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Las llaves de la ciudad
Están manchadas de sangre
Desde hace mucho
Hermana Ana mi hermana Ana
no
ves venir nada
Veo
en la miseria el pie desnudo de un niño
Y el
corazón del verano
Ya
apretado entre los hielos del invierno
Veo
en el polvo ruinas de la guerra
Caballeros de la industria pesada
A
caballo sobre oficiales de caballería ligera
Que
desfilan bajo el arco
En
una música de circo
Y a
maestros de herrería
maestros de ballet
Dirigiendo una cuadrilla inmóvil y helada
Donde pobres familias
De
pie frente al buffet
Miran sin decir nada a sus hermanos liberados
Sus
hermanos liberados
De
nuevo amenazados
Por
un viejo mundo senil ejemplar y corrupto
Y te
veo Mariana
Mi
pobre hermanita
Colgada todavía una vez
En
el cuarto oscuro de la historia
Acorbatada por la Legión de Honor
Y
veo
Barba azul roja blanca
Impasible y sonriente
Volver a dar las llaves de la ciudad
Las
llaves manchadas de sangre
A
los grandes servidores del Orden
El
orden de las grandes potencias del dinero.
Publicado en el
suplemento Ñ del diario Clarín (Buenos Aires) el 14 de abril de 2007.
Traducido por Rodolfo Alonso. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 58 el 25 de julio 2007. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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