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Franz Galich Mazariegos (1951 - 2007), escritor guatemalteco que
desarrolló su obra en Nicaragua.
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Hace 26 años, una mañana, salí a mi trabajo en el Instituto de Antropología e
Historia, situado en la 12 avenida y 11 calle, si mal no recuerdo. Salí como
salieron miles de guatemaltecos que simplemente ya no regresaron. Yo tuve la
suerte de regresar 15 años después. Guatemala se había convertido de un país
donde se contaban historias de aparecidos en uno donde se contaban historias de
desaparecidos. En aquellos aciagos días supe, por primera vez, lo que era la
solidaridad activa de la gente. También supe de la solidaridad espiritual de la
gente que pedía, elevando sus oraciones a Dios que me protegiera. Esto lo supe
por mi madre, que Dios tenga en su Gloria. 26 años después, la historia se
repite, aunque en otras circunstancias: estuve a punto de no regresar a mi casa
en Nicaragua, con mi familia, mi esposa Orietta y nuestros hijos Souhail y Franz.
Una enfermedad, el cáncer, invadió mi próstata y tras larga y complicada
operación que duró 7 horas, regresé un mes y tres días después. No está demás
decirles que fui operado un tres de mayo, en mayo, tan bendecido por mi madre
porque también un 10 de mayo me fue permitido salir al exilio. Como en aquella
¬ocasión aunque bajo otras circunstancias, ya que era muy peligroso hacerlo
públicamente, la solidaridad volvió a brotar de los corazones guatemaltecos. Mi
corazón se conmovió muy fuertemente, como cuando enterramos a mi madre, donde
también fuimos acompañados multitudinariamente. La capacidad de amar de los
guatemaltecos solamente está dispersa, por múltiples razones, pero no bloqueada.
Podrá decirse lo que quieran pero nunca negar la capacidad de amar y de la
solidaridad de los amatitlanecos y de la gran mayoría de guatemaltecos, aunque
la pesadilla nocturna que nos atormenta ya hace muchos años parezca prolongarse
en el tiempo.
¿Cómo podré pagar esto? ¿Podré acaso? La única forma que tengo y creo que puedo
será luchando por elevar a nuestro Amatitlán y Guatemala tan queridos a un nivel
más alto que al que lo llevaron tantos y tantos grandes hombres y mujeres, con
su arte, su deporte o su ciencia. Pido a Dios poder cumplirles, queridos amigos,
hermanos y compatriotas. Perdonen mis lágrimas que luchan por no salir, pero es
inevitable, como inevitable será mi gratitud eterna a todos y cada uno de
ustedes.
En nombre propio y de mi familia, infinitamente agradecido.
Nicaragua, 23 de julio del 2006.
Publicado en la revista
Istmo, una
publicación interdisciplinaria que fomenta los estudios acerca de las
literaturas y culturas centroamericanas, en el número dedicado a “Franz
Galich – un ‘subalterno letrado’ que ha renovado las letras
centroamericanas”. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 83 el 30 de
enero de 2008. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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