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C. Figueroa es economista peruano.
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Lo que sucede a nivel global sucede y se replica a nivel local. Y en temas
ambientales no se da la excepción. La loca carrera por el crecimiento económico
de los países industrializados es la locomotora de los problemas ambientales y
ecológicos del planeta, donde los más perjudicados son los países más pobres.
Por su parte en los países en desarrollo (que solo seguimos la ola) las
políticas económicas que también priorizan un crecimiento económico ciego tienen
a la población pobre como su principal perjudicado, y aquí no únicamente en
términos ambientales.
A estas alturas no resulta novedoso decir que una consecuencia negativa de las
políticas económicas hegemónicas es el perjuicio ambiental y ecológico en el
planeta y con énfasis en los países pobres, y al interior de ellos en su
población menos favorecida económica y socialmente. Debemos subrayar, sin
embargo, el doble perjuicio que la población en pobreza de los países en
desarrollo tiene tanto de lo global como de lo local.
Mencionemos solo algunos ejemplos, la deforestación indiscriminada, la
contaminación de los ríos, la depredación de recursos hidrobiológicos, son entre
muchas otras, las consecuencias de una irracionalidad económica que el actual
modelo favorece, priorizar la generación de riqueza a toda costa. Estas
consecuencias, a su vez se relacionan con la escasez de agua potable, la
desnutrición infantil, la disminución de las actividades agrícolas (tanto por la
contaminación de los ríos como por los desórdenes en la naturaleza ocasionados
por la pérdida de bosques), etc.
Si bien es cierto que vivimos bajo un sistema económico (hegemónico y
globalizado), es más cierto aún que el sistema económico es tan solo parte de un
sistema mayor, el Ecosistema. De ahí que las consecuencias negativas de las
políticas económicas repercuten finalmente en la población, especialmente en la
menos favorecida, algo que la teoría económica no da cuenta. Cada actividad
productiva o extractiva que puede ser rentable en el corto plazo, tiene
consecuencias negativas en la biodiversidad y tarde o temprano (hoy cada vez más
temprano) en el ser humano.
El manejo económico global y local debe ser eco-ecológico, de otra manera no
habrá sostenibilidad y por más que las escuelas de negocios insistan en buscar
la máxima eficiencia a las empresas no habrá planeta que lo resista. No basta
con la asignación eficiente de los recursos, hay que buscar una escala
sostenible del uso de los mismos y acompañarla con una justa distribución del
ingreso.
No podemos dejar de mencionar que los problemas ambientales y ecológicos tienen
también parte de su origen en el comportamiento de las familias (para
contraponerlo a empresas). De un lado, la sociedad de consumo de los países
industrializados y de los sectores pudientes de los países en desarrollo. Pero
de otro lado el propio comportamiento de la población en pobreza extrema que
muchas veces convive (obligado por las circunstancias o no) con las peores
condiciones de salubridad y saneamiento, y contribuye, en el mejor de los casos,
a mantener esa situación a la espera de la intervención estatal que casi nunca
llega.
¿Cuanto cuesta el crecimiento económico actual?, o dicho en otras palabras
¿cuánto se gasta o debería gastar en remediar, compensar, mitigar, prevenir,
etc. las consecuencias económicas, sociales y ambientales de dicho manejo
económico a nivel global, local y empresarial?. Visto de manera estrictamente
económica el modelo actual es ineficiente, limitado e insostenible, y visto en
su mayor dimensión (Ecosistémico y ético) es simplemente inconcebible.
Publicado en el blog del autor, titulado
Sincero en Economía. Reproducido en
el semanario Peripecias Nº 55 el 4 de julio de 2007. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos. |