Peripecias Nº 50 - 30 de mayo de 2007

DESARROLLO

 

Estados Unidos cuida su “huerto” trasero

 

Biocombustibles: la caña de la discordia

 

 

Gerardo Honty y Eduardo Gudynas

 

 

 

G. Honty es investigador asociado de CLAES - D3E y director del Centro Uruguayo en Tecnologías Apropiadas (CEUTA).

 

E. Gudynas es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social) y D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).

 

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Varios factores confluyen en la explosiva expansión de los agrocombustibles [1]: negocio agrícola, independencia energética, cambio climático, aumento de las exportaciones. También se ha convertido este año en una pieza clave en la batalla hemisférica por la influencia política.

 

En algunos países se ha visto a los agrocombustibles como una opción para reducir la dependencia de los hidrocarburos y generar autosuficiencia (es el caso de la primera etapa de Brasil). Por otro lado, más recientemente se han sumado los intereses exportadores, concibiendo los agrocombustibles como otra mercadería que se puede comercializar con el mundo.

 

Asimismo, el contexto regional se complica todavía más cuando se incorporan las influencias, presiones y promociones desde otras regiones. El caso más evidente ha sido el de las recientes acciones desde Estados Unidos, especialmente con Brasil, y el nuevo papel que se ha autoasignado el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en promover los agrocombustibles.

 

Escaramuza

 

Estas tensiones desembocaron en una polémica pública entre altas figuras gubernamentales sobre el papel y los efectos de los agrocombustibles. El intercambio se originó en declaraciones críticas del presidente Hugo Chávez (Venezuela) y un artículo de prensa de Fidel Castro (Cuba) cuestionando los agrocombustibles por problemas como el probable desplazamiento de cultivos para la alimentación y su dependencia de las compras originadas en Estados Unidos.

 

A su vez, el presidente Lula da Silva (Brasil), en un artículo específicamente enfocado en los agrocombustibles y los negocios con Estados Unidos, rechaza algunas de las advertencias sobre los impactos ambientales y sobre la alimentación. El presidente brasileño sostiene que “el etanol no es una amenaza directa a los bosques tropicales, ya que el suelo amazónico es extremadamente inadecuado para plantar caña de azúcar”, y agrega que tampoco es una amenaza para la producción de alimentos, ya que existen 200 millones de hectáreas de pasturas en las cuales la producción de caña puede expandirse. (Estado de São Paulo, 31/03/07).

 

Pero estos argumentos son endebles; por un lado, la expansión de agrocombustibles sobre la Amazonia está basada en palma y ricino, y por otro, la proporción del uso de tierras de pasturas para el cultivo de caña de azúcar es incierto, y en caso de hacerse efectivo, desencadenará que los hacendados ganaderos se muden a nuevos sitios sobre la frontera agropecuaria.

 

Los Estados sean unidos

 

Brasil y Estados Unidos se disputan los dos primeros lugares en la producción de bioetanol. Estados Unidos es el mayor consumidor de combustible del planeta, mientras que Brasil es el que tiene la mayor experiencia en ese sector y posee tierra disponible para aumentar todavía más esos cultivos.

 

Washington está otorgando creciente atención a los agrocombustibles tanto domésticos como importados. El plan Veinte en Diez, lanzado por Bush a comienzo de este año, apunta a alcanzar a 36 millones de hectáreas cultivadas con maíz durante 2007 para producir bioetanol. Sin embargo, allí se enfrenta el problema del menor rendimiento del grano de maíz como materia prima para la elaboración del etanol, mientras que la caña de azúcar es más eficiente en este sentido. Por lo tanto el país está interesado en contar con fuentes alternativas para importar agrocombustibles, y además observa con atención las tecnologías desarrolladas en Brasil.

 

Es así que Estados Unidos promueve este sector en América Latina, y en esa tarea se ha aliado con la administración Lula da Silva en Brasil y el apoyo del BID. El objetivo de Estados Unidos es el acceso al etanol brasileño de caña de azúcar, bastante más barato que el estadounidense producido a partir del grano de maíz.

 

Por su parte, para Brasil este acuerdo puede llegar a significar importantes ingresos en divisas por la expansión y exportación de su bioetanol. La posibilidad de ser el abastecedor de ese 15% del consumo de gasolina estadounidense en 2017 implica multiplicar por ocho su producción actual. Brasil también procura que este acuerdo mejore sus capacidades para la investigación en la fabricación de etanol a partir de la lignocelulosa de los vegetales, en lo que se conoce como la “segunda generación” de biocombustibles. Se estima que con fuertes inversiones en la investigación de estos procesos, en diez años podrá obtenerse un etanol más económico y más eficiente en el uso de los recursos naturales.

 

Unidos a pesar de todo

 

A pesar de esas discusiones, el caso de los agrocombustibles fue incluido en la agenda en la cumbre sudamericana de energía de Isla Margarita (Venezuela) y no fue un problema como se anticipaba. Su uso y promoción fue defendido por Brasil y apoyado por otros países (especialmente Colombia, Uruguay, Chile y Argentina). En la declaración finalmente aprobada en ese encuentro por los presidentes se expresa el “reconocimiento al potencial de los biocombustibles para diversificar la matriz energética suramericana” y se acuerda conjugar “esfuerzos para intercambiar experiencias realizadas en la región, con miras a lograr la máxima eficiencia en el empleo de estas fuentes, de forma tal que promueva el desarrollo social, tecnológico, agrícola y productivo”. Esta parte del documento fue apoyada por Chávez pero objetada por Evo Morales (Bolivia).

 

No debe perderse de vista que las discusiones mediáticas entre Chávez, Castro y Lula se dieron en el marco de la gira del presidente de Estados Unidos a varios países latinoamericanos donde fue evidente la intención de promover el comercio de los combustibles de origen vegetal.

 

No parece que las diferencias estén centradas en una rivalidad entre las alternativas fósiles que pueden suministrar Bolivia o Venezuela (gas y petróleo) y los agrocombustibles que pueden ofrecer Brasil y otros países de la región. El ritmo de crecimiento del consumo energético da para que todos puedan vender todo lo que alcancen a producir. Podría pensarse que la escaramuza ocurrida en torno a los agrocombustibles en los primeros meses de este año es un emergente del conflicto entre una visión “hemisférica” libremercadista que dominó el panorama energético de los últimos tres lustros y una nueva visión integracionista “hacia adentro” que pugna por ganar terreno (ver el artículo Pegando la vuelta: La integración energética sudamericana después de las privatizaciones, por Gerardo Honty, leer ...).

 

 

Nota:

 

[1] Se utiliza el término agrocombustible pues se refiere exclusivamente a los biocombustibles producidos a partir de monocultivos agrícolas.

 

El presente artículo está basado en “Agrocombustibles y desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe”, por Gerardo Honty y Eduardo Gudynas, publicado en la serie Observatorio del Desarrollo, disponible en http://www.agrocombustibles.org

 

Publicado en el suplemento Energía Nº 7 de La Diaria, Montevideo, 25 de mayo de 2007. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 50 el 30 de mayo de 2007.

 

 

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