones de
dólares en el neoliberalismo hasta 2.588 millones de dólares a mayo de 2008, con
la expectativa de llegar en diciembre a 5.500 millones en ventas de
hidrocarburos, minerales (plomo, plata, zinc, estaño, wólfram), productos
agroindustriales, manufacturas, textiles, muebles y otros. Estos datos, asegura
el Vicepresidente, echan por tierra las versiones de que el actual modelo
económico está aislando a Bolivia del mundo. [3]
Las nacionalizaciones y el retiro del CIADI, por mencionar algunas acciones
antiempresariales, aumentaron la inseguridad jurídica e hicieron escapar a la
inversión extranjera generadora de fuentes de trabajo, critica la oposición.
Los gobiernos de Banzer y Sánchez de Lozada decían que el Estado boliviano
invertía entre 400 y 450 millones de dólares y la empresa privada, 800 millones
de dólares, aunque luego se confirmó que no hubo tal inversión. García Linera
asegura que en la actualidad el Estado es el motor que empuja la economía con
una inversión de entre 1.100 y 1.700 millones de dólares. [4]
En un papel de “vocero” de la UE, el senador Tito Hoz de Vila (Podemos) dice que
los europeos esperan un rol “mucho más protagónico y menos obstruccionista de
Bolivia, el país que mayor cooperación recibe y el que más traba la negociación
con la Unión Europea”. Hoz de Vila exige a la Cancillería remplazar al “radical”
equipo negociador boliviano encabezado por el “intransigente” embajador para
asuntos Comerciales y de Integración Pablo Solón, quien “entorpece” las
negociaciones y no acompaña la realidad de hoy.
Toda la argumentación de la derecha se basa en un supuesto: La liberalización
del comercio “promueve el desarrollo” y el acceso al mercado europeo de 500
millones de habitantes generará inversión, más empleo y divisas, e impulsará la
economía. Lo cierto es que el “libre comercio” enriquece a unos cuantos, no
beneficia a corto plazo y su impacto en la economía de los países andinos será
“muy pequeño”, reconoció la propia Oficina del Representante Comercial
estadounidense (USTR) en 2004. [5] Se puede esperar lo mismo del TLC europeo,
cuyos estándares normativos son más radicales que los acordados en la OMC.
Según la directiva europea relativa a la protección jurídica de las invenciones
biotecnológicas (Directiva 98/44/CE, art. 5.2), “un elemento aislado del cuerpo
humano o producido mediante procedimiento técnico, inclusive la secuencia
parcial de un gen, puede constituir una invención patentable, aún si la
estructura de este elemento es idéntica a la de un elemento natural”.
En esas condiciones y sin capacidad para la innovación en patentes, sobre todo
farmacéuticas, Bolivia podría fomentar la biopiratería y el robo de recursos
genéticos si firma un tratado con Europa, alerta la ex directora del Servicio
Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi) Claudia Solares.
En el marco de las negociaciones del Acuerdo General de Comercio y Servicios (AGCS)
de la OMC, la UE solicitó a algunos países en desarrollo que suprimieran sus
exigencias de préstamos obligatorios a pequeñas y medianas empresas,
contradiciendo a un amplio sector de la comunidad internacional que considera
que el aumento de la producción agrícola en los países en desarrollo es clave
para enfrentar las causas de la crisis alimentaria.
Los gobiernos de la CAN esperaban resolver el problema de migración en las
negociaciones con la UE. Pero luego de la aprobación de la Directiva de Retorno,
repudiada hasta por el Vaticano, los presidentes de Bolivia y Ecuador preguntan:
¿qué sentido tiene “asociarse” con Europa que postula el libre movimiento de
mercancías y capitales y al mismo tiempo criminaliza migración de seres humanos?
Parece que sólo hay globalización para el comercio, mirando el mercado y la
plata, y no el ser humano, reclama Evo Morales.
La derecha liberal culpa a Evo Morales de la crisis política en la CAN, cuando
los responsables de la fractura son los gobiernos de Colombia y Perú porque
supeditan la integración andina a los tratados de libre comercio. Alan García
pretende modificar la decisión 486 de la CAN sobre propiedad intelectual para
compatibilizarla con el TLC Perú-Estados Unidos, poniendo en riesgo el proceso
de integración andino. Perú estaría dispuesto a abandonar la CAN, que representa
apenas el 20% de sus exportaciones, para firmar un tratado de con la UE.
La derecha local tiende a sobredimensionar los conflictos y la falta de cohesión
entre los países andinos. Culpa a los “radicales” de la suspensión de la cuarta
ronda de negociación que debía celebrarse entre el 7 y el 11 de julio en
Bruselas porque no entiende los cambios políticos en la CAN, donde se ha
quebrado el “consenso de Washington” y ha surgido un saludable debate de ideas
que de vez en cuando sube de tono.
Ecuador y Bolivia en procesos constituyentes replantean el uso de sus recursos
naturales, el papel del Estado en la economía, los procedimientos para aprobar
tratados internacionales y muchos otros aspectos medulares de la economía
liberal rechazada por cada vez más gente en Europa y Estados Unidos. [6]
Fieles al libre mercado, Colombia y Perú buscan un acuerdo comercial inmediato
con la UE y discrepan con sus socios, pero respetan sus visiones de desarrollo,
a diferencia de la arrogante UE que ha conminado a Morales y a Correa a aceptar
un TLC o salirse de la negociación.
El canciller David Choquehuanca invitó a los opositores de Podemos a que
acompañen al equipo negociador en próximas rondas para que se informen y
comprueben que Bolivia y Ecuador no frenan la negociación sino que avanzan con
prudencia, conscientes de los enormes riesgos del acuerdo CAN-UE.
“Cambios estructurales”
La bonanza estatal se explica principalmente por los altos precios
internacionales de las materias primas y de la energía. Sin embargo, los éxitos
macroeconómicos también se deben a que el Estado retoma paulatinamente el
control de la economía e interviene directamente en el mercado como productor de
bienes y servicios.
La pregunta es si la recuperación del Estado basta para consolidar los cambios
estructurales prometidos en el Plan Nacional de Desarrollo. El Vicepresidente
asegura que aunque a veces pasen desapercibidos, los cambios en la estructura
económica del país avanzan mucho más rápido que las transformaciones políticas.
Los cuatro pilares de la vieja economía nacional eran las empresas petroleras,
la agroindustria, la minería grande y mediana y la banca, sectores que eran
dueños de casi toda la riqueza fundamental del país. Ahora, dice García Linera,
el nuevo núcleo de poder es el Estado junto a la unidad productiva micro,
pequeña y mediana, privada y comunitaria, urbana y rural, considerada la
promotora del desarrollo nacional y la principal generadora de empleo.
En los primeros dos años y medio de gobierno del MAS, la gran empresa privada
nacional y transnacional privilegiada por el Estado neoliberal durante más de 20
años ha perdido influencia política y económica, especialmente las extensas
redes de intermediarios locales que prosperaron a la sombra de transnacionales
de la energía, y el bunker agroindustrial que monopolizaba la producción,
intermediación y procesamiento de granos.
Averiadas y debilitadas, las antiguas clases dominantes “en descenso” reaccionan
con brutalidad y desesperación desde núcleos derechistas radicales en el Senado,
comités cívicos y prefecturas del oriente del país. García Linera observa que
esta gente chantajea, amenaza, golpea y boicotea el programa social y económico
del gobierno constitucional porque “les hemos quitado la plata, no para
nosotros” sino para que el Estado construya escuelas, brinde servicios de salud,
aumente salarios y asegure inversión productiva.
Hidrocarburos
Analistas de derecha destacan que a dos años de la estatización de los
hidrocarburos (con tres ministros de hidrocarburos y cinco presidentes de YPFB
de por medio), Bolivia dejó de ser centro de distribución energética del cono
sur, y paga multas por incumplir compromisos de exportación. Los hogares y la
industria sufren racionamiento de gas natural; falta carburantes para el
transporte y la agricultura, y se agotan las reservas probadas de gas. La
inversión ejecutada en el sector es 16% de lo previsto en el PND.
Según García Linera, las petroleras extranjeras integraban el grupo más
importante e influyente de la economía boliviana: detentaban la propiedad de los
reservorios de gas y petróleo, las torres, equipos de perforación y ductos;
controlaban la explotación, el transporte, el mercado y los precios de
exportación. Alrededor del poder petrolero se movía una red regional de
intermediarios, subcontratistas y comerciantes, sobre todo en Santa Cruz y
Tarija.
Este núcleo petrolero ha sido “desmontado” con la Ley 3058 (nacionalización con
la compra de acciones), y toda la cadena del gas (comercio, transporte
refinación, precios) pasó a propiedad de los bolivianos. La participación del
Estado en la renta petrolera subió 27% a 72-75% y sus ingresos se elevaron de
500 a 2.000 millones de dólares.
Las petroleras se quedaron con las torres de perforación y sus equipos; sus
ganancias bajaron de entre mil y 1.300 millones de dólares a 400 o 500 millones
de dólares. Los intermediarios y subcontratistas de Santa Cruz y Tarija que
vivían como “garrapatas” de las petroleras ya no tienen de dónde succionar y se
han quedado sin fuente de lucro.
Agroindustria
El nacionalismo de la Revolución de 1952 creó empresas del Estado y
Corporaciones de Desarrollo para impulsar la producción agrícola y llegó a
cultivar 1,5 millones de hectáreas de alimentos en 1985. Luego, el Estado
neoliberal, cuya premisa era exportar o morir, invirtió grandes cantidades de
dinero para fortalecer a un solo actor rural, el empresariado agroexportador,
olvidándose de pequeños y medianos productores que abastecen el mercado interno.
El neoliberalismo dejó el agro en condiciones lamentables, sin inversiones y con
profundas inequidades. El 90% de la tierra cultivable está concentrada en 50 o
60 familias; 600 mil pequeños productores deben contentarse con el 10% de la
tierra. El 90% de la cartera de crédito de todo el sistema financiero está en
manos del 7 u 8% de las empresas del país, en tanto que más del 90% de las
unidades económicas accede al 9 o 10% de los créditos.
En los últimos cinco años decreció la producción de alimentos y la mayoría de la
superficie se destinó a cultivos agroindustriales de exportación. A los
anteriores gobiernos sólo les interesaban los indicadores económicos y generar
divisas con exportaciones; no era su prioridad alimentar a la gente.
Hasta 2003-2004, la ganadería y la agroindustria exportadora de soya, caña, maíz
y arroz fue el segundo núcleo de poder económico, dice García Linera, integrado
por empresas nacionales y extranjeras como FINO, IOL, Gravetal, ADM y Cargill,
las cuales formaban sólidas cadenas con grandes, medianos y pequeños productores
nacionales y brasileros, colombianos, menonitas y otros dueños de grandes
extensiones de tierra. Todo el sector manejaba 600 millones de dólares anuales,
y en 2006-2007 su renta bajó a 550 millones.
El Estado neoliberal no podía invertir directamente en la economía ni en el
agro, y tampoco podía controlar distorsiones de precios; todo estaba en manos de
los privados y de la libre oferta y demanda. Sin embargo, el Estado transfería
al sector agroindustrial entre 100 y 140 millones de dólares cada año.
En una reunión en julio de 2007, los dirigentes de Confeagro pidieron al
Presidente Morales que garantice esos 150 millones “como se hacia antes, en
edificios, apoyo técnico y reprogramación técnica”. Morales no les dio ni un
centavo y decidió utilizar los 150 millones y otros 300 millones adicionales en
programas de fomento a pequeños y medianos productores de arroz, trigo, maíz y
soya.
Cambió el modelo de desarrollo productivo rural: el Estado recuperó su rol de
regulación y control del mercado y se convirtió en un actor rural productivo,
explica la ministra de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio Ambiente Susana
Rivero.
Ahora el Estado interviene en el mercado. Sabe cuánto produce cada rubro, cuánto
gana el productor y cuánto debe pagar el consumidor. Se ha impuesto un “precio
justo” –resultado del costo de producción y del poder adquisitivo de la gente–
porque no es justo que los grandes empresarios impongan precios
“internacionales” en Bolivia, donde la mano de obra es barata, hay subvención de
diesel y exención tributaria en el sector rural.
El Estado también recuperó su rol planificador a través del Sistema de Monitoreo
a la Producción y a los Mercados (SISPAM), y ahora sabe dónde tiene que invertir
como un actor rural productivo a través de la Empresa de Apoyo a la Producción
de Alimentos (EMAPA), que asiste pequeños y medianos productores de arroz,
trigo, maíz y soya.
Lo más interesante de todo es que el Estado se metió al negocio de la soya, del
que estuvo fuera por más de 20 años, y comenzó a fisurar un núcleo empresarial
duro de roer. El Estado comenzó a controlar, comprar y financiar gradualmente de
3 mil a 10 mil toneladas de soya y este año espera manejar hasta 80 mil
toneladas. No es gran cosa, apenas el 10% de la producción total, pero lo
importante es que el Estado se incorporó a la cadena comprando soya al pequeño
productor, resalta García Linera.
La tonelada de soya cuesta entre 390 y 395 dólares en el mercado de Santa Cruz,
pero el Estado paga 410, es decir 15 dólares más. Ganan el pequeño productor
campesino y también el Estado que, aprovechando los altos precios, recupera
núcleos productivos industriales y agroindustriales del arroz y el maíz. Pronto
invertirá en el cultivo de 10 mil hectáreas de trigo en la zona de Abapó -Isosog.
Comida para los bolivianos y las bolivianas e incentivos para los pequeños y
medianos productores de alimentos (en los rubros de carnes, hortalizas e incluso
agroindustrial) son las prioridades del Nuevo Modelo de Desarrollo Productivo
Rural y de la Nueva Política de Seguridad y Soberanía Alimentaria del gobierno.
[7]
El empresariado y los partidos políticos conservadores critican estas políticas
que privilegian a pequeñas y medianas industrias, cooperativas y otras formas de
agremiación de artesanos y productores individuales rurales, discriminando a los
exportadores “formales” de manufacturas y granos. [8]
Además, critican que el PND intente distribuir 30 millones de hectáreas de
tierra entre 200 mil familias campesinas y el saneamiento de 56 millones de
hectáreas hasta 2010. En su criterio, la modificación a la Ley del Instituto de
Reforma Agraria en 2006 abre un amplio espacio a la discrecionalidad en la
definición de la función económica social de la tierra, que puede dar pie a la
reversión de propiedades en producción.
El gobierno no se ensaña ni combate al sector productivo grande ni a la empresa
privada en general; al contrario, respeta la propiedad privada y su capacidad de
lucro razonable, y su política de redistribución de tierras no ha afectado los
intereses de los grandes productores.
Los resultados del saneamiento de la tierra en los últimos dos años demuestran
que la política agraria no es “antiempresarial”. En la década neoliberal
(1996-2005) se saneó aproximadamente 1,2 millones de hectáreas de medianas y
grandes empresas agropecuarias. En dos años de gestión del MAS se saneó 888 mil
hectáreas categorizadas como medianas y grandes empresas agropecuarias.
Con financiamiento público, el Instituto CIAT mejoró la semilla de soya, arroz y
trigo en tierras bajas. El gobierno apoya al sector ganadero afectado por las
inundaciones con una inversión de más de 2,8 millones de dólares en insumos
veterinarios y sales minerales. Se atenderá el 70% del hato ganadero de los
productores de Beni.
La ministra Rivero restringió temporalmente las exportaciones de aceite y otros
productos porque algunos empresarios “han pretendido utilizar al pueblo para
hacerle daño al gobierno, pero yo estoy aquí para defender la economía popular y
no la economía de unas cuantas familias que ya han tenido más de 20 años
llenándose los bolsillos a costa del pueblo”.
Para atenuar la subida de precios y garantizar el abastecimiento interno, el
gobierno prohibió temporalmente las exportaciones de varios tipos de carne,
algunos granos como arroz, maíz, trigo, además de fijar una banda de precios
para el litro de aceite de entre 10,50 y 12,99 bolivianos (1,43 y 1,76 dólares).
Se aplican nuevas políticas monetarias, fiscales y cambiarias encaminadas a
fortalecer el sector productivo. Está en estudio una ley de subsidio de
alimentos, especialmente del pan.
El presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB)
Gabriel Dabdoub anunció que en los próximos días demandará al gobierno ante la
Organización Internacional del Trabajo e incluso ante la Organización de Estados
Americanos (OEA) por vetar las exportaciones, que en su criterio es un
“atentado” contra la libertad de trabajo. Sin embargo, la iniciativa empresarial
caería en saco roto puesto que el gobierno boliviano no es el único que regula
las exportaciones, fija cuotas y bandas de precios o crea reservas estratégicas
de alimentos. [9]
Según Rivera, ha cambiado la estrategia de desarrollo para acercar los alimentos
a la población y reducir las asimetrías entre pequeños-medianos y grandes
productores. El gobierno apoya con donaciones, insumos y créditos al 6% de
interés al pequeño productor porque éste no accede a financiamiento bancario
como los grandes que siguen ganando millones y millones.
¿Cuáles son los resultados del cambio? El “neoestatismo” del MAS ha elevado de
2,1 millones de hectáreas en 2005 a 2,5 millones de hectáreas cultivadas de
alimentos en 2008, sin contar con la campaña de invierno que recién empieza.
Ahora hay superávit en la producción y solo un rubro con déficit. Con una
inversión de 90,3 millones de dólares en la producción, el sector agropecuario
creció 2,13% en 2007.
El Ejecutivo percibe que la rica e influyente agroindustria ha pedido
protagonismo y poder regional no sólo porque dejó de recibir cientos de millones
de dólares del Estado, sino porque ha sido desplazada por la minería exportadora
de Oruro y Potosí que ahora genera más dinero que todo el departamento de Santa
Cruz.
Minería
El tercer núcleo de poder de la vieja economía era la minería concesionada a
transnacionales, cooperativistas y pequeños productores, que en conjunto
manejaban 500 millones de dólares. En la actualidad la minería sigue en manos de
la empresa privada extranjera, de la minería mediana y de las cooperativas. En
cuarto lugar aparece el Estado, que gradualmente se perfila como exportador.
García Linera identifica dos cambios importantes en el sector minero: 1. El
desplazamiento del poder regional de Santa Cruz al occidente (hoy la segunda
fuerza productiva es Oruro Potosí y parte de La Paz; hay más plata en Potosí que
en toda Bolivia); y 2. El ingreso del Estado a la minería con Huanuni y Vinto, y
con cuatro proyectos de explotación de todos los deslaves y desmontes dejados
por la antigua minería que se pondrán en marcha a fines de 2008 y principios de
2009.
Los opositores evalúan que la incertidumbre provocada por los cambios en el
régimen tributario minero paralizó las inversiones y la producción,
desaprovechando los altos precios internacionales. El Vicepresidente les
recuerda que en la época neoliberal las exportaciones mineras llegaban a 280
millones de dólares anuales en promedio, y a 1.200 millones de dólares en mayo
de 2008, casi tanto como el gas y el petróleo. En el primer trimestre de este
año el sector minero aportó casi el 54 por ciento del PIB.
Hasta 2005, el Estado recibía el 20% de las ganancias mineras y 80% era para los
privados. Con la nueva Ley de impuestos y gravámenes mineros, en 2008 se
modifica la distribución de las ganancias y la nueva relación es 55% para el
Estado y 45% para los privados.
Conclusiones
El gobierno masista heredó una vieja estructura de poder con cuatro núcleos;
desmontó parcialmente tres de ellos y dejó intacto al cuarto grupo, la banca.
Los banqueros manejaban entre 50 y 80 millones de dólares anuales y se calcula
que en 2007 ganaron 100 millones de dólares gracias a la minería de Potosí. La
modificación radical de la estructura del poder económico en Bolivia no es
visible, pero es más fuerte que los cambios en la estructura política, dice
García Linera.
Antes la agroindustria era segunda en la economía y ahora es la minería; antes
la minería privada era todo y ahora la minería es privada y estatal. El Estado
ha reemplazado a las petroleras como cabeza de la economía y su participación en
la generación de la riqueza productiva subió de 0.8% al 8%. En total, en 2 años
y medio de gobierno la participación del Estado en la economía boliviana ha
pasado del 13% al 22%, todavía muy lejos del 50%, reconoce el Vicepresidente.
El “neoestatismo” construye un Estado productor que invierte los recursos de los
hidrocarburos y de la minería en el desarrollo del aparato productivo nacional
con el fin de estructurar una base industrial fuerte y diversificada sin
depredar la naturaleza.
El Estado comienza a diversificar en petróleo, telecomunicaciones, agricultura,
parcialmente en minería con Huanuni, el Mutún y el Salar de Uyuni. Además, crea
cosas nuevas como el proyecto termoeléctrico en Chapare; plantas separadoras de
líquidos en Santa Cruz y Yacuiba; plantas de papel y cartón; pequeñas fábricas
de cítricos y lechería; dos cementeras en Oruro y Potosí y dos azucareras en
Tarija y en el norte de La Paz. Las cementeras y dos azucareras son todavía
proyectos, pero el resto son proyectos para comenzar a construir, según García
Linera.
El gobierno certifica que su propuesta es mejor que el capitalismo de Estado
“rentista” del pasado y tiene poco que ver con la experiencia de las
Corporaciones de Desarrollo de los 60 y 70 del siglo XX. En esos experimentos,
el Estado explotaba recursos naturales y materias primas y reconducía las
ganancias a la economía de manera rentista.
La lógica rentista del viejo Estado era vivir de los recursos naturales y
distribuir las ganancias a quien gritaba más. Las empresas públicas como
Yacimientos o Comibol nunca fueron deficitarias sino que sus excedentes fueron
saqueados y despilfarrados sin ningún criterio de estrategia productiva, opina
Teresa Morales, ex ministra de Estado e investigadora del Post Grado de de
Ciencias del Desarrollo de la UMSA.
Ahora el Estado industrializa los recursos naturales según las necesidades del
aparato productivo interno y actúa en función de fortalecer la agregación
comunitaria y empoderar la economía de pequeños productores en general que
constituyen el 85% de la población económicamente activa.
Se fortalece el rol productivo del Estado porque sólo la autoridad del Estado es
capaz de reordenar la economía con equidad. No se trata de un capitalismo de
Estado sino de un “comunitarismo” de Estado con nuevo paradigma de desarrollo.
En el viejo paradigma de desarrollo liberal-occidental, mayor crecimiento
económico e incremento del PIB era sinónimo de bienestar social. El liberalismo
entiende por bienestar del ser humano el incremento del consumo material de
bienes y servicios.
El nacionalismo indígena “post neoliberal” plantea un nuevo paradigma
civilizatorio basado en la lógica indígena campesina, según la cual el bienestar
humano no depende del consumismo frenético ni del industrialismo ciego causantes
de la crisis medioambiental.
Según la propuesta masista, el “vivir bien” o el bienestar humano tiene
múltiples dimensiones: armonía entre lo material y lo espiritual, satisfacción
de necesidades con austeridad, y acumulación simbólica de afecto, aprecio,
reconocimiento social, autoestima, autoconfianza.
En resumen, el bienestar no es solamente material, sino también simbólico,
social y afectivo. Lo más importante del vivir bien es la armonía entre lo
individual y lo colectivo, o la armonía entre el ser humano y el medio ambiente.
La lógica es: Estoy bien en tanto el medio ambiente y mi comunidad estén bien.
Notas
[1] Informe Ceben-Cainco: A dos años de la vigencia del Plan Nacional de
Desarrollo.
[2] La inflación acumulada general a mayo de 2008 para los países de América
Latina es 5% en promedio; la inflación en alimentos es 7,2%. La variación
acumulada a 12 meses fue 11.1% y 17.5%, respectivamente, según el Observatorio
Regional de Seguridad Alimentaria y Nutricional - Observatorio del Hambre de la
Oficina Regional de la FAO y la Iniciativa América Latina y el Caribe Sin
Hambre.
[3] Las exportaciones crecieron 54% en los primeros cinco meses de 2008, según
el Instituto Nacional de Estadísticas (INE): minerales en 73 por ciento;
agricultura y ganadería en 52,4; hidrocarburos en 51,3 y manufacturas en 44 por
ciento. Las ventas de gas a Brasil reportan 1.104 millones de dólares y las
exportaciones de minerales a Corea del Sur, 304 millones.
[4] En los años 90 se alcanzó 1.026 millones de dólares en inversión “regalando
recursos naturales”. En 2004, la inversión fue 448 millones; 488 millones en
2005; 582 millones en 2006 y 700 millones en 2007. García Linera estima 800
millones de dólares de inversiones en 2008. En los próximos años las petroleras
deben invertir 900 millones de dólares; la compañía india Jindal Still & Power,
2.200 millones de dólares en cuatro años en El Mutún, además de 210 millones de
dólares previstos en la mina de Corocoro.
[5] Entre 1983 y 2002 Latinoamérica continuó ocupando un lugar marginal en el
comercio mundial a pesar de la apertura comercial y la reducción arancelaria. La
economía de América Latina y el Caribe conoció su peor resultado en una década,
confirmó la OMC en su “Informe sobre el comercio internacional de 2003”.
[6] El 12 de junio Irlanda rechazó el tratado constitucional europeo orientado a
los mercados y la libre competencia, el cual también naufragó en referendos en
Francia y Holanda en 2005. Los presidentes de Polonia y Alemania se abstuvieron
de respaldar al acuerdo. En Estados Unidos, el 51 por ciento de los ciudadanos
rechaza los TLCs por considerarlos una amenaza para la economía nacional, según
un sondeo de CNN y la firma Opinion Research Corporation. De ahondarse la crisis
de los mercados crediticio e inmobiliario, el descontento con dos décadas de
creciente desigualdad social obligará al nuevo gobierno a preocuparse más de la
política interna que de la conquista de mercados para beneficio de un puñado de
empresas.
[7] En anteriores gestiones se entregaron 210 tractores; el MAS entregó 1.061
tractores y organiza plantas industriales y procesadoras de cítricos en Santa
Cruz y Cochabamba, y de leche en el altiplano. Además, promueve la
industrialización de quinua.
[8] Observan que el PND se propuso canalizar hasta 315 millones de dólares
anuales en créditos en el quinquenio 2006-2010, pero hasta la fecha el Banco de
Desarrollo Productivo (BDP) distribuyó apenas 69 millones de dólares.
[9] En los últimos meses se restringieron las exportaciones de trigo en
Kazajstán, Rusia, Ucrania y Argentina. China, Indonesia, Vietnam, Egipto, India
y Camboya han prohibido o restringido severamente las exportaciones de arroz.
Los gobiernos de Brasil, Panamá, Perú, Bolivia, Ecuador, Costa Rica, El
Salvador, Guatemala y Nicaragua compran alimentos a pequeños agricultores y
luego los distribuyen. Se están creando reservas estratégicas de algunos
alimentos básicos en Brasil, Honduras, Ecuador y México. México está copiando
las medidas aplicadas en Bolivia en cuanto a la promoción de la producción y al
restablecimiento de los roles del Estado.
Con datos de: 1. Análisis de la
coyuntura política en la Vicepresidencia de la República el 6 de junio de
2008 (resumen del senador Gastón Cornejo); 2. Reportes de prensa del
Ministerio de Desarrollo Rural y Agropecuario; 3. pPrograma “Palabra Clave”
conducido por el periodista Julio Peñaloza y difundido por Erbol.
Publicado en
Bolpress el 21 de julio de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
108 el 6 de agosto de 2008. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos. |