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P. Visca es analista en temas económicos en CLAES D3E.
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Brasil constituye en la actualidad el primer exportador y el segundo productor
mundial de bioetanol. El país aprovecha esa producción para busca mayor
protagonismo en la economía global a través de la colocación de sus
biocombustibles (o agrocombustibles, en tanto son combustibles basados en
cultivos como la caña de azúcar) en los nuevos mercados que se están abriendo en
las naciones industrializadas. El gran propulsor del etanol brasileño es el
Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), brazo financiero del
gobierno para inversiones en infraestructura y cooperación.
Es
claro que el gobierno de Lula da Silva ha tomado el crecimiento de ese sector
como un objetivo económico fundamental en la estrategia de desarrollo del país.
Como consecuencia, el impulso que se genera desde ese banco es impresionante: 5
980 millones de dólares es el valor de los numerosos proyectos de producción de
biocombustibles en la cartera del BNDES, de los cuales casi la totalidad se
refiere al bioetanol. Por otra parte, se estima que Brasil necesitará una
inversión de unos 4 900 millones de dólares al año para producción de ese
producto.
El
boom del bioetanol hizo que las los desembolsos del BNDES para este tipo de
proyectos aumentaran en casi 90% al año en los últimos dos años. Los recursos
liberados por el banco pasaron de 580 millones de reales en 2004 (unos 285
millones de dólares) a más de 530 millones de dólares en 2005, cifra que
prácticamente se volvió a duplicar en 2006, rozando los 1.000 millones de
dólares. El BNDES brinda apoyo tanto para la etapa industrial, a través de la
inversión en usinas de alcohol, como en la de plantaciones de caña de azúcar. El
director del Área Social y de Crédito, Elvio Gaspar, declaró abiertamente que no
hay limitación de recursos en el banco para el apoyo a la producción de
biocombustibles.
Pero
el interés del gobierno de Lula no se limita a la producción interna de este
combustible, sino que a través del BNDES está intentando expandirla a otros
países de la región en los que el etanol puede resultar un buen negocio, en
especial en las economías de América Central y el Caribe. Si bien Brasil posee
aún abundantes tierras para ser cultivadas con caña de azúcar y así incrementar
la producción de etanol, también está buscando “socios” productores que aumenten
la producción mundial aún más. Los países de Centro América tienen dos ventajas
principales: una, la de ser “aptos” para la producción del etanol, tanto en
clima y tierras como en estructura productiva. Por otro lado, cuentan con la
ventaja de la cercanía a EE.UU., y en muchos casos, con acuerdos de reducción de
aranceles. Brasil aprovecha esa condición para enviar a esos destinos el
producto casi terminado, completar el procesamiento en esas naciones, y desde
allí entrar al mercado de Estados Unidos.
En
efecto, varios países de América Central tienen tratados de libre comercio con
la potencia, como el CAFTA + RD, lo que les permite ingresar bienes a EE.UU. en
mejores condiciones relativas frente a terceros países. Es que a pesar de toda
la fraternidad observada entre los gobiernos de Bush y Lula en la visita del
mandatario estadounidense a Brasil en marzo pasado, y de los acuerdos de
cooperación firmados entre ambos sobre los combustibles alternativos, el país
del norte dejó muy claro que el bioetanol proveniente de Brasil no iba a lograr
entrar a los Estados Unidos con menores costos que los actuales, al menos hasta
2009. De cualquier manera, Brasil apunta a los países ricos, extremadamente
dependientes del petróleo por su alto consumo energético interno. En esas
naciones el bioetanol es una opción sumamente atractiva a la hora de sustituir a
los hidrocarburos por combustibles más baratos y supuestamente menos
contaminantes.
Si
bien, el gobierno Lula afirma que busca ayudar a algunos países de la región a
independizarse del petróleo, detrás de esta explicación se encuentra también su
interés nacional de seguir expandiendo aún fuera de fronteras la producción
brasileña de bioetanol y aprovechando la demanda global. Además, el papel del
BNDES no se limita solamente a agente financiero. Las intenciones y ambiciones
del banco van más allá y ya se encuentra negociando participación accionaria de
hasta de 30% en algunos de los proyectos para impulsar más aún la expansión del
sector.
Un
estudio del BNDES sostiene que al año 2010 será necesario construir 100 nuevas
usinas para incrementar la producción de alcohol. Actualmente existe una
capacidad de 17 mil millones de litros, y se espera que esta se incremente en
ocho mil millones con la puesta en marcha de dichos proyectos.
El
BNDES financia todas las fases de la cadena de los agrocombustibles: apoya el
cultivo, la fase agroindustrial, emprendimientos de infraestructura de
comunicación,y las usinas de procesamiento. Conjuntamente con Petrobrás ha
creado Transpetro, para promover la exportación de bioetanol. Además apoya la
investigación y desarrollo; recientemente otorgó un financiamiento por unos 700
mil dólares para el Parque de Desarrollo Tecnológico, un centro científico de la
Universidad Federal de Ceará, en Fortaleza, con la finalidad de explorar mejoras
en la eficiencia en la producción de etanol a partir de caña de azúcar.
Diferentes organizaciones ciudadanas han criticado al BNDES, tanto por el tipo
de proyectos que financia, como por la forma en que se incorporan aspectos
sociales y ambientales en las decisiones. Si bien el BNDES afirma que solo
libera fondos para quienes cumplan con la ley ambiental, existen dudas sobre si
tales garantías son suficientes. Por ejemplo, según Alexandre Raslan,
perteneciente al Ministerio Público Estadual, la cuestión ambiental está siendo
tratada en base a la improvisación. En su opinión: “Hace falta una política que
priorice los tipos de inversión y la defensa de los recursos naturales.”
Organizaciones como Via Campesina, han criticado también el énfasis del banco en
los grandes proyectos agrícolas, mientras no destina recursos para créditos a
los pequeños agricultores. Así mismo, la organización se ha manifestado contra
la situación laboral de miles de trabajadores del sector, que se encuentran en
condiciones cercanas a la esclavitud. El propio Ministerio de Trabajo ha
fiscalizado casos en los que se verifica esta situación.
La
situación actual respecto a la producción de agrocombustibles es muy delicada y
abarca diferentes dimensiones. El análisis no puede reducirse a los factores
económicos, ya que existen otras implicancias. Sin embargo, dados los intereses
de los distintos actores y sus pesos relativos en el escenario mundial, es
probable que una vez más prime el criterio económico.
El presente artículo es un
resumen de un reporte más extenso publicado en la serie Observatorio del
Desarrollo, que se puede descargar desde
www.agrocombustibles.org, el
nuevo sitio web de CLAES sobre biocombustibles basados en monocultivos
Publicado en
el semanario Peripecias nº 49 el 23 de mayo de 2007. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. |