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Al poco tiempo de estar estudiando economía, la ciencia económica me deslumbró y
fue ganando terreno en mí la idea de que la ciencia debe estar al servicio de la
gente, cerca de la vida terrenal; debe ayudar a buscar las formas en que la
gente viva mejor, o no tendría sentido su existencia.
Entonces, ¿qué está mal en la economía de hoy? El famoso profesor de la
Universidad de Boston, Paul Streeten dice que los economistas, tarde o temprano,
tendemos a convertirnos en “especialistas de mente estrecha”, expertos que
reducimos todo a una ecuación matemática. En la misma línea un tiempo antes,
Kuttner dijo que: “los departamentos de economía están graduando a una
generación de idiots savants, matemáticos brillantes y esotéricos pero
ignorantes de la vida económica real” (Kuttner, 1985. Citado por Streeten,
2002).
Pero, ¿por qué sucede esto si la economía es una ciencia social? Sería mucho más
lógico que su principal aporte fuera, justamente, social. Al respecto existe
algún consenso en que los estudios de desarrollo se consideran el punto más
débil de la ciencia económica; y es buscando eludir esta debilidad que los
métodos matemáticos se llegan a aplicar a temas para los que son totalmente
inapropiados. Parafraseando una vez más a Streeten: “lo que alguna vez fue
revolucionario se ha vuelto doctrinario”. El gran riesgo de la investigación
económica en este sentido es que selecciona sólo lo que puede ser medido e
ignora todo lo demás, con lo cual logra que solo “exista” aquello que puede ser
“contado”.
No es un gran descubrimiento el decir que la investigación y la enseñanza
económica de hoy están dominadas por la escuela neoclásica. Esta escuela suele
ser considerada la médula de la ciencia económica, y así ha sido por años. Sin
embargo hay quienes hoy se preguntan si es correcto decir que la teoría
neoclásica es una ciencia ¿o será que más bien es una ideología?
Cuando los estudiantes de economía vuelven de sus postgrados en los países
avanzados, a sus países de origen, lo hacen impregnados por ese enfoque estrecho
de la economía. Pero, más aún, todos estamos pendientes de las publicaciones de
las revistas estadounidenses de economía. Hace unos días en una cena, un
profesor de la University of North Carolina me preguntaba por qué los jóvenes
economistas latinos, demostrábamos más interés en publicar en inglés que en
español, siendo ésta nuestra lengua materna. Debo reconocer que me resultó
totalmente extraordinaria su inquietud, hecha además en su inglés natal ya que
él no habla español. Y la razón es sencilla: mayor reconocimiento académico.
La ciencia económica es una ciencia social
Se supone que las investigaciones sobre desarrollo económico deben buscar la
respuesta a los factores que son causantes de ese desarrollo. Cada región y cada
país son diferentes, más que nada porque es diferente su gente. Sin embargo se
intenta una y otra vez en aplicar “recetas” de políticas que funcionaron (o no)
en otros países con realidades distintas.
Por lo general, estas reformas han sido impulsadas desde la óptica neoliberal.
La ideología neoliberal se concretó en el cumplimiento del llamado Consenso de
Washington: equilibrio fiscal, liberalización comercial y financiera, y
privatizaciones son los tres ejes principales de toda política económica que se
precie de tal. Es así que siempre en economía aparece una interdependencia de
variables y factores donde “todo tiene que ver con todo”. Sabido es que los
países subdesarrollados tienen una historia de “obsesiones” con lograr el
crecimiento económico ya que de esta forma la sostenibilidad social vendría
sola. En este sentido, por ejemplo, se ha relacionado el ingreso per cápita y el
crecimiento de la población y se supone que las altas tasas de crecimiento
poblacional reducen este ingreso al mismo tiempo que un ingreso per cápita mas
alto reduciría el crecimiento de la población. Algo así como una teoría de la
circularidad irreversible.
Sin embargo hay otros economistas –institucionalistas, experimentalistas,
radicales y ecologistas– que cuestionan esta estrechez y ceguera de los enfoques
convencionales. Estos economistas creen en la necesidad de un estudio de las
limitaciones de las ciencias sociales para mostrar la realidad “a pesar” del
gran peso que tienen hoy los métodos matemáticos y estadísticos. Métodos que por
otra parte, no implican mayor objetividad por si solos.
Realmente debo decir que yo me opongo a que una teoría económica servicial, que
intente la legitimación ideológica de un orden social que creo que es injusto.
Publicado en
Economia Sur el 27
de febrero de 2008. Reproducido en el semanario Peripecias Nº
86 el 27 de febrero de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre
que se cite la fuente. |