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Varios factores confluyen en la explosiva expansión de los agrocombustibles [1]:
negocio agrícola, independencia energética, cambio climático, aumento de las
exportaciones. También se ha convertido este año en una pieza clave en la
batalla hemisférica por la influencia política.
En algunos países se ha visto a los agrocombustibles como una opción para
reducir la dependencia de los hidrocarburos y generar autosuficiencia (es el
caso de la primera etapa de Brasil). Por otro lado, más recientemente se han
sumado los intereses exportadores, concibiendo los agrocombustibles como otra
mercadería que se puede comercializar con el mundo.
Asimismo, el contexto regional se complica todavía más cuando se incorporan las
influencias, presiones y promociones desde otras regiones. El caso más evidente
ha sido el de las recientes acciones desde Estados Unidos, especialmente con
Brasil, y el nuevo papel que se ha autoasignado el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) en promover los agrocombustibles.
Escaramuza
Estas tensiones desembocaron en una polémica pública entre altas figuras
gubernamentales sobre el papel y los efectos de los agrocombustibles. El
intercambio se originó en declaraciones críticas del presidente Hugo Chávez
(Venezuela) y un artículo de prensa de Fidel Castro (Cuba) cuestionando los
agrocombustibles por problemas como el probable desplazamiento de cultivos para
la alimentación y su dependencia de las compras originadas en Estados Unidos.
A su vez, el presidente Lula da Silva (Brasil), en un artículo específicamente
enfocado en los agrocombustibles y los negocios con Estados Unidos, rechaza
algunas de las advertencias sobre los impactos ambientales y sobre la
alimentación. El presidente brasileño sostiene que “el etanol no es una amenaza
directa a los bosques tropicales, ya que el suelo amazónico es extremadamente
inadecuado para plantar caña de azúcar”, y agrega que tampoco es una amenaza
para la producción de alimentos, ya que existen 200 millones de hectáreas de
pasturas en las cuales la producción de caña puede expandirse. (Estado de São
Paulo, 31/03/07).
Pero estos argumentos son endebles; por un lado, la expansión de
agrocombustibles sobre la Amazonia está basada en palma y ricino, y por otro, la
proporción del uso de tierras de pasturas para el cultivo de caña de azúcar es
incierto, y en caso de hacerse efectivo, desencadenará que los hacendados
ganaderos se muden a nuevos sitios sobre la frontera agropecuaria.
Los Estados sean unidos
Brasil y Estados Unidos se disputan los dos primeros lugares en la producción de
bioetanol. Estados Unidos es el mayor consumidor de combustible del planeta,
mientras que Brasil es el que tiene la mayor experiencia en ese sector y posee
tierra disponible para aumentar todavía más esos cultivos.
Washington está otorgando creciente atención a los agrocombustibles tanto
domésticos como importados. El plan Veinte en Diez, lanzado por Bush a comienzo
de este año, apunta a alcanzar a 36 millones de hectáreas cultivadas con maíz
durante 2007 para producir bioetanol. Sin embargo, allí se enfrenta el problema
del menor rendimiento del grano de maíz como materia prima para la elaboración
del etanol, mientras que la caña de azúcar es más eficiente en este sentido. Por
lo tanto el país está interesado en contar con fuentes alternativas para
importar agrocombustibles, y además observa con atención las tecnologías
desarrolladas en Brasil.
Es así que Estados Unidos promueve este sector en América Latina, y en esa tarea
se ha aliado con la administración Lula da Silva en Brasil y el apoyo del BID.
El objetivo de Estados Unidos es el acceso al etanol brasileño de caña de
azúcar, bastante más barato que el estadounidense producido a partir del grano
de maíz.
Por su parte, para Brasil este acuerdo puede llegar a significar importantes
ingresos en divisas por la expansión y exportación de su bioetanol. La
posibilidad de ser el abastecedor de ese 15% del consumo de gasolina
estadounidense en 2017 implica multiplicar por ocho su producción actual. Brasil
también procura que este acuerdo mejore sus capacidades para la investigación en
la fabricación de etanol a partir de la lignocelulosa de los vegetales, en lo
que se conoce como la “segunda generación” de biocombustibles. Se estima que con
fuertes inversiones en la investigación de estos procesos, en diez años podrá
obtenerse un etanol más económico y más eficiente en el uso de los recursos
naturales.
Unidos a pesar de todo
A pesar de esas discusiones, el caso de los agrocombustibles fue incluido en la
agenda en la cumbre sudamericana de energía de Isla Margarita (Venezuela) y no
fue un problema como se anticipaba. Su uso y promoción fue defendido por Brasil
y apoyado por otros países (especialmente Colombia, Uruguay, Chile y Argentina).
En la declaración finalmente aprobada en ese encuentro por los presidentes se
expresa el “reconocimiento al potencial de los biocombustibles para diversificar
la matriz energética suramericana” y se acuerda conjugar “esfuerzos para
intercambiar experiencias realizadas en la región, con miras a lograr la máxima
eficiencia en el empleo de estas fuentes, de forma tal que promueva el
desarrollo social, tecnológico, agrícola y productivo”. Esta parte del documento
fue apoyada por Chávez pero objetada por Evo Morales (Bolivia).
No debe perderse de vista que las discusiones mediáticas entre Chávez, Castro y
Lula se dieron en el marco de la gira del presidente de Estados Unidos a varios
países latinoamericanos donde fue evidente la intención de promover el comercio
de los combustibles de origen vegetal.
No parece que las diferencias estén centradas en una rivalidad entre las
alternativas fósiles que pueden suministrar Bolivia o Venezuela (gas y petróleo)
y los agrocombustibles que pueden ofrecer Brasil y otros países de la región. El
ritmo de crecimiento del consumo energético da para que todos puedan vender todo
lo que alcancen a producir. Podría pensarse que la escaramuza ocurrida en torno
a los agrocombustibles en los primeros meses de este año es un emergente del
conflicto entre una visión “hemisférica” libremercadista que dominó el panorama
energético de los últimos tres lustros y una nueva visión integracionista “hacia
adentro” que pugna por ganar terreno (ver el artículo Pegando la vuelta: La
integración energética sudamericana después de las privatizaciones, por
Gerardo Honty,
leer
...).
Nota:
[1]
Se utiliza el término agrocombustible pues se refiere exclusivamente a los
biocombustibles producidos a partir de monocultivos agrícolas.
El presente artículo está basado
en “Agrocombustibles y desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe”,
por Gerardo Honty y Eduardo Gudynas, publicado en la serie Observatorio del
Desarrollo, disponible en
http://www.agrocombustibles.org
Publicado en el suplemento Energía Nº 7 de
La Diaria, Montevideo, 25 de mayo
de 2007. Reproducido en
el semanario Peripecias Nº 50 el 30 de mayo de 2007. |