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Este 9 de agosto es el día mundial de los pueblos indígenas y el mismo se
festeja o se celebra, incluso con actos oficiales en diversos países, o con
foros y debates sobre el significado de esta fecha. Puede ser un día más, un
aniversario más, o un punto de inflexión en la lucha de los pueblos indígenas
marginados en América, Asia, África o Europa. Recuerdo que hace apenas un año o
dos, se aprobó por Naciones Unidas una
Declaración Universal sobre los Pueblos
Indígenas, pero sobre todo, sobre sus derechos.
De entonces a la fecha han aparecido miles de felicitaciones. Y desde algunos
Gobiernos hay la constante evocación de sus buenos deseos y su compromiso con
los pueblos que en su geografía coexisten. Incluso se hace algo más y por
ejemplo en Guatemala, el nuevo presidente incorporó una bandera que habla sobre
los cuatro pueblos que habitan en el país, a saber, Mayas, Xincas, Garifunas y
Ladinos (mestizos).
Sin embargo persiste la exclusión, todas las formas de discriminación y un
racismo incontrolable. Mientras, los compromisos de los Acuerdos de Paz firmados
hace ya doce años entre la guerrilla y el Gobierno, y que contaron con el apoyo
de España, Colombia, México, Venezuela y las Naciones Unidas, siguen
engavetados. Es decir, los derechos indígenas contenidos en los Acuerdos de Paz
no se han cumplido y ello con el beneplácito de la comunidad internacional que
en verdad no tiene motivos par ningún tipo de festejo.
En un país de mayoría indígena como Guatemala, lo elemental es el cumplimiento
irrestricto de los Acuerdos de Paz y de manera especial del Acuerdo de Identidad
y Derechos de los Pueblos Indígenas, que entre paréntesis, ambos documentos
constituyen un modelo recomendado por la ONU sin importarle si se cumplen o no.
Es la realpolitik. En pocas palabras, en este nuevo día mundial de los
pueblos indígenas no hay mucho para el festejo. En todo caso puede ser una
ocasión para que a nivel mundial, continental o nacional sean planteadas las
principales demandas de cada uno de los países y de manera particular, las de
los pueblos indígenas.
Para el caso de Guatemala, lo esencial es que se respeten las 25 consultas
populares que se han realizado, en abierto y claro rechazo a la minería de cielo
abierto. Y sin embargo, el Gobierno actual o el anterior, no han respetado esta
decisión de las comunidades organizadas. Igualmente es ocasión propicia para
explicar desde el Gobierno las razones por las cuales no se permite la real
participación política de los líderes y liderezas indígenas.
Asimismo, sería una buena ocasión para que se explicara las razones por las que
no se acepta el pluralismo jurídico, las causas por las cuales la pobreza de las
mayorías, es la pobreza de las mayorías indígenas. Por ello y por muchas razones
más, no parece que en un país como Guatemala sea tiempo de festejos de los
derechos adquiridos por los pueblos indígenas a nivel declarativo. En todo caso,
sería una ocasión para replantear las luchas sociales empezando por las de los
pueblos indígenas.
Publicado en
Albedrío el 5 de agosto de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
108 el 6 de agosto de 2008. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos. |