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Una manzana abandonada es
una manzana abandonada. Qué extraño, pasé por su lado y la dejé allí tirada,
aunque estaba sana y bastaba lavarla y llevarla a la boca. Qué extraño, tú eres
un abandonado y no te miro. Ah, la crueldad inconsciente que martiriza a los
niños cuando se acuerdan de algo que mata poco a poco, en esas noches, antes de
rezar porque vendrá el ángel de la guarda y dirá: "qué mal te has portado, no te
cuidaré". Y Dios estará enojado, se comerá mi alma , porque Dios es caníbal y mi
alma es de carne y plástico, también de chatarra. No sé, alguien me dijo que el
alma no piensa. Ah, ya recuerdo, fue Aristóteles, ¿sí?. Tú sabes, tú sabes. Si
la parca viene, prepárate, limpia tu alma y ríete, ríete, no te queda más que
hacer. Ah, ya, yo soy el niño malo, ah ya, yo soy el niño bueno, eludiendo la
maldición de algún viejo demonio. Espíritu viejo, espiado por el guardián de la
luz. O es que hay que sonreír, ser dulce, decir siempre algo amable, ser
simpático, mentir, así el viejo demonio será engañado y yo triunfaré.
Entonces, me volveré
demonio, espíritu joven. Me subiré a tu nube preferida y desde allí te pintaré
el espíritu viejo, a ti, el ejemplar escatológico en desfase, cuerdo, siempre
cuerdo, adusto, pequeño criminal.
Texto de “V Asterix” en su bitácora
“Puerto Asterix” (Perú), publicada el 20 de agosto 2006. La foto es de David Lladó,
de su fotoblog imatges.net. Se reproducen estos materiales en nuestro sitio
por su valor estético. |