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M. Arruda es una destacado analista
brasileño que integra el equipo de PACS (Rio de Janeiro) y la Red
Jubileo Brasil.
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Brasil está comandado por un gobierno aliado al gran capital. Su papel ha sido
manejar con habilidad las políticas de Estado en defensa de los intereses de las
grandes corporaciones, sobretodo del capital bancario y financiero, manteniendo
la retórica populista e invirtiendo una parte del presupuesto público en
programas sociales de naturaleza asistencial. El esfuerzo del Presidente Lula ha
sido de dar la impresión de que gobierna “para todos”, y que su gobierno
responde a los más diversos intereses: supuestamente, ya no hay lucha de clases
en Brasil. Esta postura ideológica es extremadamente favorable al gran capital,
que mantiene su hegemonía en lo económico y lo político, sin el peso de ser
responsable por la administración del Estado. Igualmente, esta postura es
extremadamente desfavorable a los movimientos sociales, puesto que los fragmenta
y debilita, cooptando liderazgos e iludiendo los más pobres con limosnas en vez
de cambios socioeconómicos efectivos.
Sin embargo, el área de política internacional es donde el gobierno Lula se
manifiesta menos conservador. En el seno del gobierno Lula existe una lucha
interna entre una corriente más pro-corporativa, y otra que favorece una postura
soberana frente al territorio político y económico de Brasil, y a nuestros
intereses en espacios multilaterales, cómo la OMC; y una postura cooperativa y
solidaria frente al reto de la integración de los pueblos, y no sólo de
mercados, de América del Sur y de todo el Continente.
Es este el contexto en el que hay que examinar la posición del gobierno
brasileño frente al Banco del Sur. El Ministro de Economía Guido Mantega
manifiesta una posición favorable al desarrollo socioeconómico de Brasil, en
contraste con su antecesor, Antonio Palocci, que optó por una alianza
estratégica con el sector bancario y financiero, incluso transnacional, y por el
conservadorismo monetarista en la gestión económica de Brasil. Sin embargo,
Mantega ha demostrado en varias ocasiones su preocupación con medidas e
iniciativas que puedan poner en riesgo la pretensa hegemonía de Brasil en el
continente. Esta posición es característica del mundo corporativo y político de
San Paulo, el polo industrial más rico del país. Esto explica su hesitación en
defender junto al gobierno Lula una posición pro-activa en las negociaciones
multilaterales en el continente, donde países como Venezuela y Cuba han tomado
iniciativas relevantes.
El rol activo de Venezuela en el escenario político-comercial de las Américas ha
sorprendido a todos. Y ha tenido un éxito inesperado para las élites del
continente. Venezuela ingresó como miembro activo del Mercosur, lanzó la
iniciativa de la Alternativa Bolivariana para nuestra América – ALBA, participó
de las negociaciones de la Comunidad Sur Americana de Naciones – CASA y logró el
consenso de los presidentes de los 12 países de América del Sur para el
lanzamiento de la Unión de Naciones Sur Americanas – UNASUR. Además, ha
promovido intercambios comerciales y trueques solidarios con países cómo
Bolivia, Cuba, Argentina, Nicaragua y Haití en el contexto del ALBA, y ha tomado
iniciativas políticamente inteligentes junto al pueblo de Estados Unidos, cómo
ofrecer aceite combustible y benzina a bajo precio a los sectores pobres de
Nueva Cork y las poblaciones golpeadas por el Huracán Katrina.
La dinámica de la integración en curso ha involucrado la propuesta por Venezuela
de la creación del Banco del Sur. Al principio, Brasil estuvo reticente o aún
opuesto a la idea. Sin embargo, a medida que la propuesta comenzó a recibir la
adhesión de otros países, Brasil se vio obligado a involucrarse de forma
pro-activa, lo que ha comenzado en Quito, en mayo de 2007. La participación
brasileña fue consagrada por la decisión del Presidente Lula de adoptar como
prioridad la inversión de esfuerzos y recursos brasileños en los procesos de
integración continental. De nuevo, la impresión es que esta decisión resulta de
la percepción de que Brasil no puede quedarse fuera de hechos políticos
irreversibles, más que de una opción políticamente inspirada a favor de un
proceso soberano e solidario de integración de los pueblos de América Latina y
del Caribe.
El acento dado por el Ministro Mantega en las negociaciones del Banco del Sur,
hasta ahora, ha sido en el aspecto técnico de la iniciativa. A la vez, el
gobierno brasileño comienza a percibir que el compromiso con el Banco del Sur,
además de fortalecer el bloque de países del continente en sus negociaciones con
el Norte y en los espacios multilaterales, como la OMC, ofrece también un arma
favorable que aumenta el poder de negociación bilateral con Estados Unidos y con
la Unión Europea.
Para que Brasil tenga una influencia benéfica en las negociaciones y la
conformación del Banco del Sur, y posiblemente de un Fondo Latino-Americano de
estabilización financiera y cambiaria, la sociedad brasileña tiene que
presionar. El rol de redes sociales como la Red Jubileo Brasil, la Red Brasileña
por la Integración de los Pueblos y la Red Brasil sobre Instituciones
Financieras Multilaterales será determinante para presionar los poderes
Ejecutivo y Legislativo para actuar en el sentido de promover el Banco del Sur y
un posible Fondo como instrumentos a servicio de un proyecto de desarrollo
endógeno (nacido a partir de los recursos, capacidades e intereses soberanos de
los países de la región), solidario y sustentable.
Distribuido por el autor el 11
de mayo 2007. Reproducido en el semanario
Peripecias Nº 48 el 16 de mayo de 2007. Se reproduce en nuestro sitio
únicamente con fines informativos y educativos. |