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¿Quién te espera? ¿Dónde vas cuando te vas? ¿Dónde volvés? A la furia de
adoquines cansados de disfraces de humo, sólo para llamar la atención de un búho
madrugador cantando docenas de mentiras para las mañanas que no pudieron ser
mejor cosa que una nube de milagros a estrenar, la bisexualidad inocente de una
fila de palomas insurgentes, sin prisa, sin brisa, sonriendo con caca en las
zapatillas sopleteando los gemidos del demonio amor.
¿Acaso te esperan los personajes intrépidos, atrevidos, durmiendo en el asfalto
o en las ruedas de un tren? Sin aliento desde un balcón desierto de lágrimas y
rincones por nombrar. Es como que la ciudad se afloja en neblina cuando el cielo
se roba imprevistamente una flor y me entran esas ganas de ser tu jardín, tu
ladrón, tu asesino y tu creador o en todo caso el jardinero de tu pelo, de tus
sueños y tus miedos.
¿Para qué volvés? Voy a reconciliarme con el destino y el infinito. Voy a darle
otra oportunidad a la sorpresa, al arte y a la sobremesa de la mentira y la
verdad.
No soy uno de tus personajes, sólo soy un capricho del mal tiempo y la buena
fortuna, soy como un billete ganador de lotería en un día de lluvia...
Habrá tormenta...
Publicado en
Pequeñas Improvisaciones
Delirantes el 27 de octubre de 2007. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 77 el 12 de
diciembre de 2007. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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