|
 |
|
|
Dwight Dyer es coordinador del Programa México de
Global Exchange.
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
En esta ponencia buscaré dar un marco conceptual que sirva para definir al “transmigrante.”
Este actor resulta de importancia cada vez mayor, en el contexto de la
integración económica de México con sus vecinos al norte, Estados Unidos y
Canadá. Primero, hablaré sobre el concepto de “desarrollo”, para aclarar una
serie de preconcepciones que oscurecen el debate. Segundo, hablaré brevemente
sobre modelos de desarrollo económico y la relación que guardan con la
migración. Por último, definiré al “transmigrante” y analizaré la relación que
guarda éste con los procesos de desarrollo en Norteamérica.
1. ¿Qué entedemos por desarrollo?
Una concepción estrecha de desarrollo se limitaría a considerar los cambios en
la economía. Estos cambios incluyen el crecimiento de la economía, es decir de
su tamaño total, medida por el PIB o alguna otra medida similar; pero medir
crecimiento económico no es suficiente. También hay que considerar la creciente
complejidad de los procesos productivos y la transformación de las relaciones de
producción. Es decir que al comparar una economía que se basa en la producción
artesanal y el trueque con otra de producción industrial y compraventa por
Internet, diríamos que la segunda es más desarrollada que la primera.
Como esta visión del desarrollo es estrecha, también es incompleta. La economía
no existe en el vacío, sino que se da en el seno de una sociedad. Por eso, se
tiene que considerar la dimensión social, concebida de forma amplia para incluir
también la política, al discutir el desarrollo. De otra forma, perdemos el
contexto humano de la economía, y desvirtuamos el propósito del análisis.
Conforme la producción se hace más compleja, aumenta la especialización y la
división del trabajo. Al llevar este proceso a mayor escala, también es notable
la jerarquización de los participantes en la economía. Para asegurar su
funcionamiento, este proceso requiere de una mayor organización social y de
reglas para ordenar las relaciones entre productores y trabajadores. La política
va adquiriendo formas que permiten regular estas interacciones.
Es importante notar que la sociedad regula a la economía mediante la política.
No hay tal cosa como un “mercado libre”, porque la sociedad define qué tipos de
intercambio son justos y permisibles mediante la definición de normas y leyes.
Conforme la economía se vuelve más compleja, y los mercados abarcan cada vez más
ámbitos de la interacción social, más reglas se necesitan para evitar la
depredación y la inestabilidad inherentes a los mercados. Es más, podemos decir
que para que un mercado sea “más libre” requiere de más reglas.
Por último, hay otro proceso que se tiene que considerar al hablar de
desarrollo. Éste es uno cultural o de consciencia. Tiene que ver con la
concepción que los participantes en la economía tienen de sí mismos como actores
en el mercado. Pasa desde la consciencia de ser un agente de producción, es
decir un elemento en la sociedad de mercado como obrero o inversionista, a ser
un agente de consumo, es decir a participar en la cultura de masas del
consumismo. Este aspecto es más sutil, porque podemos participar en estos
procesos, pero darlos por hecho, sin crear conciencia.
2. ¿Qué relación guarda el desarrollo con la migración?
No hay modelo de desarrollo que evite la migración. Esto es porque todo proceso
de desarrollo económico genera desequilibrios. Así como se genera un polo de
crecimiento, se crean polos de estancamiento. Naturalmente, quienes viven en los
segundos tratarán, dentro de sus posibilidades, de trasladarse a los primeros.
Sin entrar en detalles, la transición de una economía tradicional en una moderna
implica las consecuencias descritas por Kuznets, en términos de distribución de
la riqueza (y de las oportunidades).
En este sentido, vemos que, durante el periodo del Desarrollo Estabilizador, de
los años 50 a 70 del siglo pasado, el producto interno bruto per cápita
mexicano se duplicó, significando un gran crecimiento de la economía. Más
impresionante resulta este dato, si consideramos que la población se duplicó
durante el mismo periodo. Simultáneamente, la economía y sociedad mexicanas
experimentaron transformaciones enormes, como se puede ver en la aparición de
las clases obrera y media y su incorporación al régimen político
posrevolucionario. Sin embargo, también hubo un cambio importante en la
participación porcentual de la población rural en el total, ya que pasó de 50
por ciento a 25 por ciento. Esto se debió, en parte, a las mejores condiciones
de vida en las ciudades, pero también a una enorme migración interna de las
zonas rurales a las urbanas, por la demanda de mano de obra en las nuevas
industrias. No hay que perder de vista que también hubo emigración
internacional, pero mucho menor que la interna.
Durante el periodo de industrialización por exportaciones, también hemos visto
que la economía ha crecido, 40 por ciento desde la firma del TLCAN, pero que no
ha desaparecido la migración. Al contrario de lo que prometieron los líderes de
los países signatarios del TLCAN sobre el libre comercio como solución a la
necesidad de migrar en busca de trabajo, ésta se ha acentuado. Véase cómo ha
crecido la población de origen mexicano en Estados Unidos, que ya cuenta más de
10 millones de personas. Asimismo, la población campesina mexicana continua su
tránsito fuera de las zonas rurales, pasando del 25 por ciento al 18 por ciento
del total. Una diferencia importante con el Desarrollo Estabilizador es que
ahora la migración internacional ha alcanzado tasas casi tan altas como las de
la migración interna. Esto se debe, en buena medida, a que el modelo de
desarrollo basado en exportaciones no provee suficientes fuentes de empleo para
mantenerse a la par del ritmo de crecimiento de la población.
Habiendo visto cómo desarrollo y migración van de la mano, examinemos con mayor
detalle cómo se relacionan los migrantes con la integración económica y
comercial de México con Estados Unidos, en los últimos 24 años.
3. Transmigración y desarrollo
La discusión sobre desarrollo de la primera sección nos servirá como mapa
conceptual para hablar de transmigrantes. Primero, necesitamos una breve
definición y algunas precisiones. Transmigrante es aquél migrante que puede
participar activamente en la vida económica, social, y política del país de
origen y del de destino, al mismo tiempo. Es decir, no todos los migrantes son
transmigrantes. El fenómeno de transmigración es eminentemente uno de primera y
segunda generación, porque, para la tercera generación, los individuos se
asimilan más a la cultura del país de destino que a la del de origen y pierden
el interés en interactuar en esa última sociedad.
Pasemos ahora a discutir la relación del transmigrante con el desarrollo. En
términos económicos, el transmigrante pasa de ser un sujeto pasivo en el mercado
a ser un sujeto activo en el mismo. Es decir que se vuelve en un agente de
desarrollo, y lo hace al transformarse de obrero en capitalista, en ambos
países. La función de movilización de capital la cumple el migrante cuando envía
remesas familiares, pero en la medida que éstas apoyan solo el consumo, no las
consideraremos como fuentes de capital. En cambio, cuando se envían remesas
colectivas, que pretenden transformar la economía de la comunidad de origen
mediante la creación de empresas y empleos, sí podemos considerar a quien las
envía como agente de desarrollo.
En términos sociales y políticos, el transmigrante transmite conocimientos sobre
formas de educación y organización que son novedosas a la comunidad de origen y
contribuye cohesión y diversidad a la sociedad receptora. Políticamente, el
transmigrante puede servir como interlocutor con los oficiales y representantes
electos en los dos Estados. Incluso, puede llegar a fungir como oficial y/o
representante en ambos países, aunque probablemente no sea de forma simultánea.
Esta interlocución es mucho más notoria y efectiva en los niveles municipal y
estatal de gobierno, porque es ahí donde más fácilmente pueden actuar los
transmigrantes y sus organizaciones y con mayor efecto se notan los efectos del
desarrollo económico. Cabe señalar que, mediante la aglutinación de estos
esfuerzos, los transmigrantes podrían llegar a tener un alto grado de influencia
en políticas públicas y en la coordinación entre entidades estatales de México y
Estados Unidos para llevar a cabo proyectos de desarrollo económico y social.
Sin embargo, la influencia de los transmigrantes en la política federal será
mucho menor y más lenta, tan sólo por la gran cantidad de intereses que
confluyen en los órganos de gobierno federales.
Finalmente, el último elemento pendiente para completar esta semblanza
conceptual del transmigrante es el aspecto cultural, es decir su consciencia.
Este aspecto es quizá el más complejo, dinámico, y difícil de plasmar. El
migrante mexicano típico se ausenta del país por la falta de oportunidades de
empleo digno y bien remunerado, y ha contado con pocos años de educación formal.
En este sentido, es muy probable que el migrante no tenga una idea clara de su
ubicación en la economía, sociedad, y política, aunque sepa que no es ventajosa.
No obstante, al entrar en contacto con la sociedad estadounidense, los
contrastes que percibe con México pueden servir para crear conciencia.
Ahora, nada garantiza que esta conciencia sea solidaria con la condición de sus
amigos y parientes en el país de origen. Por el contrario, bien puede ser que la
experiencia del migrante tan solo refuerce aquellas actitudes que sirven para
sobrevivir y sobresalir en una sociedad de mercado avanzada, actitudes como el
individualismo, el materialismo, y el sentido de la oportunidad. Es decir, el
migrante puede aprender a reproducir el sistema de producción (y explotación)
capitalista, sin conservar principios de cooperación, justicia, y solidaridad
que son más comunes en sociedades más tradicionales.
Para minimizar este riesgo, es responsabilidad de la sociedad civil nacional ir
al encuentro del transmigrante. Al familiarizarse con su historia y sus
comunidades, su experiencia y sus logros, facilitaremos que se conserven los
principios de equidad y justicia que nos son caros. También, en la medida que se
conozcan las razones estructurales de la migración, se podrán combatir los
obstáculos al desarrollo económico que impulsan el éxodo. Así, será posible que
los transmigrantes sirvan como catalizadores del desarrollo integral de las
comunidades de origen y destino.
Enero 25 de 2008, Zócalo de la Ciudad de México.
Ponencia presentada en el Foro Social Mundial
2008 publicada en Cencos. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
84 el 13 de febrero de 2008. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos. |