Peripecias Nº 11 - 23 de agosto de 2006

CIUDADANIA

 

Racismo, historia y trabajo en Panamá

 

Guillermo Castro Herrera

 

 

G. Castro Herrera es Licenciado en Letras y Doctor en Estudios Latinoamericanos y presidente de la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental.

 

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No hay odio de razas, porque no hay razas.

José Martí, Nuestra América, 1891

 

Desde hace algún tiempo, intelectuales vinculados a los sectores panameños de origen afroantillano vienen realizando una valiosa labor de divulgación de hechos y biografías que comprueban la importancia del aporte africano a la formación de la sociedad panameña. Esa labor, de gran importancia para combatir la presencia del racismo en nuestra cultura y nuestra vida social, nos lleva a recordar que ese mal tiene su origen en la imposición de la esclavitud africana como forma dominante de organización del trabajo y de la vida social en el Istmo durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Además, considerando que el Caribe está hoy donde la esclavitud estuvo ayer desde la cuenca media del Mississipi hasta el Nordeste de Brasil, nos ayuda también a entender el carácter caribeño de la cultura panameña, y nuestro persistente desencuentro cultural con Centroamérica, región de carácter mucho más indoamericano.

 

Sin duda, al ser abolida a principios de la década de 1850, la esclavitud en Panamá estaba reducida a formas de servicio doméstico relativamente benignas. Sin embargo, el daño mayor y más prolongado ya estaba hecho. El racismo, en efecto, es el complemento ideológico indispensable de la esclavitud: una creación social y una herramienta de dominación, tanto en el sentido de marginación de grupos enteros de población, como en el de promoción de divisiones y enfrentamientos entre los sectores dominados.

 

Así, una historia del racismo en Panamá tendría que formar parte de una historia del trabajo en el Istmo. En lo más fundamental, la información necesaria para llevar a cabo esa tarea ya está disponible en obras como la Historia General de Panamá en 5 tomos, coordinada y dirigida por Alfredo Castillero Calvo, en uno de cuyos capítulos se recuerda que para 1575 Alonso Criado de Castilla pudo decir que “La gente de trabajo y servicio son negros todos, porque de la gente blanca ninguno que sirba, ni se dé al trabajo, á cuya causa es grande la suma de negros que en este reyno están”. Y eran muchos, en efecto: 8.639 negros, de los cuales 5.839 esclavos, y los demás horros o cimarrones, frente a 3.748 españoles y 950 indios. De aquellos africanos dependía el servicio doméstico en la ciudad de Panamá, la labor en las huertas, la conducción de “las recuas de mulas que andan en el camino de Cruces y de Nombre de Dios”; los hatos de vacas, la pesca de perlas, los trabajos de cantería, y el de “las sierras y aserraderos de donde se saca la madera”; los “veinte y cinco barcos que llevan la ropa al río de Chagre”; el trabajo en las minas y, en la Villa Nueva de Los Santos, la labor en las rozas “do se coge maiz”. Trescientos, si, eran libertos, y no es de extrañar que pasaran “de dos mil quinientos” los cimarrones.

 

Mucho después, durante la construcción de una vía interoceánica a través del Istmo por el Estado norteamericano en el enclave conocido como Zona del Canal de Panamá, se produjo simultáneamente la introducción de las más modernas tecnologías de construcción y la del racismo como norma de organización para la fuerza de trabajo empleada en la construcción. “Para el norteamericano medio”, nos dice el historiador norteamericano David Mc Cullough, “Panamá era una tierra de gente oscura, ignorante y de pequeña estatura que obviamente le disgustaba”, y se pensaba “que el panameño era muy poco agradecido por todo lo que se había hecho por él”. Pero la hostilidad racista hacia los nativos expresaba además el proceso de la construcción de grupos étnicos como parte del proceso de organización y control de la fuerza de trabajo empleada en la construcción del Canal por parte de la administración norteamericana.

 

Y eso no era poca cosa. Al decir de McCullough, “todo el sistema [...] dependía de los trabajadores negros”. A los millares de afroantillanos empleados en las excavaciones o en la construcción de las esclusas había que agregar “meseros negros en los hoteles, cargadores negros en los muelles, empleados de color en las estaciones y en los vagones del tren, empleados indígenas en los hospitales, cocineros, lavanderos, mujeres de servicio, porteros, mensajeros, cocheros, hieleros, recolectores de basura, jardineros, carteros, policías, plomeros, albañiles y sepultureros”.

 

De hecho, agrega Mc Cullough, “la línea de color, sobre la que casi no se hablaba en letra de molde”, funcionaba como un importante criterio de organización de todos los aspectos de la vida cotidiana en todos los sectores del Istmo, al punto de que los propios empleados norteamericanos del enclave atribuían “aquellas prácticas a la clase alta de los panameños, que eran extremadamente racistas”. En realidad ambas partes compartían un pasado común de esclavismo, y se confirmaban entre sí en sus valores. Sin embargo, existía entre ellos una diferencia sustancial: el racismo de los criollos panameños era un práctica cultural, mientras el de los administradores de la Zona fue ejercido como un criterio gerencial. Y esto, a su vez, terminó por dar un aura de renovada legitimidad al racismo criollo, como hecho histórico de larga duración que persiste hasta nuestros días.

 

Como vemos, un estudio realmente integral de nuestra historia ofrece una valiosa herramienta para la lucha contra el racismo en nuestra cultura y nuestra vida social, porque permite comprender la razón de su persistencia a través del conocimiento de las razones de su origen, y de sus funciones en sociedades como la nuestra. Se trata, sin duda, de una tarea de la mayor importancia para la construcción de las formas nuevas de solidaridad que nos permitan a todos los panameños encarar finalmente con éxito los graves problemas que aquejan a nuestro país.

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 11 el 23 de agosto 2006. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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