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P. Visca es analista en temas económicos en CLAES D3E.
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En las últimas semanas los mercados financieros internacionales estuvieron bajo
una tremenda tensión a causa de la crisis originada en los créditos hipotecarios
de alto riesgo en EE.UU. El mundo está a la expectativa de lo que suceda en los
grandes centros financieros en las próximas horas, ya que las consecuencias de
este fenómeno podrían desembocar en una crisis y recesión a nivel mundial.
Como ya es de amplio conocimiento, el presente caos financiero internacional
tuvo su origen en el desplome del mercado hipotecario “subprime” (sector
hipotecario de baja calificación de EE.UU.). Desde hace años el mercado
inmobiliario está teniendo en ese país un extraordinario crecimiento, basado
fuertemente en créditos hipotecarios otorgados a agentes que no necesariamente
tenían buenas características o antecedentes como pagadores. El hecho de que la
tasa de interés se ubicara hasta 2005 en cifras por debajo del 2% alimentaba
este fenómeno expansionario. La dinámica de los mercados financieros se encargó
del resto: el ciclo continuó con el desarrollo de instrumentos financieros en
base a los créditos hipotecarios que se intercambiaron en los mercados,
generando una cadena de prestatarios e inversores, sin tomar en cuenta una vez
más, las verdaderas posibilidades de pago de las garantías. Este “riesgo moral”
desembocó en que, una vez que las tasas subieron, los deudores se vieron
imposibilitados de asumir sus obligaciones, resultando en un efecto dominó que
rápidamente se contagió al resto del mundo. Dada la interrelación del sistema
financiero con el resto de los mercados de la economía, los riesgos de una
debacle económica eran (y siguen siendo) bastante serios.
La respuesta de los países más poderosos ante el riesgo inminente no se ha hecho
esperar: en sucesivos intentos por evitar el desplome de los principales
mercados financieros que podría desembocar en una recesión generalizada, las
economías de la Unión Europea (UE) además del propio EE.UU., han inyectado miles
de millones de euros y dólares a los sistemas financieros proveyéndolos de
liquidez: se dice que en las últimas semanas la Reserva Federal de EE.UU. (FED)
volcó más de 100.000 millones de dólares, mientras el Banco Central Europeo hizo
lo propio inyectando la elevadísima cifra de 200.000 millones de euros. En Asia,
por su parte, se calcula que Japón insertó una cifra equivalente a 5.200
millones de euros. Es así como la situación inicial de pánico por la caída de
los mercados financieros dio paso a una sensación de incertidumbre y cautela,
cuando se produjeron los grandes desembolsos de los bancos centrales de varios
países. La pregunta que todos se formulan es si dichas acciones tomadas para
paliar el riesgo de crisis serán suficientes.
Como era de esperarse, las críticas se abalanzaron sobre la primera potencia
mundial. El gobierno de los EE.UU. “se refugia” responsabilizando de la
situación tanto a las instituciones otorgadoras de crédito como a las
calificadoras de riesgo, y en última instancia a los entes reguladores. Las
calificadoras, en especial las más poderosas y conocidas como Standard & Poor’s,
Moody’s y Fitch, deberían haberse dado cuenta de lo que estaba sucediendo y por
lo tanto del riesgo involucrado en los papeles transados en los mercados. Al
respecto la opinión es unánime: al verificar el riesgo involucrado en las
operaciones financieras de las hipotecas, no deberían haber dejado que se
llegara a la situación crítica que atraviesan los mercados hoy en día. El
senador republicano Richard Shelby dijo tener especial interés por el potencial
conflicto derivado de que los honorarios de las calificadoras sean abonados por
las entidades a las que evalúan. Esto que ahora parece tan obvio, no lo fue
tanto para el organismo regulador en el momento en que todavía se podía evitar
la crisis. El simple y llano sentido común alerta sobre los riesgos que puede
presentar una situación como esa: que el evaluado pague gran parte del ingreso
del evaluador. Algunos incluso ya especulan con la desaparición de estas
instituciones calificadoras, producto de la mala reputación que les generó “la
ola de terror” en los mercados financieros.
Si bien las instituciones calificadoras tienen gran responsabilidad en el
devenir de los acontecimientos, hay una falta clara, negligente de parte de los
mecanismos e instituciones reguladoras de la actividad financiera en ese país,
que ha sido minimizada. En última instancia, estos son los organismos
responsables de indicar cuando se está transitando por un camino demasiado
riesgoso y que deben decidir las acciones correctivas necesarias para evitar
crisis como la actual. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, el senador Shelby,
en medio de las explicaciones del caos generado, se preocupó de resaltar que hay
que evitar las tentaciones de una mayor regulación.
Impactos en América Latina
Como era de esperarse, los coletazos de la frágil situación financiera en los
EE.UU. se manifestaron en estas latitudes, tal como lo hicieron a lo largo y
ancho del resto mundo. Los mercados emergentes, y los latinoamericanos en
particular, sintieron el efecto de los “subprime”, con movimientos generales a
la baja en las bolsas de la región como la de Buenos Aires, San Pablo o México.
Sin embargo, en las últimas semanas no hay una tendencia clara de dichos
mercados, y lo más notorio son las oscilaciones al alza y a la baja que
diariamente se producen, dependiendo en especial de los anuncios de la FED.
La crisis estadounidense ha producido en general, el efecto llamado “fly to
quality”, donde los inversores huyen de los bonos de países más riesgosos (en
este caso serían los latinoamericanos) para refugiarse en los más seguros (los
de países desarrollados y en particular los norteamericanos). Este proceso hace
que disminuya el precio de los bonos de los países emergentes, al tiempo que
sube el spread con los bonos “cero riesgo” de los EE.UU, registrándose subas del
riesgo país y provocando un espiral adverso para la deuda de estos países. A su
vez, los países menos desarrollados también recibirán el efecto de una menor
liquidez internacional, lo que se va a complementar con una tasa de interés más
alta. Irónicamente, se perjudican economías que son las que parecen tener los
fundamentos relativamente más estables en este momento, mientras el mercado
estadounidense se podría recuperar por este mismo efecto.
Las opiniones varían y dependen en gran medida de las expectativas del analista.
No hay una posición unánime acerca de si estas turbulencias se calmarán en poco
tiempo, o si por el contrario, tendrán efectos más duraderos, afectando no solo
a los mercados financieros, sino también a la economía real. En particular, la
región se recuperó la semana pasada a consecuencia de que la FED recortó su tasa
de descuento en 50 puntos básicos, a un 5,75% como forma de intentar frenar los
efectos que ha acarreado la tormenta financiera estadounidense. A pesar de lo
anterior, esta semana los mercados abrieron con importantes dosis de cautela, ya
que el problema de fondo no se ha solucionado y la aversión al riesgo sigue
imperando en los mercados. Aunque la agencia Moody´s hace pocos días aumentó la
calificación de Brasil a un paso del grado inversor, los temores por el desplome
financiero siguen en pie, y los últimos días de agosto se presentan con
tendencia a la baja en las bolsas regionales, incluida la de San Pablo. Esta
situación se vio agravada cuando se dieron a conocer datos del mercado
inmobiliario de EE.UU. que resultaron aún más frágiles de lo esperado.
En general, las autoridades y académicos de la región han puesto optimismo en
las opiniones vertidas a los medios de comunicación, respecto a los efectos de
la crisis hipotecaria estadounidense. En Chile, por ejemplo, el economista
Sebastián Edwards sostuvo que su país está mejor preparado que en el pasado para
afrontar shocks internacionales de este tipo: “hay en este momento uno o dos
colchones importantes en términos de recursos. Uno es el colchón del Banco
Central, con reservas internacionales bastante amplias, y el otro es el de la
Tesorería (…) estamos más preparados, porque hoy tenemos un tipo de cambio
flexible que permite amortiguar los distintos shocks externos". Sin embargo, hay
otros aspectos no menos delicados involucrados en esta situación, que tal vez no
son tan visibles pero que algunos remarcan: la pérdida de miles de millones de
dólares a través de las Administradoras de Pensiones (AFP). Según datos de CENDA
de Chile, el 27 de julio los fondos de pensiones AFP de ese país llegaron a
alcanzar más de 104.000 millones de dólares. Al 20 de agosto, las pérdidas
superan los 7.000 millones, una cifra más que considerable y que amerita que se
tomen decisiones y acciones al respecto.
En Venezuela, el titular del Ministerio de Planificación y Desarrollo, Jorge
Giordani, sostuvo este mes que “nuestra economía está fundamentada en el
petróleo, por lo que no afectaría en el corto plazo directamente”, refiriéndose
a la crisis generada en los EE.UU. En México las opiniones son más cautelosas,
fundamentalmente por la proximidad y dependencia de esa economía a la de EE.UU.
Algunos sostienen que ciertos sectores de la industria mexicana podrían verse
afectados por la volatilidad, y la consecuente disminución de la demanda
proveniente del país del norte. A pesar de esto, se observa relativo optimismo
respecto a las tasas de crecimiento que registrará el país en el año en curso.
En Argentina también hay cierto optimismo respecto al limitado alcance de la
actual crisis financiera. Un informe de la consultora Abeceb.com confía en el
desempeño de los productos de exportación de ese país, sosteniendo que los
shocks que podrían afectar a la economía real más efectivamente serían los de
precios en las commodities. Sin embargo, no puede perderse de vista que los
inversores se han desprendido últimamente de los bonos argentinos, incluso antes
de que estallara la burbuja inmobiliaria. Los analistas de ese país
responsabilizan de este hecho a motivos más bien internos, como la aceleración
de las presiones inflacionarias y los problemas de manipulación de las
estadísticas oficiales, lo que ha disminuido la confianza de los mercados en los
papeles argentinos y ha elevado el riesgo país en las últimas semanas.
Se observa que, a pesar de los movimientos bursátiles de la región, las
preocupaciones fundamentales se centran en lo que sucederá con la demanda y
precios de las materias primas y commodities que se exportan desde
América Latina. Las visiones positivas expuestas más arriba tendrían como
denominador común la relativa confianza en los productos de exportación. Aunque
la crisis financiera podría desembocar en caída del consumo de los mercados
desarrollados, especialmente EE.UU., muchos en América Latina confían en que se
mantendrá el dinamismo de la demanda de los bienes exportables y por lo tanto la
estabilidad de precios. Al menos esa es la sensación, cuando las señales de los
países del norte van en el sentido de no escatimar al inyectar importantes
cantidades de dinero al sistema, teniendo como prioridad mantener la actividad
económica a buen ritmo. Sin embargo, no deben subestimarse los efectos a mediano
plazo de esta crisis, ya que la incertidumbre es lo único seguro y la
interrelación de los mercados es tan estrecha que la “independencia” de la
economía real ante las turbulencias financieras es más que frágil. Ya se han
producido movimientos a la baja de algunos productos agrícolas, especialmente
los granos. Lo importante es que sucederá con la tendencia de dichos precios de
ahora en más.
Aunque la presente crisis financiera se generó en los EE.UU., los países
emergentes deberán afrontar parte de los costos, asumiéndolos a través de
pérdida de valor de sus papeles y de aumento del riesgo país, el que
irónicamente es determinado por las mismas agencias que no supieron ver el
riesgo involucrado en el mercado subprime de los EE.UU. En el juego de
transacciones financieras, los mercados premian los papeles del país que ha
demostrado que el “riesgo cero” no existe, ya que dentro de su economía existen
miles de deudores que no pudieron honrar sus compromisos. Dadas la dinámica y
especificidades de los mercados financieros internacionales, son los países
menos desarrollados los que se enfrentan a posibles problemas de deuda, a pesar
de que la mayoría de los especialistas coincide en que los fundamentos de las
economías en desarrollo, y en particular los de América Latina, son más sólidos
que en el pasado y tal vez sea este factor el que les permita sortear la
inestabilidad actual.
Publicado
en el semanario Peripecias Nº 63 el 29 de agosto de 2007. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. |