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Nadya von Meck era una de las mujeres más ricas de Moscú y, sin embargo, su
vasta fortuna heredada le dio escaso consuelo al enviudar en el año de 1876.
Pero había un piano en su gran mansión, y la música llegó a ser bálsamo para sus
heridas espirituales.
Por esos tiempos vivía en Moscú un compositor de 36 años llamado Piotr Ilyich
Tchaikowsky.
Sin que él lo supiera, su música hablaba desde entonces elocuentemente al
corazón de una viuda solitaria. Tampoco sabía que esa mujer, por amor a su
música, estaba interesándose ardientemente en él. A través de sus amistades,
Nadya estaba al tanto del temperamento del compositor, de sus actividades y
necesidades. Siguiendo la gran tradición romántica, había empezado por
enamorarse de la música de Tchaikowsky… y luego, de Tchaikowsky.
Por fin ella hizo acopio de valor y le escribió. Nadya le encargó muchas obras;
se convirtió en mecenas, confidente y musa de Tchaikowsky. Floreció así una de
las relaciones más profundas e íntimas en la historia de la música.
Durante 14 años, Piotr y Nadya recurrieron uno a otro en busca de amor en un
mundo solitario; en busca de consuelo en las tristezas y comunión en las
alegrías. En ese lapso, la música más chispeante y apasionada del maestro ruso
fue escrita para ella, y aunque sólo fuera por esto, el mundo tiene con Nadya
una impagable deuda de gratitud. Para Tchaikowsky, Nadya fue la salvación misma;
a veces, lo único que le impidió volverse loco.
Más un día, de improviso, ella puso punto final a la relación. Ninguno de los
dos sobrevivió mucho a la ruptura. La salud de la viuda decayó rápidamente, y el
compositor murió musitando el nombre de su inspiradora.
Los secretos que no murieron con ellos se conversan en su correspondencia. En
realidad, eso es todo lo que sabemos de ellos… y lo que ellos supieron uno del
otro.
Esta intensa comunión de dos almas dio vida a parte de la música más apasionada
del mundo –ballets tan magníficos como El lago de los cisnes y La
bella durmiente, y óperas tan conmovedoras como Eugenio Oneguin–, y
fue única en su género. Nadya y Piotr, por temor a romper su hermosa ilusión,
limitaron su amor al intercambio de cartas. Jamás se conocieron en persona.
Publicado en
Al Día, Iquitos (Perú) el 28 de
enero de 2008. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 85 el 20 de
febrero de 2008. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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