Peripecias Nº 69 - 17 de octubre de 2007

DESARROLLO

 

 

Energía real y virtual

 

 

José da Cruz

 

 

 

J. da Cruz es geógrafo y analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

 

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Cortando grueso, sin sutileza alguna, aceptemos que hay una ideología burguesa de izquierda y otra de derecha. Coexisten como hermanas siamesas, discuten entre sí y se disgustan, pero la misma sangre corre por venas y arterias compartidas.

 

Ante cada encrucijada histórica surgen las posiciones de negras y blancas en un tablero de ajedrez. Fuera de las 64 casillas no hay mundo. Un bando gana la disputa hoy, el otro mañana, pero se enfrentan arbitrados por las mismas reglas y según estrategias conocidas, públicas y estudiadas.

 

En el actual debate sobre fuentes energéticas, desde el lado izquierdo Al Gore recorre el mundo con su película bajo el brazo; desde la derecha, el lobby petrolero apuesta a alternativas controladas por el gran capital. Mientras por la izquierda se elevan lamentaciones y tormentas morales, por la derecha se afirman las posiciones de siempre. Los espectadores podemos aplaudir o denostar a los contrincantes, pero no cambiar de canal: en todos está el mismo programa.

 

Los pragmáticos anglosajones inventaron una serie de nombres relativos al debate ideológico, sonoros y comerciales como workshop, brain storm, think tank, o metáforas médicas y militares. Si alguna ventaja tiene el análisis de estos temas, tal ventaja es verificar que las ideas existen en la esfera virtual pero son a la vez un producto casi material, casi tangible, casi en el escalón de ingreso a la realidad. Son un insumo, como gustan decir los expertos reconociéndoles dimensiones materiales.

 

Las ideas se fabrican, se ponen de moda, se propagandean, compiten entre sí, se presentan en nuevos modelos y envases, y la fabricación tiene lugar en el mundo concreto. Un concilio ecuménico, una convención partidaria o una asociación abierta o cerrada fabrican pensamientos; también lo hacen las universidades. Hay un núcleo central duro y puro que establece grandes líneas de debate. Congrega a las elites de políticos y capitanes de industria, intelectuales y estrategas, como el Foro de Davos o los consejos empresariales enquistados en las Naciones Unidas.

 

Energía S.A.

 

El verano europeo no es solo ocasión de ocio, sino también de intenso trabajo intelectual. Combinando turismo y producción se organizan cursos y talleres extracurriculares. Una de tantas summer university se reunió en Varsovia el mes pasado –setiembre– para considerar el futuro energético. No revestiría mayor interés desde un punto de vista cuantitativo, pero allí se expresó el sector más conservador y sus conclusiones tienen innegable peso político. Tal vez, algo modificadas desde la izquierda, muestren nuestro futuro.

 

Bajo la dirección de la economista Pilar del Castillo Vera, del Partido Popular español, la discusión partió de la base que el éxito económico europeo se apoya en cuatro pilares de prosperidad: energía, clima y seguridad de acceso tanto al agua como a los alimentos. La UE necesita flujos de energía confiables, accesibles y sostenibles y para 2050 se espera la duplicación de la demanda actual debido al aumento de población. Esto es un desafío y una oportunidad de progreso y desarrollo, ya que será necesario liberalizar el mercado energético, diversificar las fuentes y reducir los residuos, y ello requiere de innovación y eficiencia empresarial.

 

¿Qué se necesita? Se necesita un mercado de energía eficiente, que a su vez enfrente al cambio climático mediante el comercio de bonos verdes y el desarrollo de fuentes renovables. El petróleo se encarece, Rusia utiliza la diplomacia energética con signo negativo y el Oriente petrolero es inestable. La Unión debe adoptar una política común de seguridad energética con dimensiones ambientales, diplomáticas, industriales y tecnológicas con espacio para la innovación industrial, y así alejar las amenazas exteriores. Una red paneuropea de electricidad y gas sería un paso en este sentido.

 

Los biocombustibles podrían ser una alternativa, pero los precios suben y la competencia por los mismos productos entre vehículos, ganado y gente limita la elección. El desarrollo del hidrógeno también está limitado por problemas de producción, almacenamiento y distribución; los combustibles fósiles escasean y afectan el clima. Una mayor utilización de energía nuclear aparece como inevitable, pero es necesario lograr que el público la acepte de modo más amplio.
Es crucial la investigación y el desarrollo de soluciones tecnológicas como la fisión nuclear, el carbón limpio y las celdas energéticas, así como ampliar el papel de los permisos de emisión, quizás en forma de carbon credit cards individuales. El cambio climático tendrá impacto sobre el funcionamiento de la vida en Europa, especialmente para las industrias energéticas, automovilísticas, aéreas y de la construcción. No se puede continuar con el esquema "business as usual".

 

¿Qué hacer?

 

Las conclusiones de la reunión de Varsovia fueron que, en primer lugar, el desafío energético y el del cambio climático involucran a todo el planeta. Si bien la demanda en la UE crece lentamente, lo hace en forma rápida en los “emergent countries”, donde 2.000 millones de personas no acceden “at any power at all”. No olvidemos que en el futuro seremos 9.000 millones, y crecerá la disputa por los recursos limitados. Sin cambios no se podrá bajar la emisión de gases de efecto invernadero, y esto lo indica el hecho de que el uso del carbón, la peor fuente emisora, está creciendo más rápido que el de petróleo y gas.

 

Europa es el líder tecnológico en energía y combate al cambio climático, tiene corporaciones de experiencia centenaria y empresas innovadoras, domina todas las tecnologías existentes y la investigación y el desarrollo se dan en las áreas públicas y privadas con alto nivel de competitividad mundial. Sin embargo, el 52 por ciento de la energía utilizada se importa, lo que puede llegar al 70 por ciento si no se introducen cambios.

 

La iniciativa privada será la fuerza clave. En los próximos 25 años, mundialmente, se deberán invertir 20 millones de millones de dólares, 800.000 millones por año, en el sector energético. Es necesario que Europa establezca un marco para que la iniciativa privada invierta en tecnologías limpias –nuclear, de fuentes renovables, para capturar carbono– combinando cambio climático, sustentabilidad, seguridad energética y competitividad. Mayor eficiencia energética en los sectores de vivienda y transportes será prioritaria.

 

Europa, Asia y América deben asociarse en torno a las tecnologías limpias. Es necesario, además, fortalecer las relaciones con la zona desde la cual Europa importa energía. La tecnología siempre ha impulsado a la humanidad hacia terrenos de nuevas oportunidades y crecimiento, y en cuanto a energía y cambio climático “it will be exactly the same case”. Estos objetivos crean nuevas oportunidades de negocios, y debemos hacer de las CleanTechs una nueva frontera a conquistar, como lo fue la informática veinte años atrás.

 

Gracias por posar para la foto

 

Suponemos que, luego de estas conclusiones, los participantes del taller varsoviano regresaron a sus ámbitos de actividad satisfechos y más convencidos que nunca de que Europa es la vanguardia tecnológica y civilizatoria. La historia avanza según mandan las máquinas, las máquinas hacen lo que dicen sus dueños, sus dueños son privados o corporativos, Estado incluido.

 

No aparece en las conclusiones ningún atisbo de cambios sociales. Simplemente, no pueden existir: hablamos de energía y la energía depende de la técnica, no de reivindicaciones o aspiraciones humanas. Claro que todos queremos vivir mejor, ¿pero acaso no somos vanguardia, así como estamos? Es el mejor de los mundos posibles. Más no se puede: son locuras o utopías desestabilizadoras.

 

El idilio armónico de la UE está sin embargo amenazado desde el exterior: Rusia y el Oriente medio son malignos e imprevisibles y podrían cortar los flujos energéticos. ¿Cómo enfrentarlos? Con una alianza entre Europa, Asia y América. Si en esa América estamos comprendidos nosotros, los del Sur, no se especifica ni hace falta: el Mundo está unido contra el Mal. Les produciremos alcohol o biodiesel, si lo requieren.

 

Dicen estos pensadores que 2.000 millones de personas no acceden a “any power at all” allá en los “emergent countries”. ¿Qué quieren decir? ¿No cocinan, no escuchan radio, no bombean agua, no andan en bicicleta? ¿Será que a estos pensadores los ciegan la fosforescencia de sus computadoras o el parabrisas de sus coches, y lo demás es invisible?

 

En un futuro malthusiano de 9.000 millones de terrícolas habrá disputa por recursos escasos, pues el modelo único no contempla solidaridad o propiedad común. No hay clases, ni modalidades de consumo, ni niveles de ingreso, ni alternativas: todos tenemos la culpa, todos buscaremos soluciones, todos estamos en diferentes departamentos pero en la misma nave espacial Tierra. Es el orden natural.

 

Hay que introducir cambios, dice el informe. ¿Cuáles? Los necesarios para que la iniciativa privada pueda regalarse con las inversiones en energía. Otros cambios no se contemplan, pese a que se dice en algún lugar que es imposible continuar haciendo las cosas como siempre. ¿Dónde está la innovación? Fusión y fisión nuclear, celdas de hidrógeno, fantaciencias tecnológicas abrirán las puertas hacia nuevas fronteras promisorias. El consumo va a continuar en aumento sin prisa y sin pausa, de acuerdo a la misma, inconmovible forma de vida.

 

Nos hacemos eco

 

Los términos de la discusión también resuenan en nuestro medio: nos preparamos para producir biocombustibles y crece el canturreo del coro nuclear. Las proyecciones hablan de mayor crecimiento, apostamos al desarrollo según el mismo modelo como si pudiéramos cerrar los ojos ante nuestro papel necesariamente subalterno en ese tablero de ajedrez. No hay otra alternativa en debate. ¿Pesimismo? No, realidad. Pensemos en el presente y futuro forestal del Uruguay.

 

El mercado de la captura de carbono crecerá, según pronostican estos expertos que nos ocupan, y debe liberalizarse. ¿Quién va a vender y comprar los bonos emitidos gracias a los monocultivos para pulpa de papel? ¿No serán los mismos consorcios transnacionales que controlan la tierra y las plantaciones, quienes se pagarán a sí mismos? ¿O de dónde saldrá la tecnología para proyectos de energía limpia, financiados con una ínfima parte de ese dinero? De la vanguardia tecnológica, naturalmente. Ellos. “It will be exactly the same case”.

 

 

Fuentes

 

EIN Summer University and European Ideas Fair. Warsaw, 20/22 September 2007. http://www.europeanideasnetwork.com

 

Publicado en el semanario Peripecias Nº 69 el 17 de octubre de 2007. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative Commons con algunas restricciones.

 

 

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