|
 |
|
|
G. Honty es investigador asociado de
CLAES - D3E y director del Centro Uruguayo en Tecnologías Apropiadas
(CEUTA).
¿Desea comentar
este texto? Si es así complete el formulario de comentarios -
seguir
...
|
|
|
|
 |
|
|
|
Este número 100 de Peripecias nos encuentra en un punto difícil. Parece que
estamos en uno de esos momentos de la historia humana que son puntos de
inflexión definitivos. Se anuncia el fin del siglo XX, no en el sentido
cronológico obviamente, sino el siglo histórico, el período de tiempo
identificado cultural y materialmente con unos cierto supuestos e íconos que
tocan a su fin.
En 1998, los geólogos Campbell y Larrehere, escribieron en Scientific
American un artículo que causó –y aún causa– una cierta sonrisa entre
incrédula e irónica. Sostenían que para el año 2010 los pozos petroleros más
importantes habrían entregado el 50% de sus reservas y de acuerdo a la “Curva de
Hubbert” ya no podrían aumentar su capacidad de producción diaria. “La
producción mundial entonces caerá” decía el documento. “El mundo podría entonces
ver un radical incremento en los precios del petróleo”. “Con suficiente
preparación sin embargo, la transición hacia una economía post-petrolera no
necesariamente será traumática” argüían. Y no eran unos recién llegados. Ambos
llevaban más de 40 años trabajando para la industria petrolera: Colin J.
Campbell para Texaco y Amoco y Larrehere para Total.
Pero por otro lado, en aquél mismo año de 1998, la Agencia Internacional de la
Energía (AIE) dependiente de la OCDE, preveía que el mundo iba a estar
produciendo 95 millones de barriles diarios y en 2020 alcanzaría los 117
millones. Ni se mencionaba el problema del “pico” del petróleo. Y que además,
para 2010 el precio del barril de petróleo iba a estar a US$ 17 (sí, diecisiete
dólares el barril!) Aún puede bajarse aquel reporte del sitio de la AIE. Claro,
ante la contundencia de un informe de estas características, publicado por una
de las agencias más respetadas e influyentes en el sector energético mundial,
aquellos geólogos de la Scientific American provocaron una socarrona
hilaridad.
La historia vuelve a repetirse
Los años han pasado (“terribles, malvados” como dice el vals) y uno tiende a
pensar que los humanos debimos haber aprendido algo de esta historia. Sin
embargo no. El informe del año pasado de la EIA, presentado en noviembre, no
sólo no previene al mundo del aumento del precio del petróleo sino que anuncia
que va a bajar. Y que seguiremos consumiendo petróleo tranquilamente hasta el
año 2030. “Estas proyecciones se basan en la suposición de que el precio medio
de importación de crudo de la AIE descienda de sus recientes picos de más de 75
dólares por barril a unos 60 dólares (del año 2006) hacia 2015, para luego
recuperarse lentamente, hasta alcanzar los 62 dólares (o 108 dólares, en
términos nominales) para 2030”. Hoy, a siete meses de aquella presentación, el
barril de petróleo ya se ha cotizado por encima de los 130 dólares.
A pesar de los errores anteriores de esta agencia, la mayoría de los
comunicadores, ministros y tomadores de decisión del mundo, siguen confiando en
sus reportes. ¿No sería conveniente dudar un poco acerca de la certeza de sus
proyecciones? ¿No nos ayudaría esto a transitar hacia una economía
post-petrolera menos traumática, como nos aconsejaban Campbell y Larrehere?
No. Por alguna razón incomprensible quienes van al timón de este crucero global,
han elegido el camino del trauma. Con un sistema de producción y distribución de
alimentos altamente dependiente del petróleo, los precios de la comida se han
disparado a nivel mundial. Utilizamos petróleo para fabricar los agroquímicos,
usamos petróleo para mover la maquinaria que realiza los cultivos y las
cosechas, utilizamos petróleo para el frío y el packing y usamos petróleo
para trasladar los alimentos desde lejanos centros de producción a los centros
de consumo. Los presidentes se reúnen en la FAO para ver qué hacer y la
respuesta es una magra colecta para enviar alimentos (por avión seguramente) a
los 850 millones de hambrientos que se reconoce que hay en el planeta.
Hoy, cuando estamos escribiendo el número 100 de Peripecias me animo a
adelantarles que cuando escribamos el número 200 este mundo será otro. No hay
por ningún lado señales de precaución, de aminoramiento de la marcha, de revisar
los supuestos sobre los que se toman las decisiones. Ya hoy estamos viendo
protestas callejeras en todo el mundo por la suba del petróleo. ¿Cuánto puede
faltar para que comiencen las grandes revueltas por la falta de los alimentos?
Para el número 200 de Peripecias habremos doblado el punto de inflexión. Habrá
la mitad de los coches y el doble de hambrientos. Estaremos ya en la era
post-petrolera, pero transitándola, lamentablemente, por el camino más
traumático.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 100 el
11 de junio de 2008. Se permite la reproducción del artículo siempre que se
cite la fuente. |