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El presidente peruano Alan García fue el gran ausente en la reunión de la Unión
de Naciones Suramericanas (UNASUR), en Chile, que condenó los intentos golpistas
de los opositores al gobierno del presidente de Bolivia, Evo Morales, y alentó
una mesa de diálogo conducida por el "legítimo gobierno". Incluso asistió el
presidente de Colombia, Álvaro Uribe. Perú envió a su canciller.
Si bien el gobierno peruano publicó días antes un comunicado de apoyo a la
democracia en Bolivia y al gobierno legalmente constituido, la solitaria
ausencia es sintomática. Como lo es haber concentrado la preocupación de la
Cancillería –y de encumbrados congresistas oficialistas como Luis Gonzales
Posada– en criticar un desafortunado comunicado del gobierno boliviano que
mencionaba, sin precisar nombres, la participación de "sicarios peruanos y
brasileños" en la masacre de Pando. Un error grave, pero secundario en el
contexto general de la crisis. No sirve, en todo caso, como excusa para faltar a
la reunión mencionada, y así lo demuestra la asistencia del presidente del
Brasil.
En el ámbito de la prensa peruana, llama la atención el doble estándar de la
mayoría de medios al informar sobre los bloqueos de carreteras y similares. Si
ocurren en el Perú, son promovidos por violentistas que atentan contra la
democracia y pretenden crear el caos; si son en Bolivia, no son golpistas ni
separatistas, y las acciones violentas se comprenden porque se dan como
respuesta contra el modelo estatista. Lo mismo se vio cuando en Argentina el
bloqueo agrario duró más de un mes. Además, del trato de los medios peruanos se
colige que en Bolivia el golpismo resultaría admisible contra el proyecto de
Constitución indigenista y presuntamente pro chavista que Evo Morales quiere
instalar.
Es decir: cuando acá protestan los sectores populares, la crítica es implacable
pues está de por medio, se dice, la defensa de la democracia. Si la protesta la
lideran sectores de clase media o alta en Argentina o Bolivia, es una
justificada reacción contra un modelo económico inaceptable.
La democracia, dicen algunos teóricos, es un conjunto de derechos y un
procedimiento para dirimir legalmente los conflictos: sería conveniente
defenderla al margen de la afinidad con uno u otro bando. Sin duda, en cuanto a
la democracia, hay dos problemas en la mayoría de países de la región: uno, que
el estado está muy lejos de la gente; y otro, que si el gobernante no tiene una
propuesta inclusiva, sea de derecha o de izquierda, el entrampamiento político
es inevitable. No es gratuito, por eso, que Evo Morales esté negociando con sus
adversarios, y estos con él.
Por lo pronto, ya anunció que la Constitución incluirá las autonomías. Y, a
propósito, ¿los hinchas peruanos de los cruceños estarán de acuerdo con que algo
semejante se incluya en la Carta nacional?.
Publicado en Perú 21 el 17 de septiembre de 2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 115 el 24 de septiembre de 2008.
Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y
educativos. |