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Hay veces en que lo más llamativo de un cómic es esa extraña mezcla de colores
de un personaje principal, que hace que se distinga del resto, que lo haga más
característico, que le dé alguna gracia especial. El color en el cómic no es una
herramienta cualquiera. No puede tomarse como un adorno del que se puede
prescindir sin que exista una mínima repercusión, para bien o para mal.
No creo que para nadie sea algo extraño. Todos recuerdan más o menos el esquema
de colores de Batman, Superman, Spider-Man e incluso Aquaman, y es que en la
mayor parte de los casos los colores de los trajes representan las
características del personaje. Batman es oscuro, Superman es como una bandera,
Flash es dinámico y veloz, etc. Todo tiene que ver con las impresiones que da la
carcasa, el traje. ¡Un Batman de verde y blanco no tendría mucho sentido! Esto
mismo se puede extender a la caracterización de personajes en la mayoría de los
cómics que utilizan el color como recurso, lo que sería un devenir evidente del
arte pictórico en cualquier expresión. La cosa interesante es ver cómo
interactúa el color con la narración, creo yo. Cómo el color de un personaje se
vuelve algo más que una impresión de ideales. Sin decirlo de modo críptico, ver
qué rayos tiene que ver el color, tanto de los personajes como de los entornos,
con la narración. La respuesta no es tan clara en todos los casos, ni tiene por
qué serlo. El uso del color en su aspecto técnico ha cambiado muchísimo a lo
largo de los años. Donde antes hubo tinta, luego hubo puntos de cuatro colores,
y donde hubo offset, luego hubo impresión térmica y láser. La historia de la
imprenta es compleja y rocosa, incluso en el cómic.
En todo caso, aparte de la influencia de la técnica, es importante recalcar el
uso, el cual, gran parte del tiempo, está determinado por el formato del cómic y
el tipo de historia que narra. En un cómic de superhéroes sus fondos siempre van
a estar determinados por el entorno que rodea al personaje principal, y este
entorno, a su vez, corresponderá a las naturalidades del personaje. La ciudad
oscura, el espacio eterno o la jungla mística, todos son lugares que tienen una
serie de colores propios, fáciles de identificar, con colores fijos que, a menos
que sea requerido, no opacarán la presencia del personaje principal. Aquaman,
con su verde y su amarillo, queda a la perfección en un mar azuloso y profundo,
y por hermosos que puedan ser los paisajes que lo rodean, siempre va a ser más
relevante que sus escamas y su pelo queden a la luz.
Y claro que el color se aprovecha: resalta lo útil y remueve lo innecesario,
todo en función de la historia. Es cierto que la técnica es de importancia, pero
los elementos narrativos se subordinan a la narración y no a la contemplación
que se puede dar dentro de cada viñeta. Sin embargo, esto no siempre es así.
Basta mirar los colores de Lynn Varley en The Dark Knight o en
ElektraLives Again para encontrar fondos dinámicos que aportan con algo
único al cómic, un aprovechamiento de la impresión de movimiento que da el
progreso en las viñetas, algo así como un mundo vivo que no es ajeno a los
personajes principales, que les sirve de apoyo, pero que a la vez está lleno de
detalles (que no son sólo imágenes extra al estilo de Dónde está Wally,
sino pequeños cambios en los matices, tintas que apenas resaltan del blanco o
del negro, pero que representan ribetes de una realidad de la que sólo vemos
colores). El color, creo, es la herramienta más poderosa que tiene el cómic para
provocar una evocación mezclada entre la pintura y la literatura, y que ninguna
por sí sola alcanza. Es cosa de mirar un rato las versiones coloreadas de Corto
Maltés que, como acuarelas de Joseph Turner, narran historias dentro de
historias y sitúan al lector en lugares más lejanos de lo que uno se imagina.
Recuerdo en particular un cómic, Trazo de tiza de Miguelanxo Prado, donde
el color toma una relevancia increíblemente tangible. El color, como herramienta
técnica (e inusual en este caso, al tratarse efectivamente de tiza y pastel)
pasa a representar una historia que calza a la perfección con su título y sus
pretensiones, que mueve al lector con imágenes que parecen una mezcla de sueño y
recuerdo.
No es difícil encontrar en el color una herramienta que trasciende del mero
adorno, lo difícil es explotarlo. Y la rapidez técnica que permiten los sistemas
digitales, en conjunto con las fuertes presiones por velocidad, hacen que muchas
veces se obvie un proceso tan enriquecedor para una narración híbrida como la
del cómic.
Publicado en
La Pollera. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 125 el 3 de
diciembre de 2008. Se reproduce en
nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.
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