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F. Eguren L. es sociólogo, presidente
del Centro Peruano de Estudios Sociales y director de la revista
Debate Agrario.
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Después de veinticinco años, el Banco Mundial dedica su informe anual a la
agricultura [1]. Una de las razones de esta renovada, aunque tardía, atención al
tema agrario es una doble constatación, en apariencia contrapuesta: que a pesar
de varios años de crecimiento económico, persiste la pobreza rural, pero que al
mismo tiempo el desarrollo agrario es un poderoso instrumento para derrotarla.
"La reciente disminución de la tasa de pobreza de quienes subsisten con US$ 1 al
día en los países en desarrollo (del 28% en 1993 al 22% en 2002) se ha debido
principalmente a la reducción de la pobreza rural (del 37% al 29%), mientras que
la tasa de pobreza urbana se ha mantenido casi constante (en un 13%)" (P. 3).
Años antes, un grupo de especialistas del mismo BM produjo un interesante
informe sobre la agricultura de América Latina [2]. En él se redefine el
concepto de lo rural y hace un nuevo cálculo de la importancia que tiene en las
economías nacionales. El BM adoptó así una definición de lo rural que ya hace
dos décadas fue gestada y utilizada para muchos efectos en la Unión Europea.
Esta nueva definición de lo rural toma en cuenta una variable demográfica y otra
territorial. Según esto, son rurales los espacios con densidades demográficas
menores a los 150 habitantes por km2 y con una distancia superior a una hora de
viaje de las zonas urbanas. Sobre la base de estos nuevos criterios, el informe
del BM constata que los sectores rurales de América Latina y el Caribe son mucho
más grandes que lo que indican las estadísticas oficiales, aproximadamente dos
veces mayores que el tamaño actualmente estimado. En consecuencia, recomienda el
informe, los encargados de formular políticas deberían prestar más atención a
las políticas de desarrollo rural.
Las estimaciones realizadas por estos especialistas sugieren que la expansión de
las actividades agrícolas de América Latina y el Caribe tiene un fuerte impacto
positivo en el crecimiento del ingreso del sector no agrícola. En contraste con
estos resultados, no encontraron evidencia de un impacto significativo del
crecimiento de los sectores no agrícolas sobre las actividades agrícolas en
América Latina y el Caribe. Interesante conclusión que debería hacer reflexionar
a quienes consideran que las actividades extractivas como la minería deben tener
prioridad absoluta sobre las actividades agrarias y el desarrollo rural.
En esta recuperación de la agenda agraria por las instituciones
intergubernamentales merece una atención especial la Declaración Final de la
Conferencia Internacional sobre la Reforma Agraria y el Desarrollo Rural
convocada por la FAO en Porto Alegre en marzo de 2006, y que ha sido escasamente
difundida en el Perú, a pesar de la participación oficial del gobierno peruano
en ese evento. En su primer párrafo, la declaración subraya la pertinencia de
"la reforma agraria y el desarrollo rural en la promoción del desarrollo
sostenible que incluye, Inter alia, la realización de los derechos humanos, la
seguridad alimentaria, la erradicación de la pobreza y el fortalecimiento de la
justicia social sobre la base de los principios democráticos del derecho" [3].
Otros puntos de la declaración no podrían ser más contrarios a los conceptos
sobre los que se basan las actuales políticas. Así, la declaración reitera en su
párrafo 11: "La importancia de la agricultura tradicional y familiar y otros
sistemas de producción en pequeña escala, al igual que el papel que juegan las
comunidades rurales tradicionales y los grupos indígenas en el fomento de la
seguridad alimentaria y en la erradicación de la pobreza". Es cierto que la
declaración, aunque fue apoyada por la representación oficial peruana, no tiene
carácter vinculante.
Podemos extraer dos conclusiones de esta renovada atención internacional por el
tema agrario. Primero, que el desarrollo rural es considerado como clave –más
aún, prioritario– para el desarrollo general de las economías de los países en
desarrollo. En segundo lugar, que compete a la pequeña agricultura un papel
estratégico en ese desarrollo, y particularmente en la erradicación de la
pobreza.
Si bien cada país tiene características y procesos específicos, poca duda sobre
la pertinencia que tienen para el Perú la información y los conceptos contenidos
en los importantes documentos mencionados, que contrastan visiblemente con las
orientaciones del manifiesto presidencial "El síndrome del Perro del Hortelano"
que, como recordarán los lectores, asume que solo la gran empresa y la gran
inversión salvarán al Perú.
Notas
1. Informe sobre el desarrollo mundial 2008. Agricultura para el desarrollo.
Banco Mundial, Washington. 2007. P.3. El informe de 1982 fue sobre Agricultura y
Desarrollo Económico.
2. Beyond the city. The rural contribution to development. The World Bank,
Washington. 2005.
3.
http://www.icarrd.org/es/news_down/C2006_Decl_es.pdf
Publicado en el blog
Cosechando Opiniones el 18 de
marzo de 2008. Reproducido en
el semanario Peripecias Nº 91 el 9 de abril de 2008. Se reproduce en nuestro
sitio únicamente con fines informativos y educativos. |