Peripecias Nº 125 - 3 de diciembre de 2008

CULTURA

 

 

El color del cómic

 

Claudio Rodríguez

 

 

 

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Hay veces en que lo más llamativo de un cómic es esa extraña mezcla de colores de un personaje principal, que hace que se distinga del resto, que lo haga más característico, que le dé alguna gracia especial. El color en el cómic no es una herramienta cualquiera. No puede tomarse como un adorno del que se puede prescindir sin que exista una mínima repercusión, para bien o para mal.

 

No creo que para nadie sea algo extraño. Todos recuerdan más o menos el esquema de colores de Batman, Superman, Spider-Man e incluso Aquaman, y es que en la mayor parte de los casos los colores de los trajes representan las características del personaje. Batman es oscuro, Superman es como una bandera, Flash es dinámico y veloz, etc. Todo tiene que ver con las impresiones que da la carcasa, el traje. ¡Un Batman de verde y blanco no tendría mucho sentido! Esto mismo se puede extender a la caracterización de personajes en la mayoría de los cómics que utilizan el color como recurso, lo que sería un devenir evidente del arte pictórico en cualquier expresión. La cosa interesante es ver cómo interactúa el color con la narración, creo yo. Cómo el color de un personaje se vuelve algo más que una impresión de ideales. Sin decirlo de modo críptico, ver qué rayos tiene que ver el color, tanto de los personajes como de los entornos, con la narración. La respuesta no es tan clara en todos los casos, ni tiene por qué serlo. El uso del color en su aspecto técnico ha cambiado muchísimo a lo largo de los años. Donde antes hubo tinta, luego hubo puntos de cuatro colores, y donde hubo offset, luego hubo impresión térmica y láser. La historia de la imprenta es compleja y rocosa, incluso en el cómic.

 

En todo caso, aparte de la influencia de la técnica, es importante recalcar el uso, el cual, gran parte del tiempo, está determinado por el formato del cómic y el tipo de historia que narra. En un cómic de superhéroes sus fondos siempre van a estar determinados por el entorno que rodea al personaje principal, y este entorno, a su vez, corresponderá a las naturalidades del personaje. La ciudad oscura, el espacio eterno o la jungla mística, todos son lugares que tienen una serie de colores propios, fáciles de identificar, con colores fijos que, a menos que sea requerido, no opacarán la presencia del personaje principal. Aquaman, con su verde y su amarillo, queda a la perfección en un mar azuloso y profundo, y por hermosos que puedan ser los paisajes que lo rodean, siempre va a ser más relevante que sus escamas y su pelo queden a la luz.

 

Y claro que el color se aprovecha: resalta lo útil y remueve lo innecesario, todo en función de la historia. Es cierto que la técnica es de importancia, pero los elementos narrativos se subordinan a la narración y no a la contemplación que se puede dar dentro de cada viñeta. Sin embargo, esto no siempre es así. Basta mirar los colores de Lynn Varley en The Dark Knight o en ElektraLives Again para encontrar fondos dinámicos que aportan con algo único al cómic, un aprovechamiento de la impresión de movimiento que da el progreso en las viñetas, algo así como un mundo vivo que no es ajeno a los personajes principales, que les sirve de apoyo, pero que a la vez está lleno de detalles (que no son sólo imágenes extra al estilo de Dónde está Wally, sino pequeños cambios en los matices, tintas que apenas resaltan del blanco o del negro, pero que representan ribetes de una realidad de la que sólo vemos colores). El color, creo, es la herramienta más poderosa que tiene el cómic para provocar una evocación mezclada entre la pintura y la literatura, y que ninguna por sí sola alcanza. Es cosa de mirar un rato las versiones coloreadas de Corto Maltés que, como acuarelas de Joseph Turner, narran historias dentro de historias y sitúan al lector en lugares más lejanos de lo que uno se imagina.

 

Recuerdo en particular un cómic, Trazo de tiza de Miguelanxo Prado, donde el color toma una relevancia increíblemente tangible. El color, como herramienta técnica (e inusual en este caso, al tratarse efectivamente de tiza y pastel) pasa a representar una historia que calza a la perfección con su título y sus pretensiones, que mueve al lector con imágenes que parecen una mezcla de sueño y recuerdo.

 

No es difícil encontrar en el color una herramienta que trasciende del mero adorno, lo difícil es explotarlo. Y la rapidez técnica que permiten los sistemas digitales, en conjunto con las fuertes presiones por velocidad, hacen que muchas veces se obvie un proceso tan enriquecedor para una narración híbrida como la del cómic.

 

Publicado en La Pollera. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 125 el 3 de diciembre de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.

 

 

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