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El gerente preguntó si tenía condiciones para pedir dinero prestado. Quedó
tamborileando en la mesa, mirando unos papeles, tomando café, mirando a la
secretaria.
Él quedó de pie sin saber qué responder.
Había venido al banco porque precisaba dinero, por lo tanto no tenía dinero.
Si no tenía dinero, precisaba dinero.
El banco era un lugar que tenía dinero.
Nada más lógico que ir al banco a pedir dinero.
El gerente dijo que lamentablemente así no se podía. El banco no prestaba dinero
a quien lo precisaba. El banco sólo prestaba dinero a quien tenía dinero. El
banco, al prestar dinero a quien tenía dinero, le daba más dinero. El banco
sacaba de quien tenía dinero un poco más de lo que prestaba. No podía prestar
dinero a quien no tenía dinero.
El gerente ofreció otro cafecito. El gerente pidió que él consiguiera un aval.
El gerente insistió para que volviese con la firma de alguien que tuviese
dinero.
La única solución fue volver de noche y asaltar el banco.
Publicado en A orelha do bugre.
Traducido al español por Rosario Peyrou.
Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 97 el 21 de
mayo de 2008. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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