|
Poco a poco mi cuerpo
se va cubriendo de hojas amarillas,
de peces o de párpados que tiemblan.
Llega el viento y sacude la memoria
arrancando palabras, viejos nombres,
harapos desteñidos por la lluvia.
Indiferente al cuchicheo
del follaje herrumbroso,
viene un pájaro y canta un nuevo canto.
Algo en mí está crujiendo.
Estoy de pie pero mis ojos se arrodillan.
Tenue rescoldo del atardecer.
Desde mi piel tatuada de inscripciones
el otoño deriva hacia otros árboles.
Publicado en el
suplemento Ñ del diario Clarín (Buenos Aires) el 25 de noviembre de 2006. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 40 el 21 de marzo 2007. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
|